El hecho de compartir la historia de Aweis sería imposible; no porque él no quiera, sino porque es un cristiano de Somalia, uno de los países más peligrosos del mundo para ser seguidor de Cristo y que se encuentra entre los primeros de la Lista Mundial de Persecución de Puertas Abiertas desde 1993.
Aun así, Dios ha permitido que Aweis lo siga con valentía y que sirva a la Iglesia de Somalia a lo largo del Cuerno de África.
«Los cristianos somalíes se encuentran entre los más perseguidos del mundo. Puedes estar sentado en una cafetería, disfrutando de tu comida, y alguien viene para intentar decapitarte, cortarte la cabeza».
Aweis Ali no esconde las realidades de ser cristiano en Somalia, el segundo país más peligroso del mundo para seguir a Jesús en la actualidad, según datos de la Lista Mundial de la Persecución 2026.
«En Somalia», sigue contando Aweis, «parece imposible convertirse en cristiano. La persecución es tan intensa que, cuando la gente calcula el sacrificio, algunos deciden no arriesgarse en absoluto».
«Los que se atreven saben que van a perder mucho, pero lo hacen con ayuda del Espíritu Santo».
“Me puede costar la vida”
Aweis es un hombre alto, bien vestido, inteligente, con un sentido del humor agudo y una autoridad y osadía que se siente nada más verle. Pero también es un hombre con una inmensa capacidad y valentía.
Aweis creció principalmente en las afueras de Mogadiscio, la capital de Somalia, en una familia de pastores (un estilo de vida arraigado en la cultura somalí) y era hijo de un clérigo musulmán que le estaba preparando para seguir sus pasos.
«Cuando tenía 15 años, mi padre se dio cuenta de que no era un buen sucesor para él, ya que le hacía muchas preguntas delicadas», explica. «Nunca me agradó el islam; cuanto más lo estudiaba, más preguntas tenía».
Mientras, Aweis aprendía inglés escuchando el informativo de la BBC World en la radio durante varias horas al día. «Una tarde, quería buscar una señal más clara en mi radio, pero en vez de encontrar las noticias en inglés de la BBC, escuché una predicación», recuerda. «Dije: '¡Vaya! ¡Hay gente en Somalia que predica a Cristo!'».
Para los somalíes, ser somalí es sinónimo de ser musulmán. Para Aweis, escuchar a un somalí proclamar a Jesús era algo extraño y maravilloso al mismo tiempo.
«Me llamó mucho la atención y seguí escuchando. Me perdí las noticias mundiales esa noche, pero no me arrepentí», dice.
En los días siguientes, Aweis siguió conectándose para saber más sobre Jesús. Incluso escribió al ministerio de la radio pidiendo materiales de estudio bíblico y un Nuevo Testamento. Los recibió por correo, sin ni siquiera tener en cuenta lo que pensaría su familia o el peligro que podía causar.
Esto ocurrió muchos años atrás cuando el sistema postal aún funcionaba en Somalia.
«Se trataba solamente de una cuestión intelectual, de curiosidad espiritual», comenta. «No tenía planeado convertirme y seguir a Cristo, pero cuando recibí mi material y lo leí, me gustó el mensaje de Jesús. Le dije a mi padre musulmán: 'Abba, sorpresa. Aquí tienes el Nuevo Testamento, el injil (Evangelio en el islam), y me gusta lo que estoy leyendo'. No le hizo mucha gracia y recibí mi primera amenaza».
«Mi padre dijo: 'No puedo impedir que leas la Biblia, pero si te conviertes en cristiano, yo seré quien te mate'. Y entonces me di cuenta de que realmente me podría costar la vida. Así que, a partir de ese día, me mantuve más precavido».
En Somalia, la conversión al cristianismo es motivo de vergüenza para la familia, y en una cultura en la que se valora mucho el honor, desprestigia a toda la familia.
«Cuando decidí convertirme en cristiano tres años después, me repudiaron», dice Aweis. «Mi familia se negó a comunicarse conmigo, comer conmigo, pasar tiempo conmigo o incluirme en las dinámicas y conversaciones familiares. Era un marginado, alguien que había mancillado el nombre de la familia. Recibía amenazas de muerte y fue muy doloroso. La enemistad y las amenazas que enfrenté fueron mucho más de lo que me esperaba».
“Como te protegen los zapatos, así te protege tu clan” – Proverbio somalí
Aweis no solo perdió a su familia cuando decidió seguir a Cristo. La sociedad de Somalia se basa en un sistema de clanes, y ser excomulgado tiene consecuencias drásticas.
«En la cultura somalí no sirves para nada si estás solo. Si no estás conectado con tu clan en la cultura somalí, eres débil», explica Aweis.
«Tenemos un proverbio que dice: 'Como te protegen los zapatos, así te protege tu clan'. Si tu clan queda fuera de la ecuación, no tienes valor ni importancia y no puedes avanzar en la vida. No tienes ninguna oportunidad de sobrevivir, menos aún de prosperar».
La separación de su familia y su clan dejó a Aweis extramadamente aislado, pero nunca se replanteó su decisión de seguir a Jesús.
«Cuanto más me amenazaban, más cerca estaba de Dios», dice.
«Sabía que, como persiguieron a Jesús nuestro Redentor, como dice en la Biblia, ¿cuánto más y peor a nosotros, discípulos de Cristo? Así que, cada vez que me enfrentaba a una persecución intensa me identificaba con Cristo y me sentía más cerca de Él».
«Pero tras siete años andando solo con el Señor, empecé a sentirme muy aislado y me di cuenta de que el ministerio de la radio no era suficiente».
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Encontrando una comunidad
Durante siete años, Aweis siguió a Jesús por su propia cuenta, sin conocer a otros cristianos con los que compartir su vida y su fe. Este aislamiento y el deseo de encontrar a otros creyentes le llevaron a arriesgarse a visitar a alguien que, según había deducido, debía ser cristiano.
«Le dije: 'Necesito una comunidad. ¿Conoces a algún somalí cristiano?'. Ella me dijo: 'Espera aquí', se fue y tardó mucho más de lo que esperaba», recuerda Aweis.
«Volvió con un joven al que presentó como Liban. Más tarde, me enteré mediante Liban que ella había vuelto a su oficina para orar a Jesús pidiéndole que le revelase si yo era un cristiano verdadero en busca de una comunidad o un espía que intentaba recopilar nombres e información para perseguir a la Iglesia. Oró por unos 20 minutos hasta que Dios le confirmó que yo era de fiar».
Haber encontrado a otro creyente era un milagro. «Poder tener comunión con otro creyente fue una alegría», dice Aweis.
«Sentía paz. Parecía que el mundo entero estaba abierto ante mí. Lo que una vez parecía imposible se volvió posible porque Dios estaba en ello. Ahora tenía a alguien con quien podía reunirme y aprender de la Biblia, leer juntos y llevar a cabo actividades con ellos».
A pesar de las imposibles circunstancias de ser un cristiano clandestino en Somalia, Aweis conoció por fin unos hermanos en Cristo, lo que le inspiró a pensar que Dios les podría estar guiando a una misión audaz. Dios había hecho posible lo imposible.
Juntos comenzaron a buscar a más cristianos, creyendo que ellos no podían ser los únicos seguidores de Jesús. Poco a poco, su comunidad creció. «Fue el momento más feliz que había vivido desde que me convertí al Señor», explica Aweis.
Una iglesia clandestina perseguida
«Fue entonces cuando comenzó la persecución», cuenta Aweis mientras su cara se nubla de tristeza y resignación al recordar ese tiempo tan difícil. Los cristianos eran perseguidos y asesinados uno tras otro. «Era muy aterrador, al menos al principio», declara Aweis.
«Liban fue el primero al que mataron. Se dirigía a su trabajo cuando le dispararon dos hombres armados del grupo islamista radical Al-Tahat Al-Islamiyah. Poco tiempo después, otra persona fue asesinada. No cabía duda de que éramos su objetivo», dice.
