La iglesia, la institución más importante del universo

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La iglesia, la institución más importante del universo
La iglesia, la institución más importante del universo

El título del presente artículo al menos invita a la curiosidad y lleva a cualquiera que lo lea a hacerse la pregunta: ¿Cuál es la institución más importante del universo?

Desde luego, cualquier institución de este mundo no es tan importante como para transcenderlo ya que aquí hablamos no de “este mundo” sino “del universo”.

Aquí tenemos instituciones de carácter internacional como por ejemplo y entre otras, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) que cumplen una función –supuestamente- para provecho de la humanidad. Pero por muy importantes que sean, todas pertenecen al ámbito de este planeta y, por tanto, su importancia y valor es limitado en el tiempo y en el espacio.

Sin embargo hay una institución que por su carácter y su trascendencia es más importante que todas las instituciones aquí en la tierra.

Y, acorde con las declaraciones de la Sagrada Escritura me atrevo a decir que, esa institución, es la IGLESIA de Jesucristo. Es posible que a alguno/a que haya leído esta declaración se le habrá escapado una exclamación o una sonrisa de incredulidad.

Bueno, cada cual es libre de expresar lo que crea y quiera. Es lógico, esta declaración si no se entiende en su debido contexto es la mayor tontería que un ser humano –como yo- puede decir.

 

El fundamento para hacer dicha declaración

Pero claro, el valor y lo trascendente de una institución se deriva del valor del que la fundó, el lugar que ocupa en el espacio determinado por su fundador y el propósito para lo cual también fue fundada.

 

1.- Jesucristo, el fundador de la Iglesia

Así es, Jesucristo fue y es el fundador de la Iglesia que, dicho sea de paso, se compone de todos aquellos creyentes de todos los siglos que profesaron su fe en Él, pero también de otros muchos que aunque no llegaron a conocerle como nosotros, no por eso se habrán quedado fuera de la esfera de la salvación divina. 1

Fue Jesús quien hablando con sus discípulos, futuros apóstoles, declaró: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (Mt.16.17-18). Así que “la Iglesia” sería “edificada” por el mismo Señor Jesús, sobre sí mismo como “piedra angular” –principal-fundamento del “edificio” espiritual que es la Iglesia (Hch.4.11-12; 1ª Co.3.10-11; Ef.2.19-20, 1ªP.2.4-8).

2.- Jesucristo es el creador y sustentador de “todas las cosas”

Pero aquí no hemos de olvidar las declaraciones que aparecen en el Nuevo Testamento respecto de quién es Jesús. Juan el evangelista lo declara como “el Verbo… que era Dios” (J.1.1). Y esto estaría de acuerdo con el apóstol Pablo, quien declaró, sin ambages, acerca de Jesucristo: “El cual es Dios sobre todas las cosas…” (Ro.9.5), para añadir en otro lugar algo que nos es difícil comprender, pero lo creemos tal y cómo se escribió: “en quien (Jesucristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col. 2.9).

Consecuentemente, y como no podía ser de otra manera, si Jesucristo es Dios, era lógico que él también fuera descrito como el Creador de todo: “todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (J.1.1-3).

Pero mientras el evangelista Juan le reconoció como “creador”, el autor de la epístola a los Hebreos también le identificó como el Creador; aquel “por medio de quien Dios hizo el universo, y el que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (He.1.3); mientras que el Apóstol Pablo dice exactamente lo mismo, presentando al Señor Jesús como el sustentador de “todas las cosas” es decir, del universo entero. (Fil.3.20-21). De ahí que también se añada que… “él es antes de todas las cosas y todas las cosas en él subsisten” (Col.1.15-17). Esto sería una locura de no ser cierto.

3.- Jesucristo es el que tiene toda la autoridad en el cielo y también la tierra

Entonces, como consecuencia de esas verdades declaradas, si el Señor Jesucristo es el Creador y Sustentador de “todas las cosas”, “visibles e invisibles” es lógico que también se diga que Él tiene toda la autoridad y el poder sobre “todas las cosas”. (Ver, Col.1.15-17). De ahí que también se declare que…

“A él están sujetos todo principado y autoridad, poder y señorío y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este mundo sino también en el venidero” (Ef.1.21-22).

Declaración que sobrepasa nuestro entendimiento acerca de todo un mundo (¡o mundos!) que están fuera de nuestro alcance el ver y comprender.

Pero así es el testimonio bíblico; una y otra vez señala que Jesús, habiéndose encarnado y nacido como un ser humano, un niño, y ya siendo hombre, murió y fue resucitado de los muertos y ascendió a los cielos… “y está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (2ªP.3.22).

Pero quizás el libro del Nuevo Testamento que mejor presenta la visión universal de la Iglesia de Jesucristo, es Apocalipsis. En él vemos la universalidad de la Iglesia en el hecho de que Dios no hace diferencia entre pueblos, razas, idiomas, etc. (Apc.5.9).

Pero dicha universalidad se deriva, como también venimos diciendo, de aquel que la fundó que no es otro que el que es reconnocido commo: “Rey de reyes y Señor de señores” (Apc.19.16). El Señor Jesús.

Por tanto si el que fundó la Iglesia es aquel que tiene “toda la autoridad en el cielo y en la tierra” (Mt.28.18-20) y que dicha autoridad se basa en el hecho de que Él es el Creador y Sustentador de todas las cosas, no hay razón para dudar o negar que la Iglesia que Él fundó sea la institución más importante del universo.

4.- Pero ¿qué iglesia fundó Jesús?

Esa es una buena pregunta que, al llegar aquí, es necesario que nos hagamos. Son tantos los que se preguntan ¿Pero cuál es la Iglesia de Jesucristo, entre tantas organizaciones que hay en la tierra, con esa designación?

Jesucristo fundó e instituyó “la Iglesia”; pero no la Iglesia Católica Romana, ni tampoco la Iglesia Ortodoxa, ni aún la “Iglesia Protestante” (que como tal “institución” ni existe ni ha existido nunca).

Jesucristo fundó Su Iglesia que nada tiene que ver con ninguna institución humana organizada; y mucho menos con una “Iglesia-Estado” por mucho que se empeñen sus dirigentes.

La Iglesia de Jesucristo está compuesta por todos aquellos comprados al precio de Su propia sangre que, en virtud de su arrepentimiento y fe en la persona de Jesucristo, fueron y han sido limpiados de sus pecados y santificados por su Espíritu Santo, “de todo linaje, lengua, pueblo y nación” (1ªP. 1.18-20; Ap. 5.9).

Y solo Dios sabe quiénes son todos los que forman parte de su pueblo en todas las organizaciones e instituciones llamadas “cristianas” que han existido a lo largo de la Historia. Habrá sorpresas, sin duda alguna.

La Iglesia es reconocida en el Nuevo Testamento, a veces de forma metafórica, con distintos nombres: “la familia de Dios” (Ef.2.19); “el templo de Dios” (2ªC.6.16; Ef.2.21-22); “el cuerpo de Cristo” (Ef. 1.23;4.12,15-16); “la esposa de Cristo” (2ªCo. 11.1-2; Ef. 5.23-33); “el nuevo hombre” –colectivo- (Ef.2.15); “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa” (1ªP. 2.9); “la santa ciudad” (Ap. 21.2) etc., etc. Y cada designación habla de un aspecto de su relación con su Señor y Salvador.

5.- La Iglesia fue llamada a ser parte de la propia naturaleza divina a través de Jesucristo el Hijo de Dios

Dado el carácter de la iglesia, ella está llamada por Dios no solo a formar parte de “su –propia- naturaleza divina” (1ªP.1.4) sino a la posición más alta en el universo, por encima de ángeles, arcángeles, serafines y querubines. Y la razón es porque de ningún otro grupo de este mundo, ni del mundo invisible en todo el universo, se dice lo que se dice de la Iglesia. La Iglesia no es que va a ocupar “un lugar especial” en el universo.

La Iglesia del Dios viviente, desde la resurrección de Jesucristo vino a ser parte del mismo Cristo, identificada con él con una unión espiritual indestructible y entronizada “juntamente con él en los lugares celestiales” (Ef.2.5-7). Ella es “El cuerpo de Cristo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo” (Ef.1.22-23).

Por tanto, la posición de la Iglesia respecto de Cristo y de Dios no es la de alguien que está lejos, ni siquiera “cerca”; sino la de alguien que ha venido a formar parte de su misma esencia. Si no, no diría Pablo estas palabras: “Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Ef.5.30).

Y en relación con esto, el Apóstol Pablo declaró: “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef.5.32). Lo cual sigue siendo un misterio para nosotros.

6.- La Iglesia tiene como propósito divino gobernar junto con el Cristo resucitado y exaltado y cumplir los más altos designios divinos en el reino venidero (Ef. 1.21-23; 2.5-7; 3.10-11; 1ªCo. 6.3)

a.- La Iglesia como agente de comunicción de la sabiduría divina en las esferas celestiales (Ef.3.9-10-11). Así es. el Apóstol Pablo no era un “soñador” ni un “visionario” sin fundamento.

Él era un profeta de Dios; y él estaba poniendo por escrito… “lo que ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Ef.3.5).

No sabemos mucho de esta misión de la Iglesia a la cual Pablo se refiere más abajo, pero estamos seguros que en su papel de comunicar el Evangelio de la gracia de Dios y la forma (no cualquier forma) en la cual la Iglesia vive y hace partícipes a otros de esta gracia, los entes espirituales que Pablo llama “principados y postedades en los lugares celestiales” aprenden de esta “sabiduría divina”.

Y en esta línea, el Apóstol Pedro hace una referencia a la obra redentora de Dios en Cristo Jesús. Por eso escribió: “Cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1ªP.1.12). Y nosotros todos somos responsables de dar a conocer de forma excelente dicha gracia.

b.- En segundo lugar, el Apóstol Pablo declaró que la Iglesia será el medio por el cual Dios juzgará a este mundo y a los ángeles (1ªCo.6.2-3)

Hay muchas cosas acerca del futuro y de la misión de la Iglesia de Jesucristo que no sabemos. Pero si nos atenemos a las declaraciones de los Apóstoles, tendremos una idea que nos puede ayudar a entender algo acerca de la misión de la Iglesia, aparte de cumplir con la Gran Comisión que él le dio.

Es difícil llegar a saber en qué momento del futuro se realizarán esos hechos a los cuales Pablo hace referencia. Pero no nos cabe duda de que tendrán lugar.

Y entonces la Iglesia no estará falta de sabiduría y no le faltará buen juicio para hacer lo que dicen esas palabras que escribió el Apóstol: “¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? (…) ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?”.

Así que, muchos de los que fueron llamados “necios según el mundo” (1ªCo.2.25-29) pero creyeron y fueron fieles al Señor Jesús, aportarán en esos días una sabiduría y un discernimiento que jamás conocieron; tanto en relación con el juicio “del mundo” como en relación con el juicio de los “ángeles caídos” que ahora están reservados para ese día del juicio (Judas 6); y muchos que eran “débiles, según el mundo” y menospreciados por ello, mostrarán una autoridad en sus palabras y poder en sus acciones judiciales, que serán el asombro de muchos en todo el universo.

Entonces sonarán en todo el universo creado palabras de adoración, de alabanza, y de gratitud, vitoreando al “Rey de reyes y Señor de señores” por haber realizado una tan gran obra en sus elegidos, y haberlos elevado a tan grande dignidad.

Para concluir, todo cuanto hemos dicho acerca de la Iglesia de Jesucristo, incluída esta visión escatológica que nos proporciona la Escritura, podemos afirmar que “la Iglesia es la institución más importante del universo”.

Pero eso nada tiene que ver con una iglesia política y guerrera aquí en este mundo; ni con una iglesia que busca más sus propios intereses que los intereses del reino de Dios, que serán muy diferentes tanto en carácter como en testimonio. Tampoco será una iglesia que a la luz de lo expuesto, tenga una actitud de orgullo, sabiendo de dónde nos ha sacado el Señor, sino todo lo contrario.

Los miembros de la iglesia verdadera son aquellos que una vez salvados, viven acordes a las enseñanzas del Maestro: Son mansos y humildes de corazón; lloran por el sufrimiento de los demás y tienen hambre y sed de justicia; tratan de mantener sus corazones limpios de la corrupción que hay en el mundo; dicen siempre la verdad, aborrecen la mentira y obran justicia y misericordia con su prójimo, aunque ellos mismos sean perjudicados.

Su comportamiento será siempre a favor de la paz, porque son constructores de paz. La gracia de Dios les transformó para eso: para dar testimonio de un Dios de justicia, de verdad y paz; por todo eso sufrirán muchas veces, pero un día ese pueblo cuyos muchos de sus miembros fueron maltratados y perseguidos e incluso muertos, reinará para siempre con el Señor en su reino celestial. (2ªTi.2.11-13). Y muchos a los cuales se les negó incluso vivir en esta tierra, “recibirán la tierra por heredad” (Mt.5.5).

Por tanto y por todo cuanto hemos dicho, la mayor institución aquí en la tierra y en todo el universo creado, no es ninguna de-carácter-solamente-humano, sino la Iglesia de Jesucristo, a la cual Él conoce bien (2ªTi. 2.19).

 

1. Esto necesitaría ser explicado en otro apartado que, por extenso lo omitimos aquí. Solamente añadir que, Dios no se complace en condenar a la gente que no tuvo la oportunidad de conocer el Evangelio como nosotros le conocimos; pero, en cambio, sí conoce el corazón de todos aquellos que habiendo tenido algunos medios de revelación divina, actuaron de forma consecuente con los mismos. (Ver, Ro.2.4.7,10)

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