Pacifista hasta la paz y fiesta

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Pacifista hasta la paz y fiesta
Pacifista hasta la paz y fiesta

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Si deseas la paz con tus contemporáneos, la Palabra de Dios te indica cómo hacerlo. Te marca los principios del amor verdadero en 1ª Corintios 13:4-8 y te indica la intensidad de cómo debemos tratar a los demás en Levítico 19:18b:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En vez de un alto el fuego intermitente, que es lo máximo que una humanidad caída puede lograr como lo confirman las noticias y nuestra experiencia propia, debemos seguir los principios bíblicos. Solo entonces veremos el resultado deseado:

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Dios” (Isaías 2:3-5).

Pero la tarea de un buen pacificador no se limita a las relaciones horizontales. El ministerio de reconciliación por antonomasia llama a la reconciliación con Dios:

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. {...} Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª Corintios 5:19 y 21).

Por tanto, si reconoces que te falta la paz, no desesperes:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:8-11).

Entonces, y solo entonces, se cumplirán los términos y condiciones para una paz duradera a nivel interior y exterior. Esa paz libera del peso de la culpa y te invita a la fiesta pues el Cielo se regocija con cada un@ que se arrepiente. Cristo dijo:

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:7).

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