Uno para todos y todos para uno

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Uno para todos y todos para uno
Uno para todos y todos para uno

Mucho antes de que los Mosqueteros empezaran a usar el susodicho eslogan, la Biblia ya lo había inventado. ¿No me crees? Deja que te lo demuestre:

“Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:49-52).

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5:11-13).

Lo acabas de leer. Las dos partes de la frase en cuestión manifestadas en la Escritura. Cristo era consciente de ese mismo principio:

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:24-25).

“Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:2-3).

Así pues, en la Palabra de Dios, “uno para todos y todos para uno” tiene un propósito específico. Cristo murió por nosotros para que todos pudiéramos disfrutar de la vida eterna sabiendo que nuestros pecados han sido perdonados por medio de la gracia cuando nos arrepentimos y depositamos nuestra fe en el Señor y Salvador, Jesucristo, “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

El ”Uno” ya lo ha hecho todo posible. Ahora, nos toca a “todos” acudir a Él para que Cristo nos pueda reunir a los hijos de Dios durante la vida eterna en Su reino. Si quieres pasar tu eternidad en compañía del “Número Uno”, ya sabes lo que tienes que hacer.

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