Leyendas urbanas sobre la Biblia (I)

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Leyendas urbanas sobre la Biblia (I)
Leyendas urbanas sobre la Biblia (I)

Una leyenda urbana es una historia que parece real y se repite tanto que uno termina creyéndola… aunque nunca haya sido verdad. Seguro escuchaste más de una.

  • Que el ser humano solo usa el 10% del cerebro.

  • Que Walt Disney fue criogenizado cuando murió.

  • Que la gran muralla china es visible desde la luna.

  • Que los toros odian el color rojo.

A veces estas historias nacen de información totalmente falsa, pero a menudo surgen de verdades incompletas o sin contexto.

Y con la Biblia pasa lo mismo. Hay un montón de leyendas urbanas que hemos escuchado hasta el cansancio en sermones, estudios bíblicos e incluso en libros de teología.

Leyenda número 1: La NASA comprobó que la Biblia tenía razón

Probablemente alguna vez te llegó un WhatsApp o viste en Facebook una noticia que decía: “La NASA comprueba que la Biblia tenía razón”.

Según esa “noticia”, hace varias décadas, científicos de la NASA estaban calculando las posiciones del sol y la luna para futuras misiones y, de repente, las computadoras “se trabaron” porque “faltaba un día” en la historia del universo.

En ese momento apareció milagrosamente un ingeniero cristiano que recordó el episodio bíblico conocido como “el día largo” de Josué, en el que el sol y la luna se detuvieron en el cielo para que el pueblo de Israel pudiera derrotar a sus enemigos (Josué 10:12-15).

Cuando pusieron esos datos en la computadora, de pronto, casi todo encajó; pero aún faltaban 40 minutos. Entonces el ingeniero recordó otro episodio bíblico, el del rey Ezequías y la sombra que retrocedió 10 grados (2 Reyes 20:8-11).

Y cuando sumaron esos 40 minutos, ¡voilà! 24 horas exactas. Los científicos de todo el mundo se rinden ante la superioridad de la Biblia.

Seguramente ya te diste cuenta, pero por las dudas lo aclaro: esto nunca sucedió. Esta leyenda urbana circula con pequeñas modificaciones desde hace más de cien años. Es como un meme sin gracia que se niega a morir. Ya se ha demostrado muchas veces que es falsa, y por varias razones.

Primero, porque no existe ningún documento ni testigo que la pruebe, y la NASA la desmintió muchas veces.

Segundo, porque, aunque las computadoras pueden reconstruir eventos astronómicos del pasado, no es posible detectar un “hueco temporal” en la historia del universo; eso simplemente no existe.

Y tercero, porque esta leyenda toma frases poéticas de la Biblia y les impone una exactitud de minutos y segundos totalmente artificial. Puro sesgo de confirmación.

Entonces, te preguntarás: ¿qué pasó realmente en el “día largo” de Josué? Lo primero que tenemos que hacer es sacarnos de la cabeza nuestras gafas actuales.

En la antigüedad, los movimientos del sol y la luna no se leían como datos astronómicos o científicos, sino sobre todo como presagios.

Este es un pasaje muy debatido; los biblistas han propuesto todo tipo de interpretaciones. Algunos sostienen una interpretación literal: que Dios prolongó la luz del día de manera milagrosa.

Otros hablan de un fenómeno atmosférico. Muchos coinciden en que el texto de Josué relata una victoria militar con lenguaje hiperbólico para resaltar la verdad teológica del relato: Dios peleó por su pueblo.

Y para otros, incluso, el punto importante está en que los enemigos de Israel vieron lo que estaba sucediendo como un presagio de mala suerte.

Leer la Biblia con gafas cientificistas es una apuesta complicada. Si no reconocemos los géneros literarios de la antigüedad, las intenciones de los escritores bíblicos y el contexto cultural de estos textos milenarios, terminamos convirtiendo un himno de alabanza a Dios en una planilla de Excel que nos trae un poco de paz mental.

Antes de compartir la próxima “noticia bomba” de que “la ciencia por fin se rindió” ante la fe, respirá hondo, chequeá las fuentes y volvé a leer con atención.

La Biblia no necesita un certificado industrial para ser verdadera. Y cuando intentamos defender la fe con historias dudosas como esta, más que respetarla y honrarla, hacemos todo lo contrario: estamos convirtiendo nuestro complejo de inferioridad en un argumento religioso.

Leyenda número 2: Jesús murió a los 33 años

Decir que Jesús murió a los 33 años es casi automático. Está en películas, sermones y charlas casuales. El número suena redondo, es fácil de recordar y hasta parece simbólico.

Pero ponete a pensar: ¿Cómo llegaste exactamente a la conclusión de que Jesús tenía 33 años al morir? Probablemente, lo que pasó fue que mezclaste dos ideas: que Jesús tenía 30 años al comenzar su ministerio público y que ese ministerio duró tres años. Pero lo cierto es que la Biblia no dice exactamente ninguna de esas dos cosas.

El único evangelio que menciona la edad de Cristo es Lucas, y lo hace de una forma bastante imprecisa: «Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio público» (Lucas 3:23). Es una cifra aproximada: Jesús pudo haber tenido exactamente 30… pero también 29, 31 o 32.

Y, ¿cuánto tiempo duró su ministerio? Los Evangelios sinópticos lo cuentan tan condensado que parece breve, pero el Evangelio de Juan menciona tres fiestas de Pascua distintas (2:13; 6:4; 11:55). Pero Juan nunca menciona que esas fueran las únicas tres Pascuas del ministerio de Jesús; fueron al menos tres, pero no sabemos cuántas fueron en total.

Y esto sucede porque los evangelistas no cuentan todos los detalles de la vida de Jesús, y el mismo Evangelio de Juan menciona que sería imposible contar todo lo que Él hizo (Jn 21:25).

Cuando combinamos todos estos datos con la investigación histórica, el panorama se vuelve un poco más preciso. Los evangelios sitúan el nacimiento de Jesús durante el reinado de Herodes el Grande, que murió en el 4 a. C.; por lo tanto, Jesús debió nacer antes de esa fecha. Y su muerte ocurrió bajo el gobierno de Poncio Pilato, que gobernó Judea entre los años 26 y 36 d. C.

Aunque no podemos fijar con absoluta precisión la fecha de la crucifixión, la mayoría de los historiadores coincide en dos posibilidades muy concretas: el viernes 7 de abril del año 30 o el viernes 3 de abril del año 33.

Estas fechas no nacen de especulaciones, sino de cruzar tres tipos de datos: lo que dicen los evangelios, cómo funcionaba el calendario judío del siglo I y las reconstrucciones astronómicas que permiten saber en qué años la Pascua caía en viernes.

Con los datos que tenemos disponibles, podemos afirmar que Jesús no pudo haber muerto con menos de 29 años ni con más de 41 años.

Dentro de ese rango, la conocida edad de “33 años” es posible, pero hay que recordar que es una estimación tradicional y no un dato de los evangelios. Incluso, es más probable es que haya tenido un poco más de edad, quizás unos 35 o 38 años.

Leyenda número 3: Proverbios 31 es una checklist de la esposa perfecta

Seguramente lo escuchaste en un sermón, en un retiro de jóvenes o en un meme cristiano. «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?» (Proverbios 31:10). La respuesta suele ser: «El hombre de Dios debe buscar una mujer como la de Proverbios 31».

Y lo que sigue es una lista para evaluar posibles novias: que se levante de madrugada, que cocine, que sea emprendedora, que críe hijos modelo y, en el tiempo libre, que sea sabia, elegante, piadosa, sonriente, multitasking… y, por supuesto, sin quejarse jamás.

¿Y si te dijera que la intención del pasaje no tiene que ver con eso?

Proverbios 31 no fue escrito como una lista de verificación matrimonial. Es el poema de cierre de un libro que trata sobre la sabiduría, no sobre noviazgo ni tareas domésticas.

En ese contexto, la “mujer virtuosa” es una personificación de la sabiduría en acción. No es el dibujo de una joven ideal para casarse, sino el retrato de una mujer adulta que, a lo largo de los años, edificó una vida de trabajo, influencia y respeto.

