La libertad, ya sea de expresión o de culto, frente a la necesidad o al miedo, fue objeto tanto de celebración como de controversia en diversos frentes la semana pasada, lo que nos recuerda que la lucha por la libertad exige que todos estemos alerta.
El domingo pasado una multitud de húngaros se reunieron frente al edificio del Parlamento en Budapest, bailando para celebrar el fin de dieciséis años de gobierno antiliberal y autocrático de Viktor Orbán.
Se habían movilizado en un número sin precedentes para reclamar su libertad. Nos demostraron que la libertad puede recuperarse por medios democráticos; que los sistemas antiliberales son reversibles.
Orbán había redefinido la libertad en torno a la lealtad, la identidad y el control. Había restringido la libertad de expresión mediante el control de la televisión y los periódicos y la represión de la disidencia.
La libertad de culto era un privilegio para algunos y una restricción para otros.
La libertad frente al miedo se reforzó para los de dentro y se debilitó para los de fuera y las minorías.
La libertad frente a la necesidad se concedió de forma selectiva, a menudo mediada políticamente, en un contexto de corrupción generalizada y una economía tambaleante.
El resultado fue que Hungría había quedado relegada a los últimos puestos entre los países de la UE, tanto en términos económicos como en materia de corrupción.
Orbán se había convertido tanto en el padrino del modelo global de democracia iliberal de extrema derecha, actualmente arraigado en la Casa Blanca, como en el caballo de Troya del Kremlin en la UE. Su derrota fue ampliamente celebrada en toda Europa como una victoria para la libertad.
Legitimidad
Sin embargo, el iliberalismo volvió a asomar su fea cabeza esta semana en Washington.
Un presidente estadounidense que ocupa el mismo despacho en el que en 1941 Franklin Roosevelt redactó las Cuatro Libertades (véase más abajo) atacó al líder espiritual del mundo católico en Roma por defender la enseñanza cristiana tradicional sobre la guerra.
León XIV se había atrevido a cuestionar la legitimidad de la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Se trataba de una confrontación directa entre el poder político y la autoridad espiritual, una pugna por la libertad de expresión y la libertad de culto en la esfera pública.
¿Está permitido que la fe critique al Estado? ¿Responde el poder ante la moral, o debe la moral doblegarse ante el poder?
León insistió en que la libertad incluye la responsabilidad moral, no solo la autonomía política. La libertad incluye el derecho, incluso el deber, de desafiar moralmente al poder.
Roosevelt había declarado que la libertad frente al miedo significaba “una reducción mundial de los armamentos hasta tal punto que ninguna nación esté en condiciones de cometer un acto de agresión física contra ningún vecino, en ningún lugar del mundo”.
Eso incluye las amenazas de aniquilar una civilización.
Libertad interior
El miércoles pasado, los lectores del devocional Digital Lectio 365 reflexionaron sobre la libertad interior como forma de resistencia espiritual. Descubrieron que ese día, el 15 de abril, era tanto el cumpleaños de Corrie ten Boom como el aniversario de su muerte.
Su familia perdió su libertad el 28 de febrero de 1944, cuando fueron delatados a la Gestapo.
Los sacaron a rastras de su casa en Haarlem y los llevaron a centros de detención, algo que recuerda el destino de miles de los llamados “ilegales” en la América actual, o de los civiles y soldados ucranianos capturados por Rusia en la actualidad.
En el campo, Corrie y su hermana Betsie descubrieron no una libertad del sufrimiento, sino una libertad dentro del sufrimiento que ningún poder externo podía arrebatarles.
Los nazis pudieron encarcelar sus cuerpos, pero no su conciencia, ni su fe, ni su capacidad de amar.
Betsie insistió en que debían “dar gracias en todas las circunstancias”, a pesar de las pulgas que infestaban sus barracones y que, más tarde, se dieron cuenta de que mantenían alejados a los guardias, lo que les permitió celebrar estudios bíblicos.
La capacidad de amar y perdonar cuando se está rodeado de odio es una forma de libertad que ningún tirano puede tocar. Para las hermanas, la libertad interior se convirtió en una forma de resistencia espiritual.
Betsie, que no sobrevivió al campo de concentración, encontró una libertad arraigada en una esperanza que trasciende la muerte.
Más tarde, Corrie contó en sus conferencias por todo el mundo que la presencia de Dios llegaba hasta los lugares más oscuros.
Incluso cuando todo lo exterior ha sido arrebatado, la libertad más profunda es la libertad de amar, confiar y dar gracias. La libertad frente a la amargura. La libertad de perdonar. La libertad de vivir sin odio.
Valentía y resiliencia
La celebración de la libertad alcanzó su punto álgido el pasado jueves en Middelburg, Zelanda (Países Bajos), cuando se entregó a Volodymyr Zelensky el Premio Roosevelt a las Cuatro Libertades, en nombre de todo el pueblo ucraniano, por su valentía y resiliencia en la lucha por la libertad.
Proteger la libertad era un deber compartido por todos.
El 6 de enero de 1941, el presidente Franklin Roosevelt (cuya familia procedía de Zelanda) proclamó en su discurso sobre el estado de la Unión que, para que la democracia sobreviviera y prosperara, las personas de todo el mundo tenían derecho a cuatro derechos humanos: libertad de expresión, libertad de culto, libertad frente a la necesidad y libertad frente al miedo.
Las Cuatro Libertades de Roosevelt constituyen los cimientos de la democracia y del orden mundial internacional basado en normas, que hoy se ve amenazado por regímenes antiliberales.
La lucha actual de Ucrania es por liberarse del miedo (a la invasión y la violencia), por la libertad de expresión y la autodeterminación nacional, por la libertad de culto y por liberarse de la penuria, ya que la guerra está devastando los medios de subsistencia.
Ese mismo día, Rusia lanzó uno de sus mayores ataques con drones y misiles, que causó 17 muertos y más de 100 heridos en todo el país. Esto nos recordó que las Cuatro Libertades no están ni aseguradas ni son obsoletas.
La libertad no se puede dar por sentada. Requiere que todos estemos alerta.
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