La búsqueda de sentido a la vida

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La búsqueda de sentido a la vida
La búsqueda de sentido a la vida

“En el corazón del hombre hay un hueco con la forma de Dios y que sólo Dios puede llenar”. (Blaise Pascal, filósofo y matemático del siglo XVII)

“Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. (S. Agustín)

Por una parte un científico, por otra un teólogo y filósofo. Ambos expresaron no sólo lo que ellos mismos experimentaban con respecto a Dios, sino lo que también pudieron observar en su deseo por conocer la verdad de las cosas.

Experiencia y observación –estudio- les llevaron a la conclusión de que no solamente Dios existe sino que era (y es) el que da sentido y propósito a la vida llenándola.

No hay que ser muy profundo para darse cuenta de lo que estos dos hombres querían decir: que, en el nivel de la experiencia, habría algo en ellos que los tenía intranquilos, insatisfechos y con cierto desasosiego que, finalmente, pudieron superar reconociendo algo más que la existencia de Dios: poniendo su confianza activa en Su Persona, el uno fue llenado –satisfecho-; el otro halló el descanso que buscaba.

Si tuviéramos que explicar en qué consistió esa medida satisfactoria que les colmó a ambos, aunque no conociéramos su obra, nos atreveríamos a resumirla como sigue:

En primer lugar, Dios nos creo a su imagen y semejanza, para la comunión con él, no para vivir apartados de Él. Vivir apartados de él, significa vivir con un “gran hueco” en nuestro interior que nos hace estar en un permanente estado de insatisfacción. Por tanto, sólo volviéndonos a él es que podemos llenar ese hueco y llenarlo de forma completa (Juan 7.37-38)

En segundo lugar, Dios nos creó con significado y propósito, puesto que él no hace nada sin sentido. Por lo cual, apartados de Él es imposible que podamos encontrar el sentido a nuestra vida y a todo cuanto hacemos.

¿Qué sentido tiene la vida si al final todo se acaba con la muerte? Si eso fuese así, nada tiene sentido aquí. Sin embargo, si nos volvemos a Él encontraremos sentido a la vida dado que al conocerle, también conoceremos la verdadera vida que trasciende a esta, terrenal. (Juan 10.10)

En tercer lugar, La Sagrada Escritura dice: “Dios puso eternidad en el corazón de ellos” (Eclesiastés 3.11). Por una parte, el anhelo por lo eterno; y por otra, la falta de conocimiento sobre el destino del ser humano produce una angustia vital de tal manera que le hace buscar y recurrir a otros muchos remedios para calmarla y echar mano de diversas fuentes donde beber para satisfacer su sed.

Pero sólo volviéndonos a Él es que podemos unir nuestro anhelo por la eternidad con la realidad de la experiencia de la misma, encontrando la paz. (J. 14.1-6)

Por tanto, ante la realidad de tan grande necesidad, sea que el ser humano mire hacia arriba, hacia abajo, a la izquierda o a la derecha o aun en lo más profundo de su corazón, sólo podrá encontrar la respuesta en Aquél que se nos revela como el Hijo de Dios encarnado: Sólo en Él está la respuesta de Dios para nosotros a fin de que podamos llenar el hueco que hay en nuestro corazón, encontrar significado y propósito a nuestras vidas y la paz y esperanza de cara a nuestro destino eterno con Él: “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4.12).

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