Prioridad nacional

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Prioridad nacional
Prioridad nacional

Por fin alguien ha puesto la prioridad nacional en la prioridad nacional.

Muy bien. Así debe ser. Que no vengan gente de fuera a quitar lo que podría ser de los españoles. Por ejemplo: la posibilidad de disponer de una vivienda correcta.

No permitamos a gente sin moral con fondos para comprar y vender, que, con la connivencia y colaboración necesaria de gente de aquí, vienen a llevarse lo nuestro. (Aunque, según quién, como yo, nunca me he aclarado qué es lo nuestro y quiénes son los nuestros. Ser pastor calvinista supone aquí no ser nunca de los nuestros. Historia.)

No consintamos que esas mafias poderosas, que comercian con personas, sigan esclavizando a los nuestros con el sistema económico que han fabricado, con el cual han engañado de tal manera a los nuestros que los hacen trabajar para ellos por un simple techo.

Es verdad que esta parte de la verdad es más verdad en las grandes ciudades. Pero es que esas mafias tienen otro campo donde esclavizar y robar: la sanidad y la escuela.

Que aquí, hasta donde yo sé, mucha sanidad y escuela pública no ha habido nunca, pero ya que se consiguió no hace tanto, que no la expropien esos de fuera con la connivencia de sinvergüenzas de aquí. Que para eso está la política.

Aunque aquí se ve que la política está para lo uno y no para lo otro.

Muy bien con eso de la prioridad nacional, que mira lo que pasó. Que la prioridad sea con los abuelos de aquí, que mira qué prioridad tuvieron cuando la pandemia. No aceptemos a los que traen a la pobre gente, sobre todo a la gente pobre, intranquilidad, angustia y temor.

Y ya puestos en prioridades, démosle prioridad a escuchar una Ley que promete bienestar y felicidad con buena convivencia social.

“No os volváis a encantadores ni a adivinos [descripción, entre otros, de los engañadores con señuelos, también económicos]; no los consultéis, contaminándoos con ellos… Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano… Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo… (Esto está en Levítico, salvo para alguna cosa ritual, existía una misma ley para las dos comunidades.)

No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan dentro de tus ciudades… No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda… (En Deuteronomio)

A la nación la destruye el que oprime y roba al extranjero, que seguro hará lo propio también con los “nacionales”. Nuestra prioridad debe ser frenar a esos miserables, por el bien de nuestra tierra. Pero eso no casa con la casa histórica donde vivimos. A ver si viene algo de Reforma.

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