Supuestos métodos para detectar a los no conversos

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Supuestos métodos para detectar a los no conversos
Supuestos métodos para detectar a los no conversos

Todos conocemos el dicho de que las apariencias engañan. Sin embargo, algunas personas se creen que tienen el don de acertar siempre. Son los que se creen iluminados, los que afirman ser llamados por el Gran Padre a convertir y entrar a investigar, sin pudor alguno, en las vidas ajenas con la autoridad que ellos mismos se conceden.

Eres candidato perfecto para que alguna de estas personas se te acerque si:

No practicas el idioma común entre los evangélicos.

Si en la reunión o culto, llegado el momento de la alabanza, no levantas las manos bien altas, como si te estuvieses ahogando pidiendo auxilio.

Si, venga o no al caso, no aplaudes a cuatro manos.

Si no te mueves con languidez o euforia al son de la música que se comparte.

Si no te sabes de memoria la canción que en esos momentos se canta o el versículo que se recita.

Si no gritas al Señor algún piropo, ya sea a tiempo o a destiempo.

Sí no cargas con una biblia grande para dar testimonio de tu fe.

Si tu aspecto físico no es adecuado según el modo ideal de estos fanáticos.

Si acudes por primera vez a ese lugar y no te conocen.

Si al terminar sueles marcharte pronto.

Se considerarán doblemente candidatos a ser convertidos, los que reúnan a la vez varios de los puntos referidos anteriormente.

Algunos evangelizadores, del tipo que comento, también suelen aprovechar para su causa, no para la tuya, los acontecimientos desgraciados que te puedan ocurrir culpándote de ellos, por ejemplo:

Si se han enterado de la muerte de un hijo o un familiar cercano.

Si comentas la pérdida del puesto de trabajo.

Si has tenido hace poco un accidente de coche, u otra cosa.

Si sufres depresión.

Si te notan apagado, triste.

Si tienes una enfermedad grave o simplemente un resfriado.

El celo por el evangelio lleva a algunos a meterse donde no deben y a hacer preguntas que tendrían que hacerse a sí mismos.

Sin delicadeza te hacen la siguiente pregunta: ¿No te estarán ocurriendo estas cosas porque andas en pecado?

De ahí se deduce que quien te lo pregunta no peca y por eso Dios se ensaña contigo o con tu familia, y lo hace para obligarte a volver a Él, ¡vaya Dios tan mezquino presentan!

Otra pregunta puede ser: ¿Has examinado tus caminos?, como si tú, persona supuestamente no convertida, entendieras el significado de lo que se te está diciendo.

Quizá te digan: ¿Has conocido al Señor?, es entonces cuando sientes ganas de preguntarle lo mismo, a ver qué y de qué manera responde y dónde se lo presentaron.

Cuando lo que se quiere aparentar es tener comprensión y dar consuelo en esos momentos, lo que sale del “paciente receptor” es rechazo enorme por todo lo que esa persona pueda seguir añadiendo a su conversación.

No es de extrañar que la víctima comience a reírse por dentro pensando si la gente sana, con buenos trabajos, con grandes mansiones son los que están más cerca de Dios.

Suponer no es acertar. Que la realidad de un asistente a la iglesia forme parte de los puntos señalados como ejemplos aquí no quiere decir que no conozca a Dios o no lo siga.

Sin embargo, hay evangelizadores obsesionados con alargar su lista de personas convertidas gracias a ellos, sin que ellos mismos estén luchando por convertirse un poco más todos los días.

Oremos al Señor para que los que poseen el verdadero y precioso don de evangelizar, porque los hay, salgan a la luz sin miedo.

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros