¿Quién no ha escuchado en alguna ocasión aquello de no poner la luz debajo de un almud, sino que procure alumbrar toda la casa? Esa caja de madera, o, como fuera, se dice que no es su función tapar la luz, y que nadie, en su sano juicio la usaría para cubrir el candil.
Entre otras cosas, porque si no quieres luz, ya te vale con cerrar la mecha del candil. Tener el candil, ¡encenderlo! y taparlo, es una situación realmente irracional. Eso es lo que se destaca.
Las metáforas sobre la luz siempre son generosas y variadas, y tienen formulaciones diversas.
En otra ocasión se indica que la “lámpara” del cuerpo es el ojo, por ello, si el ojo es bueno, todo el cuerpo está lleno de luz, pero si es malo, o maligno, todo se queda en oscuridad, de tal manera que la situación no puede ser más penosa, pues lo que tendría que ser la luz, es oscuridad.
Que esto se puede aplicar en el plano teológico a la corrupción de la razón o la voluntad, está claro, por seguir con la metáfora, si tienes ojos para ver. Incluso se afirma, con otra metáfora asombrosa, que Dios mismo cegará el entendimiento de los entendidos.
El problema no es solo que no se tenga el órgano de la visión, sino de que se use de tal modo que sea tan contrario que se considere ceguedad o falta de luz. (Esto es básico para entender y ver algo de lo que dirimió en Dordrecht.)
Puestos a poner comparaciones, les propongo la del título. Que se coloque algo, siempre considerado sabio y superior, sobre la lámpara para que ocupe realmente su lugar.
De ese modo el almud sería la lámpara que ilumina. Es como si en el ejemplo, el candil no pudiera iluminar por sí solo, que necesitase la vasija a través de la cual emitir su luz.
Eso, sin exagerar, es lo que ocurre con la tradición eclesiástica, que se pone como la luz verdadera, y para ello debe ocultar la luz verdadera y afirmar que ésta se traslada a través de ella.
Vaya, que no puedes ni ver el candil hasta que alguien viene y coloca sobre él su fantasía, idea, moral, doctrina, o pon lo que quieras, pero pon su almud, sin el cual el candil sería inútil.
Ya se ve el almud, bien señalado. Uno muy relevante, ya te lo dicen los que han decorado la casa, los que te hablan de la iglesia, su iglesia, como sociedad perfecta (que aquí fue, y sigue), la madre de la salvación, de la enseñanza, de la vida beatífica, etc.
Esto no es privativo del papado. Toda iglesia o entidad religiosa que aparezca conformando la Escritura, poniendo ante los ojos de toda la casa, sea eso lo que fuere, sus doctrinas y mandamientos de hombres, los que te dicen “hoy estarás, si estás conmigo, en el paraíso, porque fuera de mí no hay salvación”, esos encandilan con sus palabras infladas para arrastrar tras su luz a los que están ciegos, pues muy ciego hay que estar para no ver sus mentiras y supersticiones.
Dicho queda. Esto es también común en los que te dicen cosas como “sola escritura, sola gracia, sola fe…”, pero que cuando te aclaran la luz de su luz, al final, nada es solo sin la vasija o caja donde darte la luz que alumbra a todo hombre, es decir, la suya, con la cual esclavizan, con la cual llenan sus vientres… (¿O no hemos visto tantos avisos sobre los tales en la Escritura?)
Esto está a la vista, lo que pasa es que es fácil ver el almud en la casa de los demás. Ya me dirán si nos es gozo y alegría el vernos en sí mismos, con nuestros ojos naturales, sin luz ni natural para las cosas del Espíritu, pero también saber que quien dijo sea la luz ha iluminado nuestros corazones, y ahora vemos su gloria, y vemos el almud de nuestro intento, siempre vano.
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