En 1544, el emperador Carlos V preside la dieta imperial en Espira. Para la ocasión Calvino escribió un pequeño tratado sobre la necesidad de reformar la Iglesia. “Una humilde exhortación [al emperador, príncipes y otras autoridades] para tomar en serio la tarea de restaurar la Iglesia. Presentada en nombre de todos los que desean que Cristo reine”.
Se trataba de mostrar a las autoridades que lo que ya se estaba llevando adelante de reforma de la cristiandad, no solo era urgente y necesario, sino que la autoridad cristiana política tenía que implicarse.
La lectura es evidente, si no lo hace, ella misma necesitará de reforma. Ya sabemos cómo acabó el emperador en Yuste, pidiendo fuego para quemar lo que en España significó esa reforma reclamada.
Enumeración de los males. Muestras de los remedios que los reformadores ya están empleando. No tenemos libertad para excusar o dilatar ponernos manos a la obra, la situación demanda un cambio inmediato.
En mi modo de ver, la obra hoy es tan necesaria como entonces. Por eso el tratado tiene su vigencia extraordinaria, aunque ya no es solo el papado, sino también el espacio de las iglesias evangélicas, por supuesto también las “reformadas”, en tantos ejemplos unidas.
Y las autoridades políticas, como entonces, apoyando el sistema, sin poner sus manos a la reforma. Como al emperador le valía la estructura del papado, hoy les vale la estructura religiosa donde no se destaquen las diferencias. Todas en el mismo saco.
Una ruina. Una calamidad. ¿Se imaginan que Calvino les pidiera a las autoridades reunidas en la dieta que se les diera a los reformados los mismos privilegios que al papado? Se trataba de la eliminación de la corrupción papal, no de repartir ganancias.
Yo voy a tratar de que esto se trate.
Pongamos por caso, ¿qué diferencias existen entre el papado de ese momento y el actual? Incluso, si bien miramos, se han aumentado dogmas y doctrinas que lo hacen más rechazable.
Si miras las indulgencias, mira el derecho canónico. Tal cual. Que la iglesia católica tiene la administración del tesoro de las satisfacciones de Cristo y los santos, todos juntas, son lo mismo, y puede vendarlas. Tal cual.
Sobre nuestra María, la amada hermana, se han aumentado doctrinas de demonios de lo más despreciables, ¿o las apreciamos?. Inmaculada concepción. Si no corredentora, sí auxiliar necesario en la misma redención. La asunción. Que lo dijo el papa de turno: “Definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”. ¡Revelado, revelado!
Un poco tarde quizás, en 1950, pero eso es suma a las cosas que se tenían que reformar en 1544. Si entonces era necesario, ¿hoy miramos para otro sitio?
Les pongo una pequeña ocasión, una mota irrelevante, pero que pone de relieve la irrelevancia. En el monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, donde nuestros Casiodoro, Del Corro, De Valera… existe un pequeño habitáculo, al final de la sala capitular, a la derecha. Se le llama “el reservado”.
En esa sala, durante décadas, y creo que sigue, se han emocionado a los visitantes presentando unas pinturas como si fueren de Julianillo. Una mentira gorda. Pues en reciente visita, con autoridades políticas, se presentó ese reservado, vaya que era donde se guardaba la hostia consagrada en semana santa, como un lugar “reservado”, donde solo el prior entraba una vez al año, y ¡salía malísimo!
Pues allí hay un cuadro, pequeño, donde se ve a la virgen María muerta. ¡La destrucción del papado! Desde luego el papado así no se destruye. Lo que allí se presenta, en varios episodios, es simplemente la historia de la familia de María, en su versión legendaria, con Joaquín y Ana, que la engendran con beso, no con coito [esto en latín suena], y luego se ve la dormición, o tránsito, de la virgen. Episodio de tradición común en oriente, que todavía celebra esas cosas.
El prior si entraba, no tenía nada que esconder, aquello era común, y tan común como luego el papa puso la asunción. ¡Es necesario reformar la Iglesia! [Quien guiaba y decía es profesor de historia.]
Calvino observa las cadenas del papado contra las iglesia locales de las naciones, y reclama que se eliminen. ¿Reclamamos eso hoy? Eso supone, seguro, conflictos y ataques contra quienes lo propongan. Eso es así, pero tiene que hacerse lo correcto. Ya se avisa, la tolerancia en esos casos no es sino cobardía y desprecio a Cristo y su pueblo.
Que Dios tiene redimidos, algunos de su pueblo, en el espacio papal, claro que sí. Pero la estructura, la doctrina y la adoración tienen que se puestas de manifiesto como obras de oscuridad. ¿O no?
El caso de Elías nos vale. Guardó el Señor siete mil, que no se veían por fuera como fieles. Y el profeta es acusado de “perturbar a Israel”. Como los reformadores lo fueron por el papado, y si hoy se hace lo mismo, lo mismo. El espacio político es el que le critica por lo que hacía. Pasará hoy también. Calvino lo menciona.
Es en 1 de Reyes 18:17-19, Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales. Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Y pasó lo que pasó. De todos modos, el reino de Israel no se reformó. El de Judá tampoco. La Iglesia en la Reforma, unos cachitos, y luego mira cómo evolucionó. Sabiéndolo, tenemos que proclamar la gloria y verdad de Cristo y su obra perfecta, para libertad a los cautivos, ojos a los ciegos… Sin pérdida de tiempo.
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte
