“Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí” (Lucas 23:33).
El primer martillo es el que infligió los golpes en los tres clavos que horadaron las manos y los pies de Cristo (Salmo 22:16c). Cruel martillo, cruel castigo, pero el precio para redimir a los pecadores que se arrepienten y depositan su fe en el Señor y Salvador requería sangre (Levítico 17:11, comparado con Romanos 5:9, Hebreos 9:22).
El segundo martillo se encontraba en Wittenberg (Alemania). Martín Lutero lo agarro el 31 de octubre de 1517 y con unos golpes certeros, clavó las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Schlosskirche. La Reforma acababa de empezar.
Lutero quería regresar a la verdad de la Escritura acerca del asunto más universalmente importante que se pueda considerar: ¿Cómo pueden los pecadores acceder a la salvación y escapar del castigo eterno? En dicha época, el clero estaba vendiendo indulgencias garantizando el perdón de los pecados a cambio de dinero. Un comercio muy lucrativo para los vendedores pero que no proporcionaba para nada lo que los compradores anhelaban.
No, el primer martillo indicó que el precio fue mucho mayor que dinero:
“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1ª Pedro 1:18-19).
El segundo martillo fue el instrumento usado para hacer ver a la gente que la salvación no se obtenía por méritos propios o por comprar misericordia divina a cambio de monedas sino por medio de la fe. En otras palabras, nuestros esfuerzos no nos llevan a ninguna parte, pero Jesucristo lo hizo todo para que pudiéramos ser perdonados. Confiamos en Él o no? Confiar en el Señor y Salvador nos concede la justicia divina y la vida eterna:
“El justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4b, Romanos 1:17, Gálatas 3:11, Hebreos 10:38).
Si no tienes una relación personal con el Señor Jesucristo, no tienes nada por mucho que creas que estás acumulando crédito en tu cuenta para cuando llegues al Juicio Final.
¿Confías exclusivamente en quien recibió los clavos del primer martillo por ti o prefieres ignorar el mensaje del segundo martillo y seguir intentando alcanzar a Dios por tus propios esfuerzos?