«Pero empezamos a tener visiones y sueños por parte de Dios. Un cristiano compartió una visión que había tenido sobre el número de cristianos eliminados: 'Estaba contando a las personas y me di cuenta de que muchos de nosotros ni siquiera estábamos allí; habían sido asesinados'. Dijo que estaba aterrado en la visión, pero escuchó una voz de una luz brillante que le decía: 'No temáis. No seréis eliminados; no seréis exterminados. Algunos de vosotros permaneceréis. Os haréis más fuertes'».
Aweis explica: «Recibíamos constantemente mensajes de que la persecución continuaría y empeoraría, pero que al final saldríamos fortalecidos. Dios nos guiaba en todo momento. Esto nos hizo ser más valientes. Orábamos durante más tiempo y mejor».
Por desgracia, al cabo de un par de años solo quedaban dos miembros de la iglesia. Los demás fueron martirizados por su fe. «Tenía mucho miedo», confiesa.
La constante violencia afectó mucho a Aweis.
«Perdí a casi todos mis amigos. No podía comer y bajé mucho de peso. No podía dormir por culpa de las continuas amenazas y no me encontraba bien espiritualmente».
Decidió huir del país. Pero lo que parece imposible al hombre, es posible para Dios.
Mientras se recuperaba en otro país, Aweis tuvo la oportunidad de asistir a una facultad de Teología gracias a una pareja de misioneros. Esto le dio las fuerzas y el apoyo que necesitaba para continuar con su ministerio.
Como dijo Tertuliano, el padre de la Iglesia primitiva en el norte de África: «La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia».
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Discipulado, discipulado, discipulado
La mayoría de la gente piensa que los somalíes existen únicamente dentro de su propio país, pero no es así. Su cultura pastoril hace que existan más allá de las fronteras de Somalia.
Aweis lo explica de la siguiente manera: «La bandera de Somalia tiene un fondo azul claro y una estrella blanca de cinco puntas, cada punta representando una región de Somalia. Tenemos Somalia, Somalilandia, Yibuti (que es principalmente una región somalí), el Distrito de la Frontera Norte (que forma parte de Kenia y Ogadén) y la región somalí de Etiopía. Así que, cuando hablamos de Somalia, nos referimos a las personas que viven en estas cinco regiones distintas a lo largo de cuatro países».
Actualmente, Aweis es un erudito, autor prolífico, traductor de la Biblia y continúa ayudando a los cristianos somalíes en el Cuerno de África mediante el discipulado y la formación de líderes.
«Me siento especialmente feliz cuando veo cómo el Espíritu Santo está guiando a esta pequeña iglesia».
«Sin un discipulado correcto, no se puede tener una comunidad cristiana sana», advierte Aweis. «La Iglesia debe aprender todo lo que Jesús enseñaba», dice.
«Y, aunque no me cansaré de repetirlo, necesitamos curar el trauma», implora Aweis. «La Iglesia de Somalia está doblemente traumatizada: formamos parte de la comunidad que enfrenta la ilegalidad y anarquía del gobierno, pero también sufrimos el trauma causado por la persecución por nuestra fe».
«Cuando alguien viene al Señor, lo primero que hacemos es prepararle para la persecución. Les decimos cómo actuar con prudencia, siendo tan inteligentes como una serpiente y tan inocentes como una paloma».
«Vuestro ministerio deja un gran legado. Cuando formamos a un creyente, luego ese creyente forma a otro y continúa así. Esto mejora la fortaleza de la Iglesia somalí. Así que, como iglesia, estamos muy agradecidos».
«Nos negamos a permancer callados», asegura.
A pesar de todos los peligros, Aweis está decidido a seguir ejerciendo su ministerio. «Mi visión para la Iglesia somalí es que sea una Iglesia normal, que sea aceptada dentro de la sociedad somalí. Que llegue el día en el que no pierdas a tus hijos o pareja por tu fe; que el gobierno no te encarcele por causa de tu fe. Quiero ver el día en el que exista una aprobación generalizada de la Iglesia somalí».
