Cuántos derechos consolidados hemos formado a nuestro favor sin permitir que nuestro hermano consolide los suyos.
Igual que yo, cada cual tiene su propia vida, sus obligaciones
Nos acercamos a alguien para obtener beneficio y dejamos de saludar en cuanto lo logramos. Si hoy le he pedido un favor, mañana no le conozco.
No pido lo que no soy capaz de dar
Somos engreídos. Hacemos fuertes exigencias a los demás y nos vengamos hasta conseguir que se le caiga el pelo si no alcanzamos lo que queremos.
Conocemos la colección de versículos condenatorios que podemos dispararle desprestigiando su reputación ante los miembros de la iglesia y quienes la gobiernan.
Es posible que ese prójimo se haya acostumbrado a estar siempre a nuestro servicio, pero ay si un día, por la razón que sea, no lo está.
No me vengo contra nadie. Por más que busque en la biblia, manipular no está justificado en ningún versículo.
Los que ponemos el grito en el cielo, los que oramos por alguien pidiendo la liberación de alguna enfermedad, de algún problema, atadura o trastorno, no nos reconocemos abusando de ellos, creándoles esclavitudes psicológicas que pueden llegar a ser dolencias físicas.
Nos sentimos con derecho a esclavizar y atar con cuerda corta.
Ser congruente es ser valiente
El otro no es una herramienta que podemos usar a nuestro antojo, ni un mono volador al que podemos comprometer a defender nuestros actos contra quienes se nos antoje.
No abuso del otro, del mismo modo que no permito que abusen de mí
A nadie tenemos que ir moldeando a la medida de nuestras necesidades, ya tiene su propia hechura. Recordemos que también está hecho a imagen y semejanza del Creador.
Amo al prójimo como a mí mismo, como a mí mismo
Esa persona que usamos para sacar provecho tiene sus horas de trabajo, de la misma manera que tiene derecho a permitirse las de descanso.
Respeto los horarios de los que me respetan
Si queremos amigos de usar y tirar, vamos por mal camino. No seamos tan torpes como para no darnos cuenta.
No hay papeleras destinadas al prójimo, pero sí hay muchas enseñanzas destinadas a hacerme mejor hijo de Dios.
Nos concedemos la libertad de no ser perfectos; “yo soy así”, decimos. Sin embargo, exigimos al prójimo que lo sea.
Vivo y dejo vivir
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.
