Haced discípulos, pero no os hagáis maestros

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Haced discípulos, pero no os hagáis maestros
Haced discípulos, pero no os hagáis maestros

Parece evidente, eso de id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, parece algo evidente.

Lo evidente, por la historia de la cristiandad, es que el asunto se ha visto de formas muy distantes.

Cada cual ha puesto su significado para su excusa, y eso ha producido tanta falsificación.

Eso no se trata mucho, pero se debería, pues desde el primer momento se advierte de las falsificaciones que los falsificadores introducirán como si fuese la verdad. Desde el principio, y muchas veces; los avisos son constantes, y eso no se trata mucho, a veces, ni poco; se pasa.

Los Apóstoles mismos no tuvieron mucha idea de qué se les estaba ordenando, y si ellos andaban así, tampoco vamos a llegar nosotros como maestros que saben de todo.

Se enteraron poco a poco, también en ese camino estamos nosotros, sabiendo, porque se repite y avisa muchas veces, que habrá muchos falsos maestros que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos, de vosotros mismos, no hay que esperar otro tiempo ni ir a otro sitio lejano.

Por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, nos dice nuestro Pablo, que son enemigos de la cruz de Cristo, un poco antes los ha llamado perros, malos obreros y mutiladores del cuerpo, de los cuales, por eso avisa, la fiel iglesia en Filipos se debía guardar.

Que llamar así a los judíos, y ya algunos seguidores, discípulos, gentiles de esos que usaban la circuncisión contra la cruz, al pretender que dependiera de ella, como en las iglesias de Galacia, y calificarlos de perros (¿te imaginas que alguien te lleve a circuncidar y te deje en manos de un perrazo?), de obreros malos, como si un sacerdote en vez de despiezar el animal del sacrificio como conviene lo pinchara y cortara a cachitos sin ton ni son, pues así son los maestros que pretenden cumplir la gran comisión en esos momentos.

Ya me dirán si no es alarmante el asunto.

Al final, son mutiladores del cuerpo. Y si esos, tan cercanos en el tiempo, pretendían cumplir el mandato de hacer discípulos cortándolos a cachitos según sus doctrinas, ¿qué esperaremos para el futuro?

Si en esos momentos se hace discípulos a todas las naciones así, y también los bautizaban, ¿cómo habrán interpretado lo tan evidente del mandato referido? No es tan evidente, si no miras toda la Escritura.

Y ya en los tiempos primeros, se ve a primera vista que eso de “discípulos” supuso la excusa perfecta para la aparición de tantos maestros, cada uno buscando “sus” discípulos.

La cristiandad se llenó de discípulos y maestros, pero que eso fuere lo que el Mesías mandó, es evidente que no. Y esa situación se presentó por los que avisaban como algo abundante, que se aumentaría. Así estamos.

Nuestro Pedro avisa que habrá falsos maestros, como hubo falsos profetas, muchos seguirán sus disoluciones y herejías… Es evidente que cada uno aparentaba amor a la verdad, y que sus palabras eran cumplimiento de la obediencia que hacían a la gran comisión, aunque encubiertamente eran otra cosa, pero, incluso, comían en la comunidad como comensales más, como si fueran de la casa.

Lo que ahí significara el Cristo, el Mesías, con esas palabras, tiene que ser algo que ya se apuntara en la Ley y todo el ritual que durante siglos se le reveló al pueblo.

El problema es cuando se quiere hacer una nueva salvación, como si las naciones tuvieran ahora algo que no estaba designado en las ritualidades de la Ley. Creo que ese es el camino, y es la manera de tratar a los falsos, si falsifican la Ley y los profetas.

Les pongo dos asuntos, que creo son de interés en este tema.

Uno. Que cuando se inicia el cumplimiento de lo señalado, hacer discípulos a todas las naciones y bautizarlos (o bautizarlas), la primera nación a la que llega el mensaje es a Judá, el mundo judaico es presentado como el inicial, junto a los demás, para ser discípulos y recibir el bautismo.

A tal punto, que cuando Pedro les declara el Evangelio, les pone delante lo que era propio de los gentiles que se acercaban a Israel, y, tras ritual, entraban a formar parte de la comunidad, ellos y sus hijos.

Ahora son los propios judíos los que son llamados a entrar a la comunidad del Mesías. No es extraño que unos y otros tuvieran ideas confusas sobre la situación, pero es lo que ocurre. Y eso forma parte de lo que se ha mandado.

Dos. En esa situación, con sus confusiones, incluso señaladas en los propios Apóstoles, como se ve en casos conocidos, aparecen los que pretendían ser doctores o maestros de la Ley, pero sin saber nada de su sabiduría.

Y esos doctores realmente conocían cosas de la Ley y de las tradiciones, como Pablo sabe por experiencia. (El colmo es encontrar a pretendidos maestros y doctores, encima, sin tener ni idea de la cuestión.)

Dejo aquí esta reflexión, que seguramente continuamos algo, d. v., la semana próxima. Pero por poner un caso de lo que tratamos. ¿Alguien supone que los monjes que llevaron la cristiandad, fundando monasterios, en los primeros pasos de evangelización a algunas zonas de Europa o, por ejemplo, a Irlanda e Inglaterra estaban cumpliendo el significado de lo que el Mesías ordenó a los suyos?

Se amontonarán maestros conformes a sus errores y fuente de pecado, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Y esas sus fantasías y fábulas, las presentarán como el cumplimiento de la gran comisión.

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