Proverbios 31 no es la agenda cotidiana de una súper mujer. Si fuera literal, esta mujer no dormiría nunca, porque el pasaje dice que se levanta a trabajar cuando aún es de noche y sigue trabajando con la lámpara encendida hasta el día siguiente (vs. 15 y 18). Más que una rutina inhumana, la mujer virtuosa muestra una foto panorámica de cómo se ve una vida sabia.

Y hay otra cosa muy interesante del pasaje. Proverbios 31 está escrito como un acróstico, es decir, cada verso comienza con una letra del alfabeto hebreo.

Este recurso subraya la intención poética y pedagógica… es como decir “te voy a mostrar cómo se ve la sabiduría de la A a la Z”.

Cuando se usa este poema como una vara para juzgar a las mujeres, no solo se desfigura el sentido del pasaje, sino que se usa la Biblia para hacer un chantaje emocional. Proverbios 31 presenta «un ideal, no un estándar para medir y criticar a las mujeres» (Tremper Longman).

Y, de más está decirlo, aunque la figura sea femenina, los principios aplican igualmente a mujeres y a varones.

Así que ya sabés: si alguna vez te citaron a la mujer virtuosa para recriminarte que no eras perfecta, dejame decirte que nadie debería usar este texto como un arma.

Es un retrato literario de un tipo de sabiduría que brota de la vida espiritual y que se nota en el trabajo, en la economía del hogar y en las relaciones.

Leyenda número 4: En Jerusalén había una pequeña puerta llamada “Ojo de la aguja”

Hace un tiempo saqué un video sobre 10 cosas que dijo Jesús y entendimos muy mal. En ese estudio citaba las palabras de Jesús: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios» (Mateo 19:24).

Casi al pasar mencioné que esa frase es una hipérbole, o sea, una exageración típica de la forma de hablar de los judíos en los tiempos de Jesús.

De repente empezaron a llegar un montón de mensajes de personas muy enojadas que me corregían y aclaraban que Jesús estaba hablando de una puertita que existía en la muralla de Jerusalén, conocida como “el ojo de la aguja”.

Esa puertita era tan baja y angosta que un camello solo podía pasar arrodillado y soltando la carga que llevaba en el lomo. Como muchos me intentaron explicar, la moraleja en las palabras de Jesús es que los ricos tienen que humillarse y desprenderse de sus bienes para poder entrar en el reino de Dios.

Lamento ser portador de malas noticias, pero aunque la moraleja suena ingeniosa y apunta a una actitud de humildad que está buenísima, el problema es que esa puerta nunca existió.

No hay registros arqueológicos ni textuales del siglo I que la mencionen. Ni Josefo, ni el Talmud, ni los cronistas de la época hablan de ella, y la primera vez que se mencionó algo parecido fue en textos medievales escritos mil años después.

Lo más probable es que la moraleja de la puertita de Jerusalén haya nacido como una explicación popular para suavizar un poco las tajantes palabras de Jesús.

Existe otra teoría bastante popular sobre este pasaje que propone que en realidad Jesús no dijo “camello” (en griego: κάμηλος), sino “cuerda gruesa” (en griego: κάμιλος). Son dos palabras muy parecidas, y es fácil confundirlas.

Esta teoría surgió en el siglo III, y es tentadora porque, aunque sigue siendo imposible pasar una soga gruesa por el ojo de una aguja, parece menos chocante que pasar todo un camello.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los manuscritos antiguos habla de camello, no de cuerda.

La Biblia de Estudio del Trasfondo Cultural aporta un dato interesante sobre este pasaje: «En Babilonia, donde el animal más grande era el elefante, los maestros judíos podían hablar de algo imposible como “que un elefante pasara por el ojo de una aguja”.

Por su parte, en Judea y Galilea, el animal más grande era el camello; hacerlo pasar por el ojo de una aguja constituía una metáfora adecuada para lo inverosímil».

Jesús no está ofreciendo una recomendación amable sobre el dinero, sino una exageración intencional para romper con la idea —tanto antigua como actual— de que la riqueza es sinónimo de bendición divina.

En unos días, las últimas 3 leyendas urbanas:

  • Que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en hebreo.

  • Que la Biblia menciona a tres reyes magos.

  • Que la Biblia menciona dos tipos de dinosaurios.

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