Parece un juego de palabras, pero es la verdad esencial hoy sobre el modelo moral que llaman “cristianismo occidental”.
Tampoco se ha descubierto nada, ya es antiguo. Se trata de la rebelión clara y profunda contra Dios, pero usando un cambio en la voluntad de Dios, que ya habría que ponerlo entrecomillado, para obedecerla. Es una obediencia y sumisión a una voluntad que es precisamente lo contrario de lo que Dios ordena.
El nuevo viejo orden internacional. Que ya se dice sin que pase ni se sienta nada, que no tiene nada que ver con una legalidad internacional. Que no hay derecho internacional.
Este sería el modelo de cristianismo ecuménico, porque es para todo grupo, que debe seguirse. Si estás en contra, entonces eres del enemigo, estés donde estés y seas del grupo que seas.
En vez de proclamar: “No queremos que este reine sobre nosotros”, manifestando el rechazo a la voluntad de Dios, expresada en su Ley y Evangelio, a la que se considera injusta, y el rechazo a su autoridad como Legislador, ahora lo que se hace (que no es nuevo, ya digo) es cambiar la ley y el evangelio y hacerlo conforme a la fantasía humana, y ahora sí, esas normas que proceden del “nuevo legislador” son buenas y deben obedecerse. Y esa es la gloria de estos, que rebeldes contra el Dios y Padre del Redentor, se presentan como gente obediente y sumisa ante un dios que es su padre y redentor, ya se sabe, de quien son hijos, que lo dijo nuestro Redentor.
Han establecido su propio evangelio para salvación por su gracia, y su propia ley para santificación por sus obras, y lo ofrecen al Cristo para que así pueda reinar por todo el mundo. Le ofrecen al Redentor la buena nueva de su éxito para ganar lo que Él no supo. Le ofrecen su reino para que gobierne por todo el mundo. Ya se lo dijo el Gran Inquisidor aquí en Sevilla. Aunque el viejo inquisidor desconocía que no solo su iglesia, sino las hermanas, también harían lo mismo.
Los desvergonzados han pedido a Barrabás, pero con la máscara que de ese modo rinden servicio y adoración a Dios. Ni el trono de la justicia política, el imperio; ni el altar, el templo, hacen otra cosa que condenar y crucificar al Mesías, aunque ambos con la máscara de la justicia y la santidad. Así lo hicieron, y sus evangelistas y pregoneros lo siguen haciendo hoy.
El Evangelio y la Ley del Redentor, cuando llega a los espacios del trono y el altar, son recibidos con rechazo y afrenta. Saben que no pueden conservar su evangelio y sus leyes ante la luz de la Palabra, y saben, o intuyen (nosotros sabemos) que perecerán por esa Palabra. Que no la quieren para vivir, y les servirá para morir, o manifestar la muerte que ya tienen, que es lo mismo.
Así fue con los fariseos y religiosos del templo, donde adoraban y servían a Dios. Así fue con el palacio de justicia del imperio, donde se servía a la más alta categoría de bien y equidad. Pero sin Dios, ni podían soportar su presencia. Seguimos en lo mismo.
Los que presumen de los mártires que, fieles, se mantuvieron en su doctrina frente a la pleitesía del emperador, ahora se han arrodillado ante el imperio y lo han abrazado, adornándolo de cristiandad. Eso es lo que pasa con Nicea y más asuntos.
Burlándose de la poco hábil de la postura de nuestro Redentor cuando el Destructor le ofreció dominar el mundo, estos han recogido su ofrecimiento, y ahora dominan el mundo, bajo el Destructor, pero diciendo que sirven y adoran a Dios. Adoran al Opuesto con las ropas robadas del Cristo.
Nuestro Casiodoro de Reina tiene una observación notable ante la noticia de la falsa donación de Constantino (ese modelo de infamia ética, de corrupción moral, de robo descarado con formas pretendidas legales, esa tremenda demostración de la verdadera cara del papado). Dice que si es falsa, realmente demostraría la corrupción de la entidad que la fabricó, pero que si fuere verdad, entonces sería el colmo de la corrupción, pues recibir del Diablo lo que Cristo rechazó es el colmo de la rebelión.
Pues en esas confusiones vamos a seguir, pero con la luz y amparo de la Verdad, aquí estaremos atentos para avisar de las mentiras.
Y ya puestos, les pongo un aviso de lo que ya nos viene encima. Resulta que, no hace falta más que estar de paso, para ver que los que asumen una España suya, que ya se sabe, están dale que dale con sus glorias pasadas. Todas opuestas, claro está, a lo que supuso la Reforma, calvinista, especialmente. Y ahora resulta que una de sus glorias es que aman y ensalzan a Estados Unidos de América, y van a celebrar su 250 aniversario.
Aviso: esto demuestra que están bajo las órdenes del jefe de allí, con sus ideas de nueva grandeza. Esto es falso, como la donación citada. La formación de ese noble Estado, o federación de Estados, ese modelo de república y democracia, nació en contra de todo lo que supone la gloria de España, en esos momentos, y de la política actual de lo que ya es imperio sin reparos morales.
Esa República era el modelo a batir del Vaticano, y lo más contrario a lo que suponía la corona hispánica. Y el asunto era recíproco. También para la noble República el papado era lo contrario a su naturaleza, y se dispuso que no entrara en su territorio.
Si ahora el papado y la idea de España, tan medieval, ya no son contrarias, entonces es que ese Estado ya no es lo que fue.
Han cambiado a Cristo, su Ley y su Evangelio, en ambos sitios. Pero, como en la falsa donación, han quedado al descubierto. Aunque sus siervos no lo quieran ver.
