¡Cuidado con los milagros y otras obras extraordinarias!

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

¡Cuidado con los milagros y otras obras extraordinarias!
¡Cuidado con los milagros y otras obras extraordinarias!

Una de las cosas que el diablo usa para engañar a las personas y persuadirlas a seguir la mentira, son los "milagros".

No que estos sean mentira necesariamente, sino que su origen, lo que enseñan y hacia donde conducen, no están relacionados con la voluntad de Dios, sino de “otro”. Prácticas mentirosas y conducentes hacia la perdición.

Los milagros pueden ser verdad, pero su origen, no necesariamente divino. Por eso es necesario que dichos milagros y doctrinas estén "maravillosamente" revestidos con apariencia de verdad, de luz, de cierto halo de “santidad” y de poder.

Y para eso sea posible, el texto bíblico nos advierte que el mismísimo Satanás "se viste como ángel de luz... y sus ministros se disfrazan como ministros de justicia" (2Co. 11.13-15).

La posibilidad de ser engañados por medio de “ángeles” u otros seres

En relación con esto, ya nos advirtieron los Apóstoles. Concretamente, el Apóstol Pablo, escribió: "si aún un ángel del cielo os predicase otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gál.1.8-9).

Él lo dijo porque esa posibilidad ya era admitida por alguna gente en su tiempo. La referencia en Col.2.18, hablaba de eso precisamente, dado que algunos andaban "tributando culto a los ángeles..." y presumiendo de “espiritualidad” al haber conseguido tal nivel de comunicación con el mundo espiritual. (Col.2.18).

Pero el culto a los ángeles era y es algo que estaba terminantemente prohibido por la Palabra de Dios y que incluso los ángeles mismos ¡rechazaron de plano! (Ver, Apc.19.9-10; 22.8-9).

Luego, todo eso también se ha dado a lo largo de los siglos, con apariciones de seres que supuestamente representan al mundo espiritual "bueno", de ángeles o personas declaradas como “santos” quienes con sus indicaciones llevaron a aquellos a los que aparecieron a hacer cosas que la Escritura no aprueba.

Todo con la aprobación de las “autoridades religiosas”. De ahí las continuas exhortaciones de los escritores bíblicos a ser fieles al mensaje cristiano que nos legaron el Señor Jesús y sus Apóstoles (Judas, Vv., 3 y 17).

De ahí también, el gran aprecio que hemos de tener por las Sagradas Escrituras, y el justo aprecio por "las tradiciones de los hombres" que muchos tratan de colocar al lado e incluso por encima de la Palabra de Dios. (Col.2.7-9).

Porque el asunto de las apariciones y el culto a los ángeles y a las vírgenes y santos es tan culturalmente "nuestro", formando parte del paisaje que a diario vemos, que nos resulta del todo muy "normal" y "familiar".

Por ejemplo, en Córdoba se contabilizan unos 11 “Triunfos de San Rafael” que vinieron a ser altares dedicados a ese arcángel 1, los cuales gozan de un culto permanente por parte de la ciudadanía cordobesa. Basta pasar por cualquiera de ellos. Sobre todo el del conocido Puente Romano de San Rafael.

Una continua exposición de cirios y velas se consumen a lo largo de todo el año en ese y otros lugares. Pero luego, es lógico que el culto se extienda de forma particular, además, entre la población y que el nombre “Rafael” sea uno de los que más se conozca, si no el que más en nuestra ciudad; a lo cual, lo del nombre, digo, nada habría que objetar.

Pero otra cosa es el cómo lo hubieran percibido en su tiempo la iglesia primitiva y gran parte de los Padres de la Iglesia durante, por los menos, los tres y cuatro siglos siguientes.

Como en todos estos casos parecidos, era necesario que se diera una evolución para que ciertas prácticas (y no solo esta a la cual nos referimos) se convirtieran en costumbre y la costumbre, en tradición.

A partir de ahí, solo era cuestión de que las "autoridades eclesiásticas" les dieran el "visto bueno" y buscasen el apoyo escritural para justificarlas, poniéndolas al mismo nivel que la revelación que tenemos en las Sagradas Escrituras.

Lógicamente, en su lugar, tuvieron que elaborar algunas definiciones sobre lo que es la adoración a Dios y por otra parte, la “adoración” a otros seres a los cuales se les tributa algún tipo de culto.

Sin embargo, de esas sutilezas nada encontramos en las Sagradas Escrituras. La adoración es solo al Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lo demás ni encajó en el pasado judaísmo del Antiguo Testamento, ni tampoco en el Nuevo Testamento. Así que debe ser desechado.

 

Ningún contexto religioso está exento de caer en los mismos engaños

Pero por otra parte, el tema en cuestión (estamos hablando de “los milagros” y/o dones milagrosos) también podría darse en otros contextos religiosos, aparte del mencionado antes. Aunque seguramente revestidos con otro tipo de "ropaje" religioso y calificado (mal calificado) como “evangélico” y/o “protestante”. Sin embargo, en carácter y naturaleza, igualmente engañoso.

¿Entonces? Pues una llamada de atención al hecho de dar una importancia a los milagros que no tienen, por desviar nuestra atención del verdadero asunto central que es Cristo; y mucho menos cuando dichos milagros podrían tener un origen, como dijimos antes, espurio.

¿Y por qué esas prevenciones? ¿Acaso el hecho del milagro en sí, no probaría que viene de Dios? Pues, no necesariamente. Por ejemplo, cuando el Apóstol Pablo escribió a los creyentes gálatas acerca de que “un ángel del cielo” podría ser un mensajero para predicar “otro Evangelio”, el apóstol estaba dando por sentado que esa posibilidad existía. No lo dijo por decirlo.

Pero también incluía “un ángel” en el sentido de ser un “mensajero” (eso es lo que significa “ángel”) humano, haciéndose pasar por un verdadero mensajero enviado de Dios. Entonces, dice: “no lo creáis”. Más todavía: Si alguien lo cree y sigue su mensaje, estará bajo la maldición divina: “Sea anatema”=bajo maldición.

Sin embargo, esto es necesario explicarlo un poco más, en relación con lo que enseñan las Escrituras. Y estas dicen lo suficiente.

La relación de los milagros con el “andar por la senda ancha” y el juicio final

Resulta que cuando Jesús iba concluyendo el Sermón del Monte, dio varias advertencias a sus discípulos y oyentes. Una fue la de “entrar por la puerta estrecha… -y- andar por el camino angosto que lleva a la vida”; porque “entrar por la puerta ancha y andar por el camino espacioso, lleva a la perdición” (Mt.7.13-14).

Sin embargo, cuando leemos esos versículos perdemos de vista la relación que hay con los siguientes. Quiero decir que, cuando se anda por el “camino ancho” entonces se propicia que surjan “los falsos profetas” que, por serlo, suelen desviar al pueblo más sencillo y con falta de formación.

Pero además, Jesús nos descubre escenas relacionadas con “aquel día” es decir con el día del juicio final (Mt.7.22) en el cual muchos -¡y muchas!- se presentarán con un currículum, al parecer, con contenido “milagroso” bastante “abultado”:

“Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”

Ante esas declaraciones acerca del comportamiento y el “mover” de muchos predicadores, profetas, etc., con dones milagrosos, pareciera que Jesús solo tendría palabras de aprobación hacia los tales.

Y seguramente ellos estaban muy confiados de cumplir con el expediente exigido. Sin embargo, no fueron palabras de aprobación, sino que tuvieron palabras de rechazo y condenación por parte de Jesús:

“Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt.7.23).

Para el que escribe, todo se resuelve en las palabras previas, de Jesús, sobre el “entrar por la puerta estrecha… y andar por el camino angosto”.

Porque, lo contrario no solo no nos lleva a “hacer la voluntad de Dios” sino que nos desvía del camino recto (recto, en el sentido ético, moral y espiritual), propicia que surjan los falsos maestros, profetas y apóstoles que, a menudo se conocen por su codicia, la lujuria y una vida que no se caracteriza por… “hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos”; requisito para “entrar en el reino de los cielos, que diría Jesús. Claro, aquí entramos de lleno en el uso de la religión como excusa para-beneficio-personal-en-todos-los-sentidos.

 

¿De dónde les viene a los falsos líderes religiosos el poder para hacer milagros?

Pero para no perder el hilo sobre el tema de los milagros, profecías y otras obras “extraordinarias” cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que personas así de equivocadas y retorcidas desde el punto de vista ético pudieran (¡puedan!) realizar milagros, “profetizar” y demás hechos que llaman tanto la atención?

Bueno, la respuesta la tenemos en las Sagradas Escrituras. Aparte de lo que hemos leído en relación con “la puerta ancha” y “el camino espacioso”, el Apóstol Pablo, escribiendo acerca de la Segunda Venida del Señor Jesús y en relación con aquellos que prefieren la mentira en lugar de la verdad, la cual rechazan sin pararse a meditar sobre sus caminos, dice que…

“Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2ªT.2.11).

Ahora saldrán algunos diciendo que “Dios no puede hacer eso, porque Dios es un Dios de amor”. Claro, que Dios es “un Dios de amor”, nadie lo niega (¡no yo, desde luego!).

Pero perdemos de vista el hecho de que aquellos a los cuales “Dios envía un poder engañoso para que crean en la mentira…” son los mismos que aunque conocen la verdad y lo que es recto, justo y bueno, no lo hacen, sino que “hallan complacencia en la injusticia”, sin un atisbo de cambio de actitud en sus pensamientos y comportamiento.

Y, tal y como Pablo también enseña en su epístola a los Romanos, 1.19 y siguientes, Dios les da una y otra, y otra, oportunidad para el cambio de actitud; pero todas esas oportunidades de cambio, son desechadas una y otra y otra vez. Así hasta que, Dios decide que si eso es lo que quieren eso es lo que tendrán:

Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” (Ro.1.24, 26, 28 y Sigtes.)

Eso no es muy complicado de entender. “Dios es amor”, pero también se nos dice que, “Dios es justo” “y no tendrá por inocente al culpable”.

Para concluir, lo que queremos decir con todo esto es que si bien creemos en el poder de Dios para transformar vidas y en los milagros y dones milagrosos, también creemos que no necesariamente todos los milagros son de origen divino.

Y si bien hay hombres y mujeres de Dios, fieles y que andan por “el camino estrecho que lleva a la vida” (estrecho, desde el punto de vista ético, moral y espiritual) pero no se vean en ellos milagros, no por eso dejan de tener la aprobación y el beneplácito divino; pero también es verdad que hay otros muchos que tienen apariencia de piedad pero que… lamentablemente, su camino es camino de oscuridad y sus obras nada tienen que ver con las del reino de Dios.

De ahí que el Señor les diga… “en aquel día (…) Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Ya lo dijo aquel enseñador bíblico, de la China, Watchman Nee: “En el tema de lo milagros, hemos de andar de puntillas”. Pues eso.

1. Para el que no lo sepa, el arcángel Rafael aparece en el libro de Tobías. Libro que los protestantes y evangélicos consideramos como apócrifo por no encontrarse en el canon judío, pero reconocido dentro del canon católico y, por tanto, aparece en las versiones católicas de la Biblia.

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