Aweis se muestra firme en su declaración: «Algunos cristianos somalíes creen, y yo me incluyo entre ellos, que la época de esconderse ha acabado. No viviremos con miedo. Nos negamos a ser intimidados. Negamos que nuestra existencia sea rechazada. Queremos mostrar al mundo y a la gente de Somalia que existimos. Necesitamos una voz y tenemos que convertirnos en nuestra propia voz. Queremos ser como Pablo en Pentecostés, como el libro de Hechos. Queremos alzar la voz y ver a miles de personas volviendo al Señor».
Para Aweis, esto significa que no esconde su cara, como se puede observar en las fotos. Pero no se trata de una imprudencia: «Ser valiente también requiere sabiduría», dice.
«No podemos ser demasiado tímidos, pero tampoco podemos ser insensatos. La mayoría de los cristianos somalíes del país que viven bajo la espada quieren permanecer en la clandestinidad, y no hay nada de malo en ello porque se trata de una situación extremadamente inestable. Deben tener mucho cuidado y respetamos su decisión. Pero aquellos cristianos somalíes que tienen la libertad de hacerse oír, que tienen el privilegio de poder decir 'somos seguidores de Cristo y no nos arrepentimos', deberían hacerlo».
Sin embargo, la valiente decisión de Aweis de revelar su fe, identidad y ministerio no está exenta de riesgos reales.
«No es fácil formar parte del ministerio somalí. Si te preocupas por tu seguridad física o personal, no es lo que debes hacer. Tenemos un 'chiste' en la Iglesia somalí que dice que, si te conviertes en pastor somalí, no te tienes que preocupar por tu fondo de jubilación», dice riendo.
Aweis se pone más serio al explicar el precio que ha tenido que pagar por su decisión: «Recibo amenazas constantes, correos electrónicos de forma regular, mensajes de WhatsApp, páginas en redes sociales sobre mí que atentan contra mi vida».
Aun así, su determinación sigue siendo firme. «Sabemos el riesgo que conlleva, pero si tienes un llamado, consideras el precio y sigues adelante», dice. «No te rindes pase lo que pase».
«Jesús lo significa todo para mí, tanto que mi vida no tendría valor, no tendría sentido vivir si no lo tuviera a Él».
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“Alégrate con nosotros”
«Es cierto que la Iglesia de Somalia es la segunda o tercera más perseguida del mundo según la Lista Mundial de la Persecución», dice Aweis, «pero no sintáis pena por nosotros. Alegraos con nosotros porque se nos considera dignos de ser perseguidos como Cristo lo fue. No oréis para que la persecución termine y desaparezca porque entonces lo que quede no será el verdadero cristianismo. Si tenemos que vivir una vida como la de Cristo, debe haber cierto grado de persecución. Si nadie te persigue de forma física, emocional o psicológica significa que hay algo que no va del todo bien, porque ¿cómo es posible que las fuerzas del mal no te vean como una amenaza, como una persona de luz?».
«Os pedimos que oréis para que seamos más fuertes espiritualmente, para que nos fortalezcamos en medio de la persecución, que seamos más parecidos a Cristo. Así, cuando los perseguidores musulmanes nos vean, piensen: 'Son muy diferentes; queremos ser como ellos'».
Este es el objetivo principal para Aweis: el deseo de ver cada vez más gente encontrarse con el amor y la gracia que salvan de Jesús. «Queremos que los perseguidores sigan a Jesús», dice.
«Queremos que Dios abra sus ojos. Saulo perseguía a la Iglesia; luego se convirtió en Pablo y Dios lo usó de una manera poderosa. Estos perseguidores podrían difundir el Evangelio por todo el Cuerno de África cuando decidan seguir a Jesús, por lo que no guardamos rencor contra ellos. Oramos para que vean la luz y se conviertan en discípulos de Cristo».
Aweis concluye: «No existe lugar en el que no se pueda seguir a Cristo. Es imposible. El Espíritu Santo puede atravesar cualquier muro».
Ora con Aweis por la iglesia de Somalia
«Padre nuestro, oramos en tu Santo Nombre.
