Si esto es un síntoma, la cosa anda irrecuperable. Ya se habrán enterado, incluso yo, de algo que aconteció el pasado 2 de mayo en Madrid, en el estadio Metropolitano, del Atlético de Madrid, donde se reunieron cerca de 40000 personas, evangélicos, para cantar y evangelizar, convocados por la plataforma que da nombre a la reunión, The Change.
Mi único consuelo, y lo pondré, d. v., la semana próxima, es la condición de nuestro Redentor de profeta, rey y sacerdote.
Con su palabra, profeta, echa por tierra todas las palabras y evangelios humanos, esos basados en tradiciones de hombres, los que corresponden al padre de la tradición, aquél que dijo, conque Dios os ha dicho, es decir que, arregló para sí mismo a la palabra de Dios.
Eso es el pecado en su inicio, al final el pecado original va a ser la tradición. Nuestra pulsión es hacia y por la falsificación de la realidad, formando lo que nuestro corazón imagina.
De ahí nos ha librado nuestro Redentor, y ya no tenemos el pecado ante el tribunal de quien nos juzga, porque ahora somos de la Verdad, y el que nos juzga es la Verdad. Ya lo veremos.
¿Y qué tiene que ver todo esto con lo de Madrid? Pues anticipar que eso de Madrid, a mi modo de ver, es una señal de que el Evangelio se ha cambiado.
Ahora se presenta la autoridad de algunas personas, se ha caído en la mediación de mediadores y mediadoras, de los cuales se recibe la “palabra”.
El acto es de raíz ecuménica, y podría haber estado lleno de católicos, como otros de referencia unos años antes en Portugal, y se podría haber recibido la bendición papal incluso.
Los grupos y personajes ecuménicos dentro de la conferencia de obispos, con el arzobispado de Madrid, no se hicieron presentes porque no se les presentó la ocasión de ser preeminentes en el acto.
Esos pastores y pastoras de la imagen simbólica poniendo sus manos con bendición sobre el presidente estadounidense, son los mismos (no personalmente, que no lo sé si alguno, pero sí de estilo y doctrina) que rezaron con el papa Francisco, con los que compartía fe y tradición.
Son los mismos que bendicen al vicepresidente, tan católico, cuando este reza ante una virgen, o el rosario. Todo esto, a mi modo de ver, es una aberración y una negación de la obra de Cristo. Es otro cristo, que ya se sabe.
Una cosa no quita la otra, y de ahí el título de nuestra conversación. He recibido enlaces de declaraciones de personas y grupos de izquierda (algún católico también) que han dicho de todo sobre esa reunión.
Un titular era algo así como que ya estaba aquí el circo evangélico, y cosas semejantes. En todos se avisaba del peligro de las sectas evangélicas.
Que algunos políticos y responsables de izquierda se pongan las manos en la cabeza porque estas gentes, con sus propuestas religiosas busquen ganar dinero, incluso dominio político, pues es para asegurar que serán mediocres para valorar y solucionar cualquier problema de la sociedad. ¿En qué país viven? Lo que ya está aquí desde siglos, no que venga ahora, eso es tradición y cultura popular? ¿No es engaño religioso?
¿Hubieran dicho algo si en el acto aparecen grupos católicos, con sus rezos, una bendición de alguna jerarquía…? Pues en otros sitios ha ocurrido precisamente eso, porque el talante es ecuménico. ¿Y si luego se hubieran ido a alguna romería, donde tanto gustan las izquierdas?
Parece que ahora han caído en la cuenta de que una religiosidad falsificada es un gran mal para la sociedad. Todavía están a tiempo. Ánimo. Lo mismo nos dejan algo mejor si gobiernan que obligar a que se diga niño, niña o niñe, él, ella o elle. De qué secta serán los que han hecho eso.
De todos modos, a nosotros nos viene bien esto. Cuando tengo que diferenciar mi posición religiosa, a veces simplemente digo advirtiendo, que no me tomaría ni un café con la mayoría de los pastores evangélicos (también al respective); ahora se resume el asunto con no somos de esos que salen en la tele. También, que nuestra perspectiva social no tiene nada que ver con esos inútiles que no saben ni ver lo evidente.
La semana próxima, d. v., nos vamos con nuestro Señor como profeta, con lo que no quedará en pie ningún añadido a su voluntad.
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