El papado no es iglesia cristiana

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El papado no es iglesia cristiana
El papado no es iglesia cristiana

Esta conversación tiene que ver con el hecho, evidente, de que el papado no es la iglesia romana de los dos o tres primeros siglos.

Cuando Calvino trata la cuestión del papado en la Institución, sorprende su modelo práctico y comedido.

Por ejemplo, no se le ocurre rechazar al papado por la vida de los papas, lo que tampoco le hubiera costado, y así lo dice, mucho trabajo. (Cipriano de Valera, en su tratado “del papa”, usa el modelo opuesto, nos cuenta, hasta aburrir, todos los casos de corrupción personal y colectiva de los papas que encuentra a mano.)

“Si alguno lee diligentemente las historias antiguas, verá que el obispo de Roma se contentaba entonces con el nombre común de hermano. Es innegable que mientras la Iglesia permaneció en su verdadero y puro estado, estos nombres orgullosos que después ha usurpado la iglesia romana para engrandecerse jamás se oyeron ni conocieron. No se tenía idea de lo que era el Sumo Pontífice, ni la Cabeza única en la tierra. Y si el obispo de Roma se hubiese atrevido a usurpar tales títulos, había entonces personas que al momento hubieran destruido su loca presunción y orgullo.

San Jerónimo, siendo sacerdote de Roma, no se mostró corto en ensalzar la autoridad de su iglesia cuando la verdad y la condición del tiempo lo permitía; y sin embargo vemos como la pone en el número de las otras [por poner un ejemplo].”

Aunque muestra cómo, poco a poco, se fue ensalzando, para adquirir cierta jurisdicción sobre otras iglesias locales.

Se podría decir que la iglesia de Roma fue acumulando reliquias y pleitos ajenos. Y no le tembló el pulso para calificar de reliquias cualquier hueso, y de falsificar cualquier documento para agrandar su poder. Así y todo, ya se veía el embrión moverse, pero todavía no ha salido a la luz el papado.

Con eso de que todos los caminos llegaran a Roma, al final llegaron, pero con todos sus salteadores y bandidos.

Menciona Calvino a Gregorio, a quien ha leído, como a los otros padres, del que podemos decir que formó y llevó a la escuela al futuro papado, pero que en sus días y experiencia se horrorizaría de la forma que luego adquirió, la cual él no dudaría en llamar anticristo.

Cuando en Roma aparece el papado, ya adulto y con su personalidad, ha desaparecido la iglesia, o, mejor dicho, los hilitos de la misma, que quedaban. No tuvo fuerzas para rechazar al que la mataba y ocupaba su lugar. El poder que apareció, ya lo anunció la Palabra, mira a Pablo, pero la primera iglesia que lo sufrió fue precisamente la romana.

Su tiranía anunciada “concluimos que es más contra las almas, que contra los cuerpos; que se suscitará contra el reino espiritual de Cristo. Y, además, que la tiranía será tal que no suprimirá el nombre de Cristo y de su Iglesia; antes bien tomará a Cristo por pretexto, y se encubrirá como con una máscara con el título de Iglesia…

Por tanto, como consta que el pontífice romano se ha apropiado desvergonzadamente de lo que es propio y exclusivo de Dios y de Cristo, no hay duda de que él es el capitán de un reino impío y abominable.

Por tanto, sería cosa ridícula y vana, querer ligar a un lugar la dignidad del primado, de tal manera que el que es enemigo mortal de Cristo, adversario supremo del Evangelio, destructor cruelísimo de todos los santos, sea tenido por vicario de Cristo, sucesor de san Pedro, y sumo pontífice de la Iglesia, solamente porque ocupa la silla que antiguamente fue la principal de todas…

Bien dijo alguno que la que se jacta de ser iglesia romana ha dejado hace ya mucho tiempo de existir, para convertirse en la corte que vemos actualmente en Roma.

Conste que no hablo aquí de los vicios de las personas; simplemente muestro que el papado en sí mismo es completamente contrario a todo el orden eclesiástico.”

El papado adulto aparece entre el 754 al 756, cuando Pipino el Breve (Bajito) donó los territorios conquistados a los lombardos al papa de turno. Luego, en el 774, Carlomagno, confirmó la donación.

Su reino/iglesia está fundado en un pacto, donde también hay sangre. La sangre criminal de quien acredita al papa, y el papa acredita y corona la mano criminal.

Eso es simple historia. Evidente. Pero también es evidente, así está anunciado, que esa bestia hablará grandes cosas. Que sorprenderá, que engañará, que hará señales y prodigios.

En esos momentos es también cuando se realiza la chapuza documental de la donación de Constantino. Ya está el papado. Ya ha desaparecido la iglesia de Roma, ha sido eliminada para ocupar su lugar.

El papa, y sus sucesores, es un soberano temporal, como otros. Y su historia común, en cuanto a intrigas, muertes, guerras, etc., con la de otros soberanos temporales. Si bien, en este caso, su ropaje es de iglesia, de evangelio, de salvación, de vicario del redentor. Su poder se reviste de religiosidad. Su política, su método, es religiosa, teológica. Por eso es llamado Babilonia, también la Jerusalén terrena.

La pretensión desafortunada de la iglesia de Roma de querer estar cimentada en la tumba de Pedro. Lo que es falso, falsísimo. Ahora lo va a ver cumplido en quien la destruye. Efectivamente, el papado se sustenta sobre la tumba de Pedro, la de Pablo, la de Juan… la de los profetas, la de Moisés, la de Cristo… Los ha matado a todos, y ha usurpado su lugar. De ninguna manera quiso que alguno hablase. Prohibió la Palabra de todos. Sobre la de cualquiera, puso la suya. Su trabajo y fuerza es matar, ocultar, la Palabra que lo matará. Ya se sabe cómo acabará.

El catolicismo romano no es más que un engendro del papado. Se cae la cabeza coronada, y se cae tal entidad religiosa. (Que Dios tenga redimidos en ese espacio, eso es otro cantar.) Sobre la Palabra, la Escritura, y la vida de la iglesia antigua, puso su Tradición, su voz, su decreto.

A mi modo de ver, es, por eso, un absurdo discutir asuntos doctrinales o de interpretación bíblica con el papado. Si alguien quiere que Pedro y la iglesia de Roma esté donde mejor les parezca, vale. Pero ¿qué tiene que ver eso con el papado?

Necesariamente han de concederme que no puede ser madre de las iglesias la que no es iglesia; y que no puede ser príncipe de los obispos el que no es obispo”. [Todos los entrecomillados son de Calvino.]

Si alguien piensa que esto no es tal, que se pare un poco a mirar. Ahora tenemos mucho material. Solo dos aspectos pueden servirnos.

Uno es ver imágenes de la silla gestatoria. Si, ese trono móvil llevado por costaleros, con sus abanicos paganos para que no falte de nada en la imagen. Allí sentado el papa, con sus ropajes, con su tiara.

Otro, este de ahora mismo, que se busque en alguna información del propio Vaticano sobre la festividad de san Pedro y san Pablo. Que se mire la estatua, seguramente de un Júpiter, o de la autoría que quieran, dentro del Vaticano, enorme, grandota, de bronce, que dicen que es de Pedro (menos mal que a nadie se le ocurrió montarla en una gestatoria).

Vean, y oigan lo que dice el propio papado. En esa festividad la revisten con ropas papales, y le ponen la tiara. Y realizan con el papa y los suyos una liturgia de eucaristía. Vean. Eso es el papado. Y la iglesia romana que pretenden, es como esa imagen. Revestida a gusto doctrinal del señor temporal del Vaticano. Eso no es la antigua iglesia de Roma. Esa la aniquiló el papado.

Durante un tiempo, la iglesia de, o en, Roma, tuvo su lugar. Es verdad que se llenó de corrupción, pero todavía existía, con su estrella y todo (sea eso lo que sea en la referencia de las iglesias de Apocalipsis, pero que se entiende). Cuando se establece el papado, aquello ya no es iglesia, es otra cosa, desde luego de Satanás, que ya se sabe.

Al final, a la iglesia de Roma no la destruye la Reforma, sino el papado, anterior. En todo caso, la Reforma supone su liberación, por el Evangelio. En esa estamos.

Libertad no solo para las ciudades de Italia, con sus comunidades religiosas, sino también para Francia, Holanda, España… Y como allí fue el papado, no una iglesia, para nuestra Latinoamérica…

Veamos. Estemos atentos. Porque le llega su hora. Lo que se inició en la Reforma, con el campo actual, sigue. La Iglesia persevera, y veremos la caída del tirano de siglos.

Atentos vosotros, reyes y mercaderes miserables, que habéis sido sus cómplices, que ya se avecina su humo. Al que siempre tapó con su incienso la menor presencia del Evangelio (que ya se ve la idea que tendrá de pecado para pensar y proclamar que con ese humillo se limpia su corrupción), ahora le toca ser humo. Un humo que se ve.

Al final, me queda una duda, que casi tengo resuelta, ¿quién estará más enfadado con lo que he escrito, un católico o los evangélicos?

Los dos. Pero los de la iglesia limpiada por Cristo, la que persevera, la guardada en su mano en medio de todas la tiranías, la nuestra, estamos alegres y nos gozamos.

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