Que yo sepa, no me acuerdo

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Que yo sepa, no me acuerdo
Que yo sepa, no me acuerdo

Una declaración graciosa. Pero si escarbamos más allá de la superficie, resulta una afirmación trágica: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6).

Es más trágico todavía si las consecuencias de dicho desconocimiento son eternas.

Una cosa es que se nos olvide una cita en el dentista (la cual se puede volver a concertar), otra cosa es que no sepas la identidad del Salvador: “Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

Fíjate lo que escribió el profeta Isaías: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance” (Isaías 40:28).

Y así es: El Dios eterno es el Señor, Jesucristo, quien lo creó todo (Juan 1:1-3, Colosenses 1:16), y por eso, no se cesa de publicar la salvación en Su nombre: “y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47).

Desconocer la identidad del Salvador es desastroso pero que sepas que no se emiten anuncios privados. ¿O has visto alguna vez una campaña de marketing secreta?

La estrategia de marketing es global y con alcance universal sin considerar ni origen étnico ni emplazamiento geográfico:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7).

Ya has adquirido el conocimiento. Te queda aplicar sabiduría apartándote del pecado y confiando en Cristo para el perdón de tus pecados porque "el temor del Señor es el comienzo De la sabiduría” (Proverbios 1:7 y Proverbios 9:10).

Si no tienes un respeto temeroso de Dios (Romanos 3:18) no querrás dejar atrás lo que ofende a Dios. Te sentirás cómod@ en tu pecado pensando que te saldrás con la tuya.

Es el peor error que se puede cometer puesto que si no estás entre aquellos que componen el pueblo de Dios, como acabas de leer, pagarás las consecuencias eternamente. Y no será porque la salvación no la tuviste a tu alcance.

Adquirir datos meramente sin dejar que dicha información obre en ti es igual de peligroso que no haber adquirido ese saber.

Más en el libro Te doy mi palabra.

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