El rodillo y la sartén

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El rodillo y la sartén
El rodillo y la sartén

Tranquilos lectores, que no se trata de una lección culinaria. Poco tendría que aportar a ese tema a excepción de un truco para los que tienen que agarrar una cuchara dentro de una olla con agua hirviendo sin poder ver: en vez de extender la mano y buscar el mango de la cuchara con la yema de los dedos, usen las uñas. Si tocas la olla con la yema de los dedos, te vas a quemar. Pero si la tocas con las uñas, no te dolerá. Te puedes cortar las uñas y no duele. Aplica ese principio cuando tengas que hacer frente a esa situación. Espero sirva para aquellos lectores que no pueden ver bien.

Esa es una forma muy sencilla de protegerse de fuentes de calor intolerables. Pero hay otro principio bíblico que logra lo mismo en el ámbito eterno y de eso trata el presente escrito. Vamos a hablar del rodillo y de la sartén que aparecen en la Palabra de Dios. Ambos duelen, pero prefiero el rodillo a la sartén.

Veamos la razón por la cual afirmo lo dicho:

El rodillo lo vemos en Isaías 40:3-4, donde leemos: “Preparad camino a Dios; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane”.

En otras palabras, apártate del pecado y del orgullo. Como lo dice un proverbio japonés: “Al clavo que sobresale le van a martillear”. El rodillo podrá doler, pero tiene una función restauradora. El objetivo es corregir con vistas a salvar. Si quieres estar con el Dios 3 veces Santo y que el Espíritu Santo more en ti, tienes que preparar el camino para que puedan venir a morar en ti y eso requiere reconocer nuestro pecado y humildemente cambiar para bien. No hay lugar para la arrogancia ni para pensar en términos de jerarquía.

Los montes y collados bajarán y los valles serán alzados “porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18). Como lo dice Romanos 3:27: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”. Todo queda plano y llano: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros” (Mateo 20:16). En otras palabras, si los últimos pasan a ser los primeros y los primeros los últimos, todos quedamos al mismo nivel y el único Señor soberano Jesucristo es exaltado: “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

Por otra parte, vemos la sartén en Isaías 30:33, donde leemos: “Tofe ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego, y mucha leña; el soplo de Dios, como torrente de azufre, lo enciende”.

Vamos a aclarar un par de cosas: “Tofe” es un término que hace referencia al infierno. Y vemos que Dios es quien lo ha preparado, no Satanás. Cuando ves a un bicho raro con cuernos y tridente bailando en medio de las llamas, no estás viendo una representación real de lo que significa “Tofe”. No, se trata de la sartén, donde el diablo, todos sus ángeles caídos y los que rechacen al Salvador acabarán pasando la eternidad (Apocalipsis 20:10 y 14).

Y habiendo dejado eso en claro, vemos que este tipo de dolor no tiene como objetivo el corregir como el rodillo. Se trata de sufrimiento retributivo y no tiene remedio. El que no acepte el rodillo “beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:10-11).

Ahora entiendes el motivo por el cual prefiero el rodillo a la sartén. ¿Y tú? Y ahora que también comprendes que “Tofe” no es ninguna broma, te comento como evitarlo. El primer pasaje de Isaías y que trata del rodillo tiene que ver con Juan el Bautista y escuchemos lo que dice que tenemos que hacer para recibir la salvación: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas” (Mateo 3:1-3).

Escúchale bien: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Y se te ha acercado precisamente a ti hoy mediante incluso un artículo como el que acabas de leer. Si reaccionas bien, tendrás la sartén por el mango.

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