Que el almanaque señala días festivos, claro que sí. La significación religiosa de estos días, son el significado evidente de la perversión del cristianismo, no de su santidad.
Esto lleva siglos. Desde el inicio se procuró eliminar al Cristo y su obra, pero con formas religiosas, incluso usando su nombre y para su gloria.
Que las formas religiosas que vemos en semana santa son las señas de identidad del papado, pues es evidente. Que el mundo evangélico pretenda celebrarla de otra manera, es otra manera de señalar lo mismo.
No hay nada que celebrar en una semana concreta, ni en un día concreto. Ya el tiempo ha sido consagrado en su totalidad, por quien tiene poder. Nuestra existencia como redimidos es una celebración continua, eterna.
Otra cuestión es pretender que existan espacios o tiempos “sagrados”. Eso siempre ha sido y será. Para colocarnos en el sitio inicial cercano, esas consagraciones se dieron en el mismo inicio del imperio romano, con Julio César. Luego con los emperadores y sus familias.
El modelo de santos y patronos es una transferencia de esos rituales. Esto es historia, solo leer. Que la cristiandad se “convirtió” al imperio, y no al revés, no es un juego de palabras, sino palabras mayores.
Para ver ahora una procesión, es necesario mirar al pasado para reconocer qué hay, y desde luego, nada de “santidad”. Esto, claro está, según mi opinión, pero basada en la Escritura, si quieren, día y hora, y se discute en público.
Que el papado no fabrica algunas supersticiones iniciales, es evidente, pero que las acoge como sustento de su identidad, y luego las multiplica, también es evidente. Una de ellas es el calendario religioso o litúrgico.
Los primeros calendarios de los que tenemos referencia son un montaje sobre bulos, y siguieron aumentando con mentiras y bulas. Hasta hoy.
Las fechas que iniciaban el recorrido temporal se fundieron con navidad y, de ahí, surge la semana santa o pascua. Que el mismo concilio de Nicea ya se ocupa de eso. Pero estamos en el siglo IV. Temprano, pero ya con un buen tiempo de historia.
De la navidad la primera referencia está en el relato de mártires. Todo junto. El Cronógrafo, del 354, que no tenemos copias, pero existió, es donde se dice. Se contienen 52 nombres de santos. No debería olvidarse.
El otro calendario, más fundamental, es de mediados del siglo VI, se le nombra como martirologio, atribuido a Jerónimo, pero de autor anónimo. Es el fundamento del poder romano, hasta que poco después, mitad del siglo VIII, fabriquen la falsa donación.
Contiene la lista de papas, desde el siglo III, junto con un montón de santos. Bulos a montones. Pero eso es el fundamento.
El problema será que el mundo evangélico quiera, se ha puesto de moda en algunos sitios, un calendario litúrgico anual, como si fuese gran bendición, cuando eso es lo que es.
No se debería olvidar que en ese documento se incorpora la celebración de la navidad de Pedro, es decir, su nacimiento, su cátedra (esto en latín, claro está), que corresponde al 22 de febrero, vete tú a saber por qué. Incluso no quedaba de momento claro si era la de Antioquía o Roma, pues en ambos sitios estuvo como obispo.
Es decir, que se celebraba la instalación como obispo. De lo cual, al menos ya sabemos, que en Antioquía pasó por allí, y lo abroncaron, pero de Roma nada de nada.
Ningún historiador católico te dirá jamás que haya algún documento serio que indique que Pedro pisó Roma. Todo bulos. Sobre este bulo edificaré mi iglesia dijo uno, padre de bulos. (Por supuesto, el que los protestantes estén muy divididos, y que no sepan explicar la caridad con la fe, no hace que Pedro siquiera pasara por Roma.)
Bastantes siglos después, porque la cosa ya no pintaba bien, cambiaron las dos cátedras de fecha, la una el 22 de febrero (Antioquía), y el 18 de enero la romana. Burradas. Esta fecha fue quitada en 1960. Pura santidad. Pues estas aberraciones están unidas al calendario. Si te quedas con él, ya sabes lo que te puedes llevar a casa.
Por cierto, que ese año, 1960, ya se sabe, siglo I, el papa de turno cambió otras celebraciones. Una de ellas muy vinculada a la semana santa, la inventio [descubrimiento] de la vera cruz, también santa, el día 3 de mayo, las cruces de mayo.
Siglos y siglos de mentiras, que luego te dicen con toda la cara que eran mentiras. Pues eso es la santidad de la semana santa, para quien quiera o pueda ver.
También se quitó la aparición de san Miguel, 8 de mayo. También la de Pedro encadenado [ad vincula], el 1 de agosto. Encadenado en Roma. Pero si ni la pisó. También se llevaron por delante otros santos, que se reconoció que no existieron, aunque a los más venerados, aunque no existieran, se dejaron.
La semana santa es una expresión evidente de ofensa contra la obra perfecta del Redentor. Les envía espíritu de error para que sigan al mentiroso. De esa corrupción, tan de nuestro natural, nos ha librado nuestro Dios. Nuestra comunidad es santa, sin pecado, sin corrupción, celestial. La otra es terrena, con obras de carne terrena. No hay más.
