“Cuando le hubieron crucificado…” (Marcos 15:24).
¿Te puedes creer que la mayor efeméride de la historia se describe con tan pocas palabras?
Una efeméride es un suceso de gran importancia por su alcance y relevancia. Debido a ello, se suele conmemorar año tras año. Se celebran aniversarios del suceso, se recuerda lo ocurrido y se rinde homenaje a los involucrados.
Típicamente, se suelen pronunciar discursos, se usan adjetivos grandilocuentes para enaltecer eventos y personas, se suele cargar el ambiente de sentimiento, se dejan coronas de flores, se colocan placas de conmemoración en el lugar, se erigen monumentos en memoria de los participantes, etc.
Por eso resulta tan chocante que Marcos describa con 4 palabras el suceso que cambia la historia y que puede incluso cambiar tu vida ahora y tu eternidad en lo sucesivo. Ni adjetivos ni nada, solo una afirmación escueta de lo ocurrido con una sobriedad clínica: “Cuando le hubieron crucificado”. Pero antes de que leamos de carrerilla esas palabras sin reflexionar acerca de ellas, me alegra que el Apóstol Pablo se explayara un poco más en cuanto a las implicaciones de esas 4 palabras:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:8-11).
Puede que el Mundo ignore la efeméride por excelencia o que la recuerde meramente a nivel cultural. Pero me pregunto si tú, personalmente, la consideras como debieras. Conocer que ocurrió solo afirma la efeméride, pero no la hace tuya.
¿Te has apropiado de ese suceso personalmente confiando en el Salvador para tu salvación y te has apartado del pecado? Si la única forma en que lo descrito te ha impactado es que te pones una cruz colgada del cuello o celebras la Semana Santa, entonces esa efeméride no se aplica a tu caso. Mientras puedas, vuélvete del pecado al Señor y Salvador. Solo quienes lo hagan podrán apropiarse personalmente del siguiente versículo:
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).
