Queridos terrícolas

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Queridos terrícolas
Queridos terrícolas

“El Señor es nuestro juez, el Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro Rey; él mismo nos salvará” (Isaías 33:22).

Si os preguntara qué información contiene el Evangelio, ¿sabríais qué responder?

Si Dios ha dado Su Ley y además es el Juez, ¿cómo es posible que haya buenas nuevas para los terrícolas? Cada persona que considere seria y honestamente su pasado, sabrá que ha roto los 10 Mandamientos en pensamiento y acción en algún momento dado. Eso no es nada positivo considerando las consecuencias…

Bueno, “evangelio” significa “buenas nuevas”, o lo que es lo mismo, “buenas noticias” y para ello hay que fijarse en la última parte del versículo: “Él mismo nos salvará”.

Dios ya tenía la solución disponible para que pudiéramos ser salvos antes de que nosotros pecáramos. Su plan de rescate era una misión que solo Jesucristo podía llevar a cabo:

“No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:17-18).

Del profeta Isaías vemos que Dios mismo vendría a rescatarnos. Del Apóstol Juan sabemos que fue en la persona de Jesucristo. Y así es: Cristo vino, murió en lugar de los pecadores y resucitó, lo que valida la deidad de Jesús y el hecho de que la misión se había cumplido con éxito:

“Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1ª Timoteo 3:16).

Paso libre para que los terrícolas puedan entrar en el Reino de los Cielos y disfrutar de la vida eterna sabiéndonos perdonados. Pero antes de que todos suspiren de alivio diciendo “viva la Pepa” y a seguir como si nada, consideremos la última parte del pasaje que nos dejó Juan porque eso delimita quienes pueden afirmar que sus pecados han sido perdonados:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Sí, era una misión que solo podía llevar a cabo Jesucristo, pero cuidado que solo los que confían en Él y en Su obra por ellos en la cruz son depositarios de la salvación. Dichas personas se apartan del pecado porque son conscientes que fue eso mismo lo que llevó a Cristo a la cruz. Aman a Jesús y lo último que quieren es ofenderle:

“Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1ª Juan 3:3).

¿Estás tú entre ellos?

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