El Dios terror, ni justo ni misericordioso

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El Dios terror, ni justo ni misericordioso
El Dios terror, ni justo ni misericordioso

¿Quién no ha escuchado que a Lutero le impedía la paz de conciencia la presencia de un Dios siempre justo? Como en tantas cosas, a mi modo de ver, también en esto se ha falsificado el sentir de la realidad de la Reforma Protestante.

El primer asunto, de primera importancia, es pronunciarse sobre qué capacidad tiene el ser humano, criatura en su condición de criatura, para decir algo sobre Dios, el Dios eterno, sea “justo” o “misericordioso”.

Se ha acreditado, por ejemplo, por nuestro Pablo, que cuando esa criatura ve lo que puede verse de Dios: su creación, siempre ve a otro dios, y lo representa a su antojo. ¿Qué valor tendrá que a ese dios lo llame justo, misericordioso, injusto, o algo?

Y cuando se revela en su Hijo, otro tanto. Siempre es así, con la naturaleza, o con la Biblia, si él no se da a conocer, como lo hace, por su Espíritu, nosotros solo sacamos falsificaciones de Dios, de nosotros mismos, y de la sociedad que nos rodea. Ciegos y ciegos.

El insensato que el profeta presenta, que se hace un dios de un leño, del que previo se ha cortado un trozo para la candela, y le llama salvador y confía en eso que él mismo ha fabricado, es un modelo de lo que puede dar de sí el humano en su natural.

El papado, que se sienta como dios, y lo mismo hasta se siente como tal, ha fabricado todo un plan de salvación para comprar y vender el producto. Sin duda una obra que falsifica la verdad y la presenta a su imagen.

Sin duda una obra que asombra a las naciones y a los reyes de la tierra. Ser la entidad única mediadora entre dios y los hombres, pues no es cosa menor. Lo que pasa es que su dios tiene que ser siempre menor, y eso le duele, y quisiera borrar al que es de verdad Dios, y hace guerra contra él y los redimidos.

Así es la entidad, la “estructura”, como a veces ella misma se titula para dentro de los suyos. Hay que conservar la estructura, es el lema, todo por ella y para ella.

Se fabricó una modalidad, una herramienta, que es asombro de los que estudian esas cosas, el colmo de la mejor fabricación de un modelo económico: el purgatorio.

Siendo la entidad, la estructura, vaya el papado, el único administrador (ese es el título del papa) de ese engendro económico, y el único banco donde se puede negociar de ese negocio. Nadie ha superado la obra de arte.

El único banco, pleno monopolio de la salvación, y que, además, ni siquiera requiere contabilidad o responsabilidad respecto a nadie. Un banco donde se recibe dinero, y no se lleva contabilidad con los clientes. ¿Alguien sabe a cuánto está el año de pena en el purgatorio? ¿Alguien sabe si han usado tu dinero para lo que diste el dinero?

Y esa estructura, sentada como dios, se fabricó un dios que le sirviera de soporte para su banca. Que, tanto de justicia como de misericordia, siempre fuera banquero. Comprar y vender la una y la otra, como convenga a la caja.

Y eso requería que su presencia fuera especialmente terrorífica. (Incluso, en el colmo de la mascarada, le pusieron al lado un elemento de piedad, su maría.)

Con ese dios Terror te encontrabas nada más nacer, y con él seguías hasta la tumba. Y en ese final, así estaba la obra de teatro diseñada, te lo encontrabas como juez siempre vigilante.

Los medios de gracia y misericordia, todos de pago, por especie o por mérito propio, siempre en sujeción y al servicio de la mayor gloria de la estructura, podían ofrecerte la oportunidad de salir vivo del juicio, aunque camino del purgatorio.

Esto era terrible, una cristiandad así era la negación del Cristo, pero eso es lo que tuvimos y tenemos.

Lutero no se encuentra con el dios Terror en la Biblia, lo tiene en frente, siempre vivo, pero es el dios del papado, no de la Escritura. Y sólo cuando descubre las obras del papado, ve al Otro Dios, que es justo y misericordioso, pero no según la medida humana, sino la que él mismo dice. Antes oía al papado, ahora oye a Dios, esa es la diferencia.

Y el Dios de la Biblia no está al final, en un tribunal, sino al principio, en nuestra existencia, y se encuentra con nosotros, y por eso, nos declara justos, no al final, sino en el camino, y luego caminamos en su creación como libres, no como los que tenemos que usar de los medios religiosos para salvar la situación al final. Todo cambia. Eso es la Reforma.

Y ahora, hechos justicia de Dios en el que fue hecho pecado por nosotros, nos alegramos en la presencia de Dios, con sus redimidos y con su creación. Esa creación no es lugar de donde huir, sino el ámbito de nuestra nueva vida, y se trata de usarla y disfrutar de sus bienes, pues todo es santo si se toma con acción de gracias.

El dios Terror del papado (y de sus iglesias hermanas) es el que no tiene ley fuera de sí mismo. Es la arbitrariedad de sus vicarios, de sus administradores, que están en su nombre en el tribunal, decidiendo sobre la vida presente y futura de sus “fieles”.

Y pueden conceder indulgencias, que es el producto del banco único de salvación, administrando la satisfacción de cristo y los santos, que ellos tienen en su caja fuerte, y la administran a voluntad.

Realmente el dios Terror no es nada, como cualquier ídolo, solo la máscara de los que por violencia y engaño reinan y presiden, y se lo han creído. Cuando Cristo, nuestra vida, se manifiesta, ahí somos manifestados con él en gloria.

El dios que se fabrica el insensato de un tronco, ni es justo, ni misericordiosa, ni nada, y como él son los que a él se inclinan. Ponlo en un tribunal, como dios justo terrorífico, o ponlo como salvador. ¿No ven su insensatez? Pues parece que no, porque esto sigue.

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