Advocaciones: La mayor ofensa contra María

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Advocaciones: La mayor ofensa contra María
Advocaciones: La mayor ofensa contra María

La idolmanía del corazón humano no tiene límites. El término lo usa Calvino en su carta al emperador para reclamar la reforma de la Iglesia.

Entre los males evidentes que debían derribarse estaba la intermediación de santos, reliquias, y todo lo que el papado necesitaba para conservarse.

Efectivamente, “no tiene seguridad su sede sino expulsando el reino de Cristo”. Si hoy rogamos “que venga tu reino”, como es legítimo pedir, eso no puede tener alcance alguno en la comprensión del que ruega, sin que se contemple la ruina y derribo del papado y las iglesias que le siguen. Donde lo uno, no está lo otro. Aunque sea doctrina de la Escritura que el propio reino del anticristo está bajo el control y poder del Cristo.

Algunos se relamen porque presumen que el “nuevo orden mundial”, sea eso lo que fuere, solo puede sostenerse sobre el antiguo orden papal. Y lo dicen tal cual.

No nos quita el sueño, ni lo repetiré mucho, pero hay que decirlo y recordarlo de vez en cuando. Sobre todo, porque nos presentan recordatorios a cada paso.

Unos días tan solo cuando el papa actual bendijo unos corderos, de cuya lana unas monjas elaboran los palios cardenalicios. Eso en el recuerdo de santa Inés, la mártir tan joven. Una más de la lista del santoral, cuya presencia histórica carece de historia. No importa.

¿Han leído la leyenda dorada o áurea del dominico Jacobo de la Vorágine (-1298)? Un santo. Las fantasías mentirosas son las que conforman el papado en su riqueza litúrgica.

Estas imaginaciones son las que conforman la iconografía de la “cultura cristiana de occidente y de oriente”. Quitas las mentiras, y se cae el edificio. Esto es así, se diga así o asá.

Por poner el caso más evidente: no existe ni un solo documento con valor que acredite que Pedro siquiera estuvo en Roma. Ni uno. Nada. Pues ya se sabe que el papado se basa en la tumba de Pedro, muerto de aquella manera tras, al menos, veinticinco años de “papado” en Roma.

Un papado, con todo su ruido y oropeles, basado en una tumba vacía, y no la de Cristo precisamente, sino en la que quieren meter a nuestro Pedro. (Por otra parte, si hubiere estado en Roma, no pasa nada, nunca fue papa, pero es que ni pasó por allí.)

Con los mártires falsos fabricaron un repuesto a todos los patronos paganos del orbe, que para eso son católicos. De Roma, oriente, Grecia, y donde sea menester…

Mano de santo, que se dice de los remedios que curan. Y hay manos y rituales, y reliquias de todo pelaje. Y eso lo muestran como cristianismo. Que ya se dijo, que para encontrar a Cristo entre tantos patronos tienes que esperar a que pase toda la procesión.

La cosa, por evidente, no deja de necesitar que de vez en cuando se recuerde. Y recordemos lo evidente: que ningún redimido puede asumir que su obra es meritoria, o que supone un apoyo o ayuda a la de Cristo. Ninguno. Ninguna.

Una comparación: o te quedas con el Saulo que vivía en el cumplimiento de la Ley, o con el Pablo que considera basura lo que antes tenía.

El papado, y sus iglesia hermanas evangélicas, han colocado en un altar al Saulo, el de los méritos, como si fuese el Pablo redimido. Lo han secuestrado y han usado la imagen que él repudió como si fuese la suya verdadera.

Y todo esto, ¿a qué nos lleva? Pues a recordar que poner a Pablo como santo que se une con sus méritos a los de Cristo es la manera evidente de calumniar y ofender al propio apóstol. Los que despreciaron su ministerio en sus días, son los que ahora en sus herederos lo repudian y lo falsifican, poniéndolo como “santo meritorio”.

Eso vale para otros, que han existido, o no. El santoral papal, usado también en alguna de sus partes por otras iglesias, es una falsedad, una calumnia contra los fieles redimidos. No puedes rechazar el papado, y quedarte con sus santos, sean los que sean.

En un sentido, claro está, cada creyente es un santo y fiel, pero los “santos” en cuanto gente que oye a los que les piden, y pueden obrar para solucionar problemas en todo el mundo, como si fueran ubicuos en la práctica, esos no existen. Solo son fruto de la fantasía.

Y suponen una ofensa contra todos los verdaderos santos, los redimidos, sean los que sean. Y en última instancia, contra Cristo mismo, al que privan de su obra perfecta, al presentar colaboradores necesarios, en el cielo y en la tierra. Los santos y los que los veneran.

Pero, si cabe, donde mayor claridad se evidencia de este atropello, es con la figura de nuestra María. Cada advocación es un ofensa contra su persona.

Lo peor de lo peor: ponerla como ayudante de la obra de su Hijo. La mayor ofensa para un redimido. ¿Le robará la gloria a su Hijo? Cada vez que te anuncian que tu colaboración es necesaria para tu salvación, te están poniendo contra la cruz, en oposición al Redentor. Y si eso vale para cualquier creyente, ¿qué pensar de lo que han hecho con nuestra fiel María?

No es el caso, porque nadie, excepto por acción diabólica, se hace presente como fantasma (con grandes engaños y prodigios, que ya se avisa). Pero ¿se imagina alguien si nuestra María se apareciese en algún lugar? Es evidente que lo último que se le ocurriría es decirle a alguien que le haga un santuario. Si acaso, reclamaría que derribasen todos los que le han levantado.

Lo que Calvino puso delante del emperador en aquella ocasión, hoy lo tenemos que poner delante de los emperadores de turno. Pues todo hace indicar que el imperio actual quiere basarse en lo que Pablo llamó basura.

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