Llamado a “recibir a Cristo”, ¿Sí, o no?

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Llamado a “recibir a Cristo”, ¿Sí, o no?
Llamado a “recibir a Cristo”, ¿Sí, o no?

Con el reciente fallecimiento  de nuestra nuera María Montero, nos vino a la mente el día en el cual entregó su vida al Señor para recibirlo como su Señor y Salvador personal, hace ya 33 años.

El hecho tuvo lugar cuando el conocido evangelista celebró su última campaña de evangelización, en 1993, en la ciudad de Essen, Alemania.

El acto fue transmitido vía satélite para toda Europa y gran parte del planeta. Así que en cada ciudad que pudo conectarse con aquella predicación de Billy Graham se congregaron los miembros de todas las Iglesias para oír el mensaje del predicador.

Eso fue lo que se hizo en nuestra ciudad, habiendo solicitado el Palacio de Congresos que, en aquella ocasión estaba completamente lleno.

El acto fue presentado y presidido por el Pastor, Antonio Baena y cuando llegó la hora en la cual Billy Graham hizo el llamado, aquella joven que era Maria Montero, se puso en pie en respuesta al llamado e hizo la oración de reconocimiento y de entrega al Señor Jesús.

Claro, también otros lo hicieron, pero para nosotros -por la parte que nos tocaba y nos toca- aquella "campaña de evangelización" cobró una importancia especial.

 

¿Hacer la oración de entrega al Señor Jesús, sí o no?

Pero  al traer a colación ese hecho no lo hago solamente por la importancia de ese recuerdo, sino porque desde hace bastante tiempo vengo leyendo y oyendo fuertes críticas a esa práctica de invitar a las personas que han oído el mensaje del Evangelio, a hacer una oración de fe en el Señor Jesús que comporta, igualmente, una entrega a Él, recibiéndole como Señor y Salvador personal.

Y dichas críticas se basan  -dicen ellos- en que "Esa práctica no es bíblica"; "Esa práctica no la enseñaron ni Jesús, ni los Apóstoles"; "Esa práctica es errónea y lleva al engaño de creer que los que han hecho tal oración han recibido la salvación cuando no la han recibido".


Ateniéndonos al contexto

Bien, de una gran mayoría es sabido que esa práctica de hacer "un llamado al altar para recibir a Cristo como Señor y Salvador de tu vida" fue algo que comenzaron a practicar evangelistas que  tenían interés en que los oidores del Evangelio dieran ese paso de fe, decidiéndose por el Salvador.

Evangelistas (entre otros) como Charles Finney y Dwight L. Moody (Siglo IXX) y Billy Sunday y Billy Graham (Siglo XX) popularizaron y afianzaron el llamado a "pasar al frente y hacer la oración del pecador".

Algo que también se solía llevar a cabo por parte de la organización conocida como Campus Crusade for Cristo, quienes, después de explicar el folleto conocido como "Las cuatro leyes espirituales" invitaban al oyente a recibir a Cristo como Salvador y Señor de su vida.

Ahora bien, el hecho de que en siglos anteriores no se diera esa práctica, no significa que sea incorrecta. Lo que si era incorrecto era el hecho de que el Evangelio no fuera predicado; pero además también sería incorrecto creer que  no era necesario dado que gran parte de las sociedades occidentales se consideraban "cristianas" cuando más bien lo eran desde un punto de vista "cultural" aunque, en mucho, alejadas de la realidad.

Tuvieron que surgir avivamientos como el llamado "El Gran Despertar" bajo el ministerio de Jonathan Edward; el movimiento de los Moravos, o los llamados Metodistas; unos y otros pondrían énfasis en la renovación espiritual, la evangelización, la santidad, la justica social, etc.

Y en todos esos movimientos hubo grandes evangelistas; pero luego surgieron otros muchos como los ya mencionados antes, tanto en el siglo IXX como en el siglo XX, hasta el día de hoy.

Lo cierto es que, en todos esos contextos de evangelización, las decisiones a favor del Señor Jesús eran del todo pertinentes, necesarias y, en consecuencia, no podemos decir que sean malas en sí.

Más bien era  la consecuencia lógica de haber entendido el Evangelio predicado, su propósito y haber experimentado la obra del Espíritu Santo en la vida, antes y durante el momento que se hacía -y se hace- la oración de entrega.

 

¿Qué base bíblica tenemos en la Escritura para hacer el llamado de entrega a Jesús?
 

Los llamados de Jesús

En los evangelios vamos a encontrar las ocasiones en las cuales Jesús hizo llamados a la gente que escuchaban su Palabra y le seguían o a individuos en particular que contactaron con Él.

He aquí algunos ejemplos:

El llamado a seguir a Jesús, sin más (Mt.9.9)

El llamado a creer en el Evangelio predicado previamente por Jesús. (Mr. 1.14-15)

El llamado a encontrar el verdadero descanso en Él. (Mt.11.28-30)

El llamado a oír su Palabra, creer en Dios Padre y en Jesús mismo para tener vida eterna. (J.5.24)

El llamado a beber del agua de la vida para no tener nunca más sed. (J.4.13-14)

El llamado a confesarle a Él,  una vez que se da a conocer al individuo. (J.9.35-38)

El llamado a seguir a Jesús,  previa renuncia a todo. (Mt.16.24-26)

El llamado a hacer discípulos y a enseñarles la palabra de Jesús. (Mt.28.19-20)

El llamado a creer en Jesús, para experimentar la plenitud del Espíritu Santo, lo cual fue descrito por Jesús como “ríos de agua viva correrán de su interior” (J.7.35-37).

Ahora, si estudiamos con cuidado todos esos pasajes nos daremos cuenta de que las cosas no sucedieron de forma automática en cada uno de ellos.

El asunto es que si queremos poner en práctica parte de esos llamados divinos de parte de Jesús cuando evangelizamos o enseñamos, al principio siempre puede resultar de mucha ayuda a la persona el aclararle lo relacionado con aquello que ha oído y en relación con lo que pudiera estar ocurriendo en su interior. 1

De ahí que también tengamos ejemplos de esto: El ciego de nacimiento preguntó a Jesús: "¿Quién es (el Mesías) para que crea en él?" Y Jesús le aclaró su pregunta.

Entonces,  nosotros tenemos la responsabilidad de contestar las preguntas que nos hagan al respecto o de aclarar aspectos del mensaje que no hayan sido bien entendidