Soy una buena persona

| Fuente: protestantedigital.com/rss/magacin

Soy una buena persona
Soy una buena persona

“No le hago daño a nadie”. “No me meto con nadie”. “Respeto a todo el mundo”.

¿Te has topado con gente que dice eso? Yo sí. Y lo dicen honestamente. Y desde luego, mirando desde fuera, tienen razón.

Pero me alegro que aparte de a la mujer samaritana de Juan capítulo 4, que era considerada la escoria de la sociedad, que Cristo también hablara con Nicodemo en el capítulo anterior. En dos capítulos, el Apóstol Juan pone a la creme de la creme (Juan 3:1 y 10b) al lado de los que la gente evitaba (Juan 4:6-7), y al hacerlo, nos ponía a todos al mismo nivel.

Y el hecho de que Cristo presentara el evangelio a ambos tipos de personas nos da a entender que no se trata de lo bueno o malo que hayamos sido. No, la entrada en el Reino de los Cielos se obtiene por criterios diferentes.

Pero vayamos a por esas buenas personas que honestamente hacen lo que consideran recto y correcto:

“Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).

Es decir, incluso si no has roto ningún plato, si no hiciste algo bueno cuando tuviste la oportunidad de hacerlo, aterrizas en el mismo lugar: Bajo el nivel establecido por Dios. Mira lo que dijo Jesús:

“Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

Lo que suele pasar con las “buenas personas” es que se comparan con otros y eso les hace sentirse bien. Y me alegro que puedas ser mejor que otros. Pero el criterio no es compararse con Hitler o un terrorista o quien sea.

El caso es que Mateo 5:48 nos dice con quien nos debemos comparar y entonces, nuestra percepción de nosotros mismos cambia:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Por eso, el Apóstol Pablo escribió un diagnóstico que debemos entender si deseamos la cura:

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).

En vez de razonar en tu mente que eres lo no va más (Lucas 18:9-12), recuerda que Cristo vino a por los que se dan cuenta de que se han descarriado:

“Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:3-7).

Querida “buena persona”: Lee:

“Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:31-32).

Si tu objetivo es el de llegar al Cielo, humildemente reconoce tu pecado, apártate de lo que ofende a Dios y confía en quien murió por ti en la cruz del Calvario, y no en tus propios méritos, que eso no te llevará al destino que ansías.

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros