Civilización cainita: sagrada y profana

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Civilización cainita: sagrada y profana
Civilización cainita: sagrada y profana

Sea lo que fuere aquello que Caín construyó, sacro y profano fue. No podemos pensar menos en alguien que había ofrecido ofrenda religiosa antes de ofrecer a la tierra la sangre de su hermano, que eso, si bien lo miras, es lo que supone la condición en esos momentos de cualquier vecino o, incluso, extranjero.

Lo que eso fuere, creció y se derramó por toda la tierra. Eso sí, fuera de Dios (aunque siempre “delante” de Dios, pues se fue, pero ¿a dónde nos iremos?)

Tuve algún problema para escribir a última hora nuestra conversación; ahora lo hago, y lo mismo tengo algún problema por escribirla.

Lo que tenía pensado y argumentado es que, por eso de la hispanidad que tanto se publicita, al final tanta es la misma civilización la que estaba que la llegaba: cainita.

Ya te lo dicen de inmediato. Allí había ritos religiosos de sangre. Seguro que muchos y de diversa índole. ¿Qué hacían y cómo vivían los de allí?, de eso no se sabe. Ahora bien, y eso sí sabemos: ¿qué le llevas a cambio de sus ritos paganos de sangre?

Pues ya puestos, le puedes mostrar un pedazo de auto de fe. Que ya sabemos cómo era eso aquí en la hispanidad más hispanidad. Lo mismo, hasta no veían de lejos mucha diferencia.

Gran ceremonial, gente ataviada con sus mejores galas, poder sacro y profano juntos de la mano, que las manos pondrán luego juntas, para avergonzar y manchar, en lo sacro y profano, si quieres mejor, en lo religioso y político, a las víctimas, todas fruto de una “guerra santa”, vaya que incluso se podría decir que son prisioneros enemigos, aunque fueran los vecinos de siempre, y a algunos y algunas los quemaban.

Una misma civilización con caras diferentes, un mismo padre, con hijos diferentes, hasta hoy.

Por supuesto, esas civilizaciones evolucionan. Ya no tenemos Inquisición, que ya se sabe, era un santo tribunal, ejemplar, incluso, ejemplarizante, así te lo dicen los de la hispanidad.

Eso sí, el detalle de las cárceles y juicios de sangre públicos, eran de los mejores, nada comparable con otras que era muy, muy, malas. Con todo, evolucionó, y ya no está. Por supuesto, también hubieran evolucionado aquellos cultos paganos diabólicos, y hoy no estarían.

El colmo de la confusión por el padre de la confusión. Lleva su sangre a otro sitio donde también está, y les dice que vienen a liberarlos de su sangre, por los que llevan la misma. Así hasta hoy.

Supongo que la condición jurídica ejemplar y reglada de la “civilización” cainita del nazismo, marxismo, y otras modalidades, sería un ideal que se podría haber llevado allí si hubieran estado operativas. Pues eso es lo que hubo y hay, y siempre con un modelo que compagina o, en apariencia, elimina lo sacro y lo profano.

Y en esas estaba pensado, por aquello de que se conmemora lo de la Reforma, y no pude menos de ver cómo lo sacro y profano seguían por ahí.

De tal suerte que esa Reforma supone, en sus inicios, precisamente la liberación de lo sacro y de lo profano, vaya que el Dios de la creación se acerca de nuevo, aunque siempre estuvo cerca con los suyos, para destruir la ciudad de Caín y edificar la de su Hijo, al que crucificó la civilización cainita sacra y profana (tal el templo de Jerusalén y el tribunal romano).

Y en esas estaba, y estaba mirando cómo funcionó aquello en aquellos primeros momentos, y esa función te lleva obligado a mirar a las ciudades, los pueblos, las aldeas. Allí se está formando la nueva civilización del reino, del respeto, de las libertades, siempre con la mezcla y acecho de la antigua.

Eso está estudiado y documentado. Y precisamente un autor de los que lo presenta, hace ya cincuenta años, propone una pregunta que sigue vigente: ¿Qué mensaje oyeron esas gentes para que tomaran sus responsabilidades, para que cambiaran su manera de vivir, a veces, a costa de no poder vivir?

Y esa pregunta sigue abierta. ¿Qué mensaje se oye hoy de las iglesias que se presentan como evangélicas, en teoría, herederas de ese tiempo?

A mi modo de ver, uno que aplauden los cainitas, y que lo pueden integrar en su civilización sacra y profana.

Por supuesto, yo no sé qué hacer. Por de pronto, mirar al profeta que profetiza diciendo que los profetas y jueces de este pueblo hablan mentira (que ya se sabe de dónde viene esa), son desviados y llevados a sus propios caminos, y el pueblo así lo quiso.

Y esperar de los cielos al Hijo, que nos libra, porque nos llevó con la sangre de Caín, para derramarla, y hecho pecado, nos hizo justos. Quisieron derramar su sangre, y Él la derramó por nosotros. Y eso nos hace libres, y como libres, ahora tenemos el tiempo y el espacio para establecer su reino, tanto en la esfera sacra como profana. Y eso supone derribar los templos paganos y su significado, y los cristianos y su mismo significado.

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