Si las miradas mataran

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Si las miradas mataran
Si las miradas mataran

Dios lo ve todo. En un sentido, Su mirada simplemente constata lo que ocurre:

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba” (Marcos 12:41).

En otro sentido, la mirada de Dios es vigilante y es un consuelo para los que confían en Él:

“Los ojos de Dios están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos” (Salmo 34:15).

En otro sentido, la mirada de Dios está llena de compasión por los pecadores y es una mirada con ansias de que se arrepientan y se vuelvan a Él:

“Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:61-62).

Pero en otro sentido, la mirada de Dios, o mejor dicho, el hecho de que decida apartar la mirada, es presagio de muerte:

“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13).

Los pecadores lo saben muy bien y por eso se esconden:

“Todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:20).

Por el contrario, aquellos que confían en el Salvador y dejan atrás lo que ofende a Dios, no temen el Juicio:

“Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:21).

Y tú ¿de qué equipo eres? ¿De los que se esconden o de los que se han apropiado de la salvación que ofrece Cristo por medio de la fe y el arrepentimiento?

Si estás en el equipo equivocado, todavía estás a tiempo de cambiar de bando. Resulta ilógico permanecer en el equipo de los que se esconden si recapacitas con la pregunta que te hace Dios por medio de Su Palabra: “¿Se ocultará alguno, dice Dios, en escondrijos que yo no lo vea?” (Jeremías 23:24).

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