Dones sacrificados

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Dones sacrificados
Dones sacrificados

Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de vosotros sirva a los demás según el don que haya recibido. 1 Pedro 4,10

Dicen las Escrituras que el Espíritu del Señor sopla donde quiere y como quiere. Dicen que reparte sus dones como bien le parece. Dicen que nos ve a todos iguales, que no hace diferencias entre mujeres y hombres. Lo dicen, así lo creo y lo siento.

En mi opinión no existen dones naturales y dones divinos, para mí todo don proviene de Dios.

Sin embargo, Hay personas que son tan humildes, o tienen tanta falta de autoestima, que niegan poseerlos sin darse cuenta de que están ofendiendo al Creador.

Ocultar sus fines o negarlos es algo parecido a no reconocer las herramientas para vivir que nos dan nuestros padres terrenales.

Hay dones que resultan invisibles para quienes los poseen, personas ajenas al don que ejercen con belleza y los demás disfrutan. Están los dones que son evidentes, todos son conscientes y quienes están alrededor así los reconocen.

Florecen los dones que una persona puede tener y no todos perciben, quizá porque no los necesitan en esa época o no prestan atención.

Hay parcelas para ejercer ciertos dones y otras donde, por falta de reconocimiento oficial, se ven relegados en el interior del alma. Los salones eclesiales en los que se disimulan son frecuentes.

Hay dirigentes que se hacen llamar "don" Fulano o "don" Mengano para controlar sin control. Deciden sobre qué es válido y qué no. Les cierran las puertas con llave para que no salgan a la luz. Matan la gracia de la libertad.

Da pena saber que hay dones sacrificados porque se considera a las personas que los poseen no aptas para servir al Cuerpo de Cristo.

Normalmente, en estos salones cerrados de mente a cal y canto existen, en su mayoría, mujeres. Están arrinconadas sin poder compartir con otros los regalos del Espíritu.

A veces se arriesgan a mostrarlos en la clandestinidad porque les es imposible ocultarlos del todo, ¿quién podría tapar lo que Dios quiere mostrar? Si lo hicieran, si lo hacen, morirán espiritualmente.

En algunas congregaciones conviven mujeres que sólo pueden servir a otras mujeres. Esto es bueno.

No obstante, los hombres se privan de los beneficios que Dios propone para la vida de los suyos. Desechan la obra del Señor y admiten sólo una parte, una minoría, ya que el gran porcentaje de los bancos en las iglesias lo ocupan mujeres.

Concluyo afirmando que a estos hombres que se dedican a sacrificar a las mujeres, se les puede combatir con el magnífico don de la risa, porque Dios nos ha concedido diferentes dones, conforme a lo que quiso conceder a cada uno. Y si Dios nos ha concedido el don de profecía, hablemos según la fe que tenemos;  si nos ha concedido el don de servir a otros, sirvámosles bien. El que haya recibido el don de enseñar, dedíquese a la enseñanza; el que haya recibido el don de animar a otros, dedíquese a animarlos. El que da, hágalo con sencillez; el que ocupa un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con todo esmero; el que ayuda a los necesitados, hágalo con alegría. Rom 12, 6-8.

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