Quemando puentes

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Quemando puentes
Quemando puentes

Quemar puentes es una forma muy vívida de expresar el concepto de cortar conexiones. No se puede dar marcha atrás y regresar por donde se ha venido si el puente está destruido. Esa es la implicación de 1ª Pedro 4:2-4, donde leemos:

“Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan”.

Ese cambio es inevitable. Antes vivíamos en pecado:

“Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:1-3).

La salvación genuina será patente en el hecho de que hay un arrepentimiento caracterizado por el dejar atrás las cosas que ofenden a Dios y un enfoque en hacer lo que sí le agrada. Acariciar el pecado pensando que estamos a salvo es un error:

“Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).

¿Por qué? Porque el pecado será juzgado. Dios no puede ni va a tolerar el pecado. Él juzga el pecado. Lo vemos ilustrado en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Solo se escapó Lot con su familia. Y Dios le dijo que se marchara a toda prisa del lugar porque el juicio era inminente. No debía mirar atrás. No eches de menos lo que hay en estos lugares definidos por el pecado. Lot prestó atención a la advertencia pero “la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19:26).

Si estás huyendo del Juicio acudiendo al salvador Jesucristo, entonces no permitas que el pecado te estorbe:

“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2).

Puede que conozcas la identidad del Salvador, pero si sigues en pecado, ¿de qué te ha salvado el Señor? No te engañes:

“Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2ª Timoteo 2:19c).

“Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16).

Mejor que te des cuenta de ello ahora aunque un escrito como el presente te confronte y duela, a darte cuenta demasiado tarde cuando ya no tendrás nada que hacer:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

¿Tomarás en serio la Palabra de Dios que te indica el camino de la salvación o prefieres postergar tu oportunidad de tener tus pecados perdonados por el hecho de acariciar el pecado un ratito más? ¿Seguro que es lo que quieres?

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:1-3).

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