Isaías 30:33 es uno de los versículos más terribles de la Palabra de Dios: “Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego, y mucha leña; el soplo de Dios, como torrente de azufre, lo enciende”.
Es terrible porque “Tofet” significa “horno” en hebreo. Es uno de los términos que hace referencia al infierno. Malaquías 4:1 también avisa: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho el Dios de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.
Y es que Dios no quiere que nadie acabe allí por lo que se dispuso a sacar la manguera para apagar el fuego que requiere su Justicia. Como el Bombero por excelencia, vino a rescatarnos y apagó el fuego. Ese fuego no se podía apagar con agua:
“Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22b). Es decir, nadie puede acceder a la salvación sin que haya derramamiento de sangre. Alguien tenía que pagar por nuestros pecados. Ese alguien fue Cristo en la cruz.
Por eso, Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
Y estuvo dispuesto a apagar el fuego con Su propia sangre:
“Es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).
“El nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20).
El caso es que el “horno” sigue estando allí. Pero si conoces a Cristo como tu Señor y Salvador, no tienes por qué temerlo. Si bien la justicia de Dios implica que Dios no puede pasar por alto el pecado:
“De ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:7b),
Dios estuvo dispuesto a recibir el castigo que merecemos nosotros para que no tengamos que pagar nosotros:
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. {...} Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª Corintios 5:19 y 21).
¿Conoces esa salvación? Si tu respuesta es negativa, deja que te lo plasme aquí claramente:
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1ª Pedro 3:18).
Y de la misma forma en que Cristo resucitó entera y corporalmente, puedes acceder a la vida eterna por medio de tu fe en Él al dejar atrás todas aquellas cosas por las cuales existe “Tofet”.
