Se lee a veces que el origen del Big Bang es necesariamente sobrenatural, o metafísico, o que escapa a las leyes de la naturaleza. Pues no. Veámoslo brevemente, empezando con unos antecedentes históricos.
1859
Urbain Le Verrier descubre que Mercurio, el planeta de nuestro sistema solar más cercano al Sol, se desvía ligeramente de lo que predicen las leyes de Newton. La desviación es pequeña, pero totalmente detectable. Nadie puede explicarlo. Según las leyes de Newton, Mercurio no puede seguir la órbita que sigue en realidad. Será la relatividad general de Einstein, en 1915, la que proporcione una explicación.
Mercurio no infringe ninguna ley de la física. No es sobrenatural. Es solo que, en 1859, se desconocían las leyes que rigen su comportamiento.
1913
Los experimentos de Rutherford acaban de revelar la estructura del átomo. Un núcleo con carga positiva con electrones que giran a su alrededor. ¿El problema? Las leyes de la física conocidas en aquella época no pueden explicarlo. Según la física del siglo XIX, los electrones deberían estrellarse rápidamente contra el núcleo.
Hubo que esperar a la mecánica cuántica para resolver el enigma.
El átomo no infringe ninguna ley de la física. No es sobrenatural. Es solo que en 1913 se desconocían las leyes que rigen su comportamiento.
Cien años después
Ocurre lo mismo. Sabemos qué hace entre 13 000 y 14 000 millones de años, el universo era extremadamente denso y caliente, y que desde entonces no ha dejado de expandirse. Es lo que llamamos el Big Bang. Pero no sabemos cómo llegó a ese punto. ¿Por qué? Porque desconocemos las leyes de la física que se aplicaban anteriormente.
Habrá que esperar a la gravedad cuántica para resolver este enigma.
La era anterior al Big Bang no infringe necesariamente las leyes de la física. No es necesariamente sobrenatural. Es solo que, en 2026, las leyes que rigen esa era nos son desconocidas.
Lo inexplicable puede ser sobrenatural, pero no lo es necesariamente.