Algunos cristianos somalíes creen, y yo me incluyo entre ellos, que la época de esconderse ha acabado. No viviremos con miedo. Negamos que nuestra existencia sea rechazada. Queremos mostrar al mundo y a la gente de Somalia que existimos»
Cuando estás con nosotros, nadie puede hacernos frente. Lo que a la gente le parece imposible, como una Iglesia en Somalia, es posible gracias a ti.
Porque cuando te tenemos a ti, Padre celestial, todo lo que queremos hacer en el reino de Dios es posible.
Ninguna persecución, rechazo, excomunión o amenaza puede quitar la luz de los cristianos de Somalia. Nos dijiste que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia.
Padre nuestro, puede que a la gente le parezca imposible que exista una Iglesia próspera en Somalia, pero Tú sabes que es posible porque nos diste Tu Espíritu Santo que es nuestro guía, consuelo y consejero.
En Tu Nombre oramos, amén».
Persecución total en Somalia
«En Somalia, todo el mundo sabe que si te conviertes en cristiano serás perseguido. No hay ninguna duda al respecto», afirma Aweis.
En la Lista Mundial de la Persecución de Puertas Abiertas, los tipos de persecución se encuentran en dos categorías: la «violencia» y la «opresión».
La «opresión» es el tipo de persecución que se experimenta como presión en muchas áreas de la vida cristiana como, por ejemplo, la libertad de expresar la fe dentro del ámbito familiar, las reuniones de cristianos o la capacidad de acceder a los recursos comunitarios o al empleo.
«Resulta doloroso no poder tener un negocio porque nadie te compra nada, no poder encontrar trabajo, o cuando tu propia familia o clan te rechazan», comenta Aweis.
«Conozco a padres cristianos que perdieron a sus hijos porque se los llevaron unos familiares musulmanes para que los niños fuesen criados como musulmanes; maridos cristianos que perdieron a sus mujeres porque se las han llevado. El 100 % de los cristianos somalíes enfrenta este tipo de persecución».
Y luego está la «violencia», donde la persecución es agresiva y hay secuestros, arrestos, torturas y encarcelamientos. Incluso asesinatos.
Aweis continúa: «Este tipo de persecución es muy común. Los cristianos somalíes son torturados o asesinados, la mayoría de veces mediantes disparos, decapitación o envenenamiento».
«La persecución proviene de varias fuentes. Diría que la más dolorosa es la que proviene de tu propia familia, cuando tus hermanos, padres o incluso tus primos están detrás de ti. No puedes esconderte o escaparte. No puedes mudarte a otro pueblo o región ya que te acabarán encontrando porque el sistema de clanes somalí está muy unido».
«Luego está la persecución por parte de los desconocidos», sigue contando Aweis. «Oyen que alguien es cristiano y vienen para hacerte daño. Los somalíes dicen que ser somalí es ser musulmán, así que aunque no sepan quién eres, al sentirse somalíes creen que tienen autoridad sobre ti».
La persecución va más allá de lo individual, familiar o del clan. «La persecución por parte del gobierno suele consistir en detenciones», explica Aweis.
«Intentan evitar la persecución activa para no manchar su reputación de cara a la comunidad internacional, pero si creen que es importante para mantener contentos a los musulmanes o para evitar revueltas o protestas, pueden arrestar a los cristianos somalíes».
«Y luego está la persecución por parte de los islamitas radicales, que es un fenómeno relativamente nuevo», dice. «Esto no existía antes de 1991, cuando perdimos el gobierno central en la guerra civil. Desde entonces, ningún gobierno ha sido capaz de mantener la ley y el orden, y hay una anarquía generalizada. Todo el mundo tiene acceso a las armas. Diría que más del 90 % de los cristianos somalíes asesinados desde 1991 lo fueron a manos de los grupos islámicos radicales Al-Shabaab, Al-Tahat Al-Islamiyah y el grupo del Estado Islámico».
Aweis explica lo que esto significa en realidad para los creyentes somalíes: «Los radicales islámicos pueden entrar en una iglesia y matar a todos, y el gobierno, aunque quiera, no podrá hacer que el asesino pague por ello. La impunidad está generalizada. Te matan y se salen con la suya».
*Nombre cambiado por motivos de seguridad.
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