Escribo esta conversación justo el sábado antes de que salga, una semana. Entremedias, seguro que han ocurrido cosas. Hoy, sin embargo [ese sábado], ha ocurrido que leí una página de opinión del diario Levante: Springsteen, sobre la canción que ha compuesto para memoria de lo de Minneapolis. Formidable.
Luego, en la tele pusieron algo con imágenes del cantautor. Y ha ocurrido también que la administración de justicia estadounidense funciona, a pesar del peso que le ponen, y se han publicado los archivos Epstein (2000 vídeos y 180000 imágenes, eso he leído).
Y antes había ocurrido lo del funeral en Huelva, con sus previos. De ahí la sensación de que el Estado muestra bastantes signos mortecinos, quizás no de funeral todavía, pero déjalo tú seguir, y ya veremos. (En la ley levítica mortecino se decía de un animal encontrado muerto en el campo, sin llegar a tanto, pero, cuidado.)
Por supuesto, sobre el funeral, que ahora cuento, abrazo de absoluto afecto a las familias de los fallecidos en el accidente, con el mismo afecto que a las familias de los fallecidos en Gaza, o en Ucrania, o … con el dato de que en esos sitios no han sido muertos por accidentes, sino por bombas manejadas por personas. (Si por lo uno se debe pedir responsabilidad, imaginen por lo otro, aunque nadie lo hará.)
Viene de lejos, mira, si no, el franquismo, pero se manifestó, por buscar fechas más cercanas, cuando Aznar, que se crearon entidades para promover la verdadera historia de España, usando las nuevas herramientas.
Se hizo una película sobre el bondadoso imperio, y una señora escribió un libro sobre la infamia de negar la bondad imperial , entre otras actuaciones, cada uno hizo lo que pudo.
Esta siembra ha dado sus frutos. Antes incluso había cierto rubor por decir esas cosas imperiales, pero a base de repetir, los que antes tiraban y escondían la mano, ahora incluso la alzan.
Cada vez tienes que desbrozar más selva mediática, propagandistas de su fe, para poder abrir camino en la memoria siquiera de nuestra, ¿o será de ellos solos?, España. Van a cara descubierta, si no fuera por el equívoco, se podría decir al sol.
La imagen, el icono sagrado del asunto, es bastante evidente. Tenemos un imperio sacro hispano, con sus pies pisando tierras como gran bendición para las mismas, lo mismo que antes el romano. Que se sustentara en un ICE a lo bestia durante tres siglos, esa Inquisición adorada, adornada y añorada, forma parte del icono y le da su textura inequívoca.
Esa imagen incluye unos ataques en el XIX procedente de la Revolución, esos herederos de la Reforma Protestante, pero se logra evitar evitando siquiera la presencia de algo revolucionario en su sacro suelo (el telégrafo o los trenes, no es broma), y elevando santuarios expiatorios del sacro corazón aquí y allá, mira la sagrada familia, o el que sus hermanos pusieron en París, en Montmartre, justo enfrente de donde la Revolución y su comuna.
Tras la victoria del XIX, la del XVI, semilla de todo, ya lo sabemos, en el XX otra vez la Revolución socialcomunista, que con su República casi trae libertades laicas. Arriba Franco, y debajo un pueblo pisado, lo impidió. Y eso duró hasta su muerte. En esta imagen, el franquismo es la continuidad sacra de la existencia imperial.
Y luego vino lo que tenemos, que los enemigos de España se hacen con el gobierno, proponen una democracia laica, aunque muchos con más cera de misa que la que correspondería, y eso ahora es lo que se tiene que derribar, con ICE o con lo que sea, hay que expulsar a los malos españoles, si no del terreno, de las esferas de gobierno. (Y del terreno, cuidado, que hay precedentes.)
En ese icono, el franquismo es parte integral, incluso modélica, del imperio. Que empiece con los godos, habrá matices, pero su inicio con los reyes católicos, y continuado especialmente con Felipe II, el añorado, hasta la muerte de Franco, eso es verdad absoluta, dogma patrio de cualquier patriota.
Tan dogma como que ese imperio se veía a sí mismo como una transustanciación del catolicismo, sin lo cual no será nada, de ahí su defensa de lo uno para conservar lo otro, tanto da (y no digo “del papado” porque se necesitaría acotación, pues el papado con algún papa, en más de una ocasión se las tuvo tiesas con el citado imperio).
Y con ese catolicismo, ahora papal sin excusa, nos vamos al funeral. Que tampoco me queda claro si era uno de Estado con rito católico, o un ritual católico al que se invita al Estado. No importa.
Se decía por las redes, que ahora las veo un poco, que “no había otro funeral posible”, porque… No sé por qué. Seguramente por la adscripción religiosa de la mayoría de fallecidos.
El problema de ese argumentario es que si se dan otras circunstancias, seguro que no se aplica. Un suponer que se mueren todos los que vienen en un autobús, de celebrar una misa satánica. Ya me dirán. O, lo que podría ser más posible, que fueran una mayoría de musulmanes. ¿Se imaginan un funeral “de Estado” con rito musulmán? Pues la misma lógica.
Ya dentro, desde fuera, que lo he visto entero. Lo primero, y no veas la que le ha caído a la reina, los reyes van y detrás un montón de clérigos, y la reina no se santigua. Los insultos por eso daría para que un devoto, espantado, se santiguara.
Aunque solo sea por el gesto de no gesticular ritos religiosos en los que no cree, la reina me cae bien. Pero es que, según los que entienden de eso, no tenían que santiguarse en ese espacio y momento, tampoco lo hicieron los clérigos que venía detrás.
Pero vamos a la señal de la cruz. Eso de santiguarse, signarse, persignarse (que lo miré en la rae), no es signo de respeto o devoción, sino de prevención, (que esto lo he mirado hace muchos años en los textos antiguos de la iglesia antigua). Con el signo de la cruz se significa que se previene del poder de los diablos.
Si la liturgia católica está llena de esos signos, lo mismo es que piensan que sus templos están llenos de demonios. La señal de la cruz es una signo de la corrupción del cristianismo desde muy, muy, antiguo.
(Con la señal de la cruz, la gente se protegía del diablo y sus males al salir de la casa, muchos aún siguen realizando el ritual mágico. Otro modo de protección y asegurar el regreso sano y salvo, era invocar una imagen de san cristóbal, de ahí su figura recurrente en los coches de antes. También la tenían en las puertas de castillos, monasterios y palacios. No existió. Es mentira. ¿Qué decir de los que enseñan a confiar en esas mentiras? Aunque nadie obliga, el pueblo lo quiere.)
Y luego nos quedamos, donde tantos se han quedado, en las palabras de una señora familiar de una fallecida. Con gran sentimiento fueron pronunciadas. Para mí es una gran pena ver el sentimiento religioso sincero, basado en una religión falsa. Esto, por el sur, tampoco es raro.
Propuso, y se ha repetido por todas partes, que allí, además de gratitud a su diócesis, no cabía más presidencia que la del dios que habían convertido en dios por la palabra de consagración, y eso al amparo y presencia de la madre de ese dios, bajo la advocación de la virgen de la cinta, presente en su imagen.
Sentimiento sincero, pero a mí me produce un sentimiento, también sincero, de profunda repulsión. Repulsión a la doctrina religiosa que sustenta ese sentimiento, y, sobre todo, a los creadores de esas doctrinas, allí revestidos con sus vestidos, y, encima, encima del plano que correspondía a los representantes del Estado, que tenían que mirar para arriba para verlos.
Nuestro Redentor, el Rey de reyes, preside sobre todas las cosas. No le hace falta que lo inviten o lo hagan presente por un acto mágico de transustanciación. También hubiera presidido un funeral laico.
Nuestro Redentor no depende de laicos, religiosos con sus vestiduras, advocaciones con sus poderes, o lo que la imaginación imagine. Está por encima de todo, y todo lo tiene decretado desde la eternidad. También el accidente y el funeral.
Y la responsabilidad de cada cual está en cada cual, por el accidente y por el funeral con su expresión religiosa contraria a su Palabra.
Que Andalucía, porque se dijo, es tierra mariana, pues habrá opiniones. Lo que es seguro que eso no sale de la tierra como los espárragos. Alguien lo ha puesto ahí. Eso es fruto, no de la tierra, sino de personas concretas, con motivos concretos.
Las tantas advocaciones invocadas para que tengan en sus brazos a los difuntos, con tanto sentimiento y sinceridad proclamado, se me permitirá que exprese mi dolor y sentimiento porque ese sentimiento se base en cosas que no existen, y que me cabree contra los que han “fabricado” su existencia, y con eso viven y existen ellos y ellas.
El Señor amparará, Él sí, a los suyos. Volved a ese Dios que salva, dice a su pueblo errante, que camina en sus caminos de rebelión… En ese día “arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que para ellos han hechos sus manos pecadoras”, lo dice nuestro Isaías.
Y el Señor quitará de la tierra productora de advocaciones “todas sus idolatrías y todas sus abominaciones, y les dará un corazón, y un espíritu nuevo podrá en ellos…”, pero a los que caminan tras sus supersticiones, les hará seguir sus frutos, que caerán sobre sus cabezas, que lo dice nuestro Ezequiel.
Nuestro Dios está en los cielos, todo cuanto quiso ha hecho, que la dice el texto sagrado. Y ha hecho también que los que se llaman de su nombre y se presentan como su pueblo, vivan bajo espíritu de ignorancia, errantes por los caminos. De su voluntad nos hizo nacer por la palabra de Verdad, para tener su vida, que lo dice nuestro Santiago.
Si el funeral hubiera sido privado, está claro, no digo ni pío. No es el caso. Por otra parte, ante lo que ves, con tu sentir y opinión, como algo realmente grave y dañino, ¿te callas?
No sé si alcanzo ese estatuto de patriota, antes el de hidalguía se compraba, éste no sé si habrá modo. Me uniré a nuestro Cipriano de Valera y, al menos, con él diré que aprecio y me duele mi nación, que es notable y tiene valor, incluso que es celosa de Dios sin duda, pero que su celo no es conforme a ciencia. Y con él me enfadaré y aborreceré a los que la han esclavizado.
Reconociendo y confesando que hemos salido de ahí, de esas mentiras, solo por la misericordia de nuestro Redentor, que nos llevó con él en la cruz, y muriendo mató toda nuestra muerte y sus frutos.
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