El Antiguo Testamento no es la tradición judaica. El Nuevo Testamento no es la tradición cristiana

| Fuente: protestantedigital.com/rss/magacin

El Antiguo Testamento no es la tradición judaica. El Nuevo Testamento no es la tradición cristiana
El Antiguo Testamento no es la tradición judaica. El Nuevo Testamento no es la tradición cristiana

Regresan, no todos, que algunos se quedaron, los judíos de la cautividad de Babilonia, y, tras mostrar la miseria que siempre nos acompaña, reconstruyen Jerusalén y el templo.

Pasan cuatrocientos años, que son muchos, y luego vemos esa nación, o, al menos, comunidad con entidad religiosa, como la vemos en el Nuevo Testamento, en la vida del Mesías. Al que, dicho sea de paso, crucifican en cumplimiento de su religiosidad.

Lo que hay en esos momentos nada tiene que ver la Palabra, con la revelación de Dios. Precisamente es su rechazo y falsificación: la han convertido en otra cosa nueva, en sus tradiciones, así queda dicho por el Señor.

En ese contexto es claro que se diga “oísteis que fue dicho, pero yo os digo…”. O que se afirme lo dicho por el profeta en ellos: Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado. Rechazaron la justicia de Dios y pusieron la suya propia.

Que tenían celo de Dios, nadie lo niega, pero no conforme a la verdad, de la que eran enemigos porque no eran de la Verdad. Y todo comienza, si queremos un momento para contar, con algo que ya apunta maneras en cómo se ven estas cosas que comentamos.

¿Cuántos pastores no han sacado sermones emotivos para afirmar el modelo a seguir de fidelidad en la burrada que comete el pueblo judío en ese momento?

Todo empieza ya con el modelo que será modelo de la tradición: Hagamos pacto con nuestro Dios… De eso se trata. Aunque ya existía el pacto que se hizo con el pueblo cuando salió de Egipto, ahora van a hacer ellos un nuevo pacto.

Mostrarían su moralidad en la expulsión de sus mujeres que no fuesen judías, con sus hijos. Ya podían haber empezado por darse ellos dos bofetadas en público y confesar que eran unos miserables con lo que estaban a punto de hacer. Esa moralina sería lo que usurparía la grandeza de la Ley de Dios, ya cosa extraña.

Y se mostró el método de aplicación. “El que no venga en tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos… perdería toda su hacienda y sería excluido de la congregación de los del cautiverio”. (Esto está en Esdras)

Estos son los creadores de la tradición que expulsa de la sociedad a la Palabra revelada y la sustituye por sus costumbres y fantasías.

Eso sí, pretendiendo que esa tradición ahora es la correcta apreciación de esa Palabra, sin la cual esa Palabra quedará sin autoridad, pues no la tiene de sí propia, sino de sus valedores.

Claro, con esa tradición, con esas normas civiles y religiosas, dominando cada cual como más poder se tuviera, al final, a quien se expulsa es al Mesías, que no se acepta si no acepta la tradición que anula su revelación.

Con todo y eso, al final, (esto es puro calvinismo, dirá alguno) no dejaban de ser instrumentos en los superiores y trascendentes propósitos de Dios.

Incluso hasta el punto de ser custodios y guardadores de su Revelación escrita, de los oráculos de Dios, que así se dice, que de ellos los recibirá el pueblo elegido que los desplaza.

Si nos ponemos, un suponer, a contar desde el año cincuenta después de Cristo, por señalar una salida, y le sumamos, como al pueblo judío, cuatrocientos años, ¿qué nos encontramos diferente de lo que nos encontramos con el pueblo judío con sus tradiciones de la época del Mesías? Pues lo mismo.

La enseñanza del Redentor y sus apóstoles se ha cambiado por las tradiciones de los hombres. Otra vez, de labios me honran, pero su corazón está lejos de mí. Otra vez, el temor de Dios no es más que sujeción a mandamientos de hombres. Habéis cambiado mi Palabra por vuestras tradiciones.

Si bien lo vemos, no hay diferencia. Han hecho un nuevo pacto, no el del Señor, con referencia al que se llevó a cabo al salir de Egipto, pero con la referencia previa del procurado con Abraham.

Esa obra del Redentor y sus apóstoles ha sido desbaratada y reconvertida en la moralina de la tradición de la iglesia antigua. ¿Qué tiene que ver la cristiandad del siglo V con lo que nos revela nuestro Dios en su Palabra? Lo mismo que la tradición judaica con la Palabra escrita anterior.

Otra vez. Los príncipes y los ancianos, clérigos, que a veces son una misma persona, mandan y excluyen o confirman. Y la familia, siempre como medio de mostrar el poder de la santidad fabricada por sus fantasías. Vírgenes, santos, eremitas, monjes, santuarios, sacerdotes, sacramentos, jerarquía…. Eso nada tiene que ver la Palabra.

Aunque, como antes con el pueblo judaico, con sus fantasías y dogmas, también a estos les ha caído el mismo juicio: conservarán la Palabra revelada escrita, la cual tendrá siempre el pueblo redimido, y liberado de sus tradiciones, sujeto a esa Palabra verá las obras perversas de los que expulsan al Mesías de sus templos y liturgias.

Pues eso es lo que tenemos. Simplemente, con verlo, ya hemos avanzado mucho. Pero esto es obra de nuestro Dios. La esperanza que tenemos es que esta obra fue, y será, y ninguna tradición vana la podrá eliminar.

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