Para los profetas de su fantasía, los de las fábulas, que dice nuestro Pablo, Cristo es profeta y su palabra una palabra que tendrán en su boca, pero siempre con la condición de que ese Profeta no sea Rey.
Esto se da con claridad incluso en los que quieren defender esa palabra, la Biblia en general, al punto de considerarla sola. La sola Escritura con la tradición de la sola Escritura frente a la tradición papal. Todo forma parte de las fábulas y genealogías interminables de los doctores de la palabra, que se deben evitar, según aviso de nuestro Pablo.
En esto de la autoridad suprema de la Escritura, vete tú a saber qué es eso, el papado tiene más lógica interna con su doctrina de la tradición.
Como esa Escritura es muy buena, pues es la referencia en la doctrina cristiana, pero como también la usan los herejes, a ver qué manera tenemos de salir del laberinto.
Tertuliano no tuvo mejor cosa que hacer ese día, y se le ocurrió proponer un canon de verdad con el que interpretar el canon de la Escritura. Todo ello para defender al cristianismo, el suyo, de los herejes, los otros.
Ese canon de verdad sería la enseñanza de los padres de la Iglesia, que, a nada que camines, son algunos cercanos a los Apóstoles, y sus sucesores: los obispos.
Al final, ya lo tienes, los obispos son el medio de verdad para llegar y tener la verdad de la Escritura. Serían los portadores de un carisma especial, el de la verdad. El obispo, pues, posee la fe tradicional y la capacidad de interpretarla.
Cuando se dice que fuera de la Iglesia no hay salvación, solo herejías, se está diciendo que fuera de los obispos, el magisterio de verdad, solo hay herejía y condenación.
Ya puestos, alguno incluso no tuvo vergüenza alguna en declarar que, por eso, por los obispos y su carisma de verdad, la Iglesia no deja de parir al Logos, al Hijo de Dios.
Eso tenía sus consecuencias. Ireneo, por ejemplo, se animó tanto en lo de defender una doctrina por la sede episcopal desde la que se hacía, frente a los herejes que no tenían sedes de categoría, que miró a la iglesia en Roma como una fuente de verdad, pues si ya con un apóstol tenía tela la cosa, con dos era un telón.
Y puso allí, además de nuestro buen Pablo, acreditado, a nuestro Pedro, ya convertido en suyo, de ellos, sin acreditación alguna en su estancia pretendida en la ciudad. Con eso dos apóstoles, el carisma de los obispos de Romo tenía que ser el no va más. Y lo propuso. Todavía no está el papado, pero ya se está papando el ambiente.
Sus palabras carcomerán como gangrena, nos dijo nuestro Pablo. Y así se demostró en la historia. Vicente de Lerins (-450) va más adelante en el argumento, y al final, todo gangrenado. Y eso se presentó y se presenta como la gloria de la sanidad y santidad.
El resultado es que la verdad ahora hay que tenerla y buscarla en la doctrina de los padres antiguos, en comparación con lo cual, la propia Escritura queda relegada a simple fuente de donde ellos sacan el agua suya de vida.
Es de ese autor el principio (430) de que el fundamento de la verdad, la tradición, requiere que se aplique esta norma: que una doctrina sea lo que se ha creído siempre, por todos, y en todas partes.
Ya tenemos la sola tradición, con la cual, como es sacada de la Escritura, tienes la verdad y estás libre del error. Por lo tanto, con la sola Escritura te puedes perder, pero con la sola tradición estarás asegurado.
Por eso la iglesia papal podrá prohibir la lectura de la Biblia sin pestañear, pero ofrecer la divulgación de la tradición, la doctrina de sus padres, como su deber y luz para el mundo. El problema, a mi entender, es que esta postura, vestida con traje diferente al papal, es la que defienden en algunos círculos evangélicos, cuando hablan de la sola Escritura.
De ahí su afán de encontrar en los padres antiguos autoridad para la defensa de esa doctrina. Al final, en unos y en otros, la Escritura está sujeta a la interpretación, al cuidado y preservación, de los padres antiguos. Nuestro Calvino es el gran enemigo de ambos bandos, por eso no lo quieren ni en un sitio ni en el otro.
Trento supone el momento cuando estas cosas se ven en sus contradicciones, aunque luego se presente su doctrina como final e infalible. El concilio al que el papado le tuvo aversión sin tapujos, luego se va convirtiendo en su desarrollo en la ocasión de arreglar el papado, que eso es su logro, y clarificar posición contra el protestantismo.
La diversidad doctrinal no la produjo Lutero, en el papado ya estaba en los distintos grupos de autoridades escolásticas y religiosas (las órdenes).
Esta diversidad, con la ayuda del gran cuerpo ayudador de los jesuitas, se arreglaron a la manera del papado, con un lenguaje confuso en las formulaciones. Y todo bajo la dominación de un tribunal copia del hispano, su inquisición, creada en el momento para ese momento y que luego sigue funcionando para otros momentos.
La unidad, de la que tanto se presume, es consecuencia de un lenguaje confuso. Aún hoy se discuten aspectos de la tradición, que es la verdad, pues no se atiende si algo está conforme o no con la Escritura, sino si lo está con la tradición.
Trento propuso la verdad que se tenía que recibir (en su sesión 4ª) respecto a la Escritura y la Tradición “que se asumieran con igual reverencia”.
La Escritura tiene como autor a Dios, y la Tradición a Cristo o el Espíritu Santo, obrando en su Iglesia por el magisterio. Ambas son inspiradas.
Sin embargo, fieles a su método de confusión, delimitaron y numeraron los libros de la Escritura con un canon de obligada recepción, pero del canon de la Tradición no dijeron ni pío. “Será tradición lo que me guste”, dijo un obispo con ironía para rechazar esa propuesta (recogido en las actas).
Se trata de aceptar a un Cristo que hable, pero que no tenga autoridad y señorío, que no sea Rey. Al final, y no es broma, Cristo será la Tradición.
“El reino de Cristo es espiritual. No podremos comprender su naturaleza y utilidad sin reconocer ese punto… Cristo enriquece a los suyos de todo lo necesario para la salvación de sus almas, y los fortalece con la fortaleza de su Espíritu para que resistan inexpugnables e invencibles contra todos los ataques de sus enemigos espirituales. De donde deducimos que reina más por nosotros que por sí mismo, tanto por dentro como por fuera; para que, enriquecidos con los dones del Espíritu, de los cuales naturalmente estamos faltos y vacíos, y recibiéndolos en la medida en que Dios sabe que nos son convenientes, sintamos por tales primicias que estamos verdaderamente unidos con Dios para llegar a una perfecta bienaventuranza.
… Con esto aprovechamos… porque, no siendo terreno, carnal, ni sujeto a corrupción, sino espiritual, nos orienta hacia la vida eterna, para que con paciencia pasemos esta vida presente entre miserias, hambre, frío, menosprecios, injurias, y otras molestias; satisfechos únicamente con saber que tenemos un Rey, que nunca dejará de socorrernos en todas nuestras necesidades, hasta que, concluido el término de la guerra, seamos llamados al triunfo. Porque su manera de reinar es tal que nos comunica todo cuanto ha recibido del Padre.
… El reino de Cristo es eterno… Por lo demás, la autoridad de san Pablo cuando dice que Cristo entregará el reino a Dios y al Padre, y que él mismo se someterá, a fin de que Dios sea todo en todas las cosas (1 Co. 15:24-28), no quita nada a la eternidad de que hemos hablado; porque el Apóstol no quiere decir, sino que en aquella perfecta gloria la manera de gobernar no será como ahora.
Porque el Padre ha dado todo su poder a su Hijo para que nos lleve de su mano, nos dirija, nos acoja bajo su tutela y nos socorra en todas nuestras necesidades. De esta manera, mientras permanecemos lejos de Dios peregrinando por este mundo, Cristo media e intercede por nosotros para hacernos llegar poco a poco a una perfecta unión con Dios…
Y así concluye muy bien san Pablo, que Dios en el último día será por sí mismo Cabeza única de su Iglesia; pues entonces Cristo habrá cumplido enteramente cuanto pertenece al oficio de regir y conservar la Iglesia, que había sido puesta en sus manos… Pues precisamente adoptó la persona de Mediador, para descender del seno del Padre y de su gloria incomprensible y acercarse a nosotros.” (Calvino, Institución.)
Al final estamos en el inicio: Conque Dios os ha dicho. El que tengo un sueño o fantasía, que lo cuente, pero que no diga que eso es palabra de Dios, que lo dijo nuestro Jeremías. Desecharon la piedra angular porque tropezaron en la Palabra que la hacía piedra angular, a lo cual fueron destinados, que lo dice nuestro Pedro.
La semana próxima, d. v., Cristo Sacerdote.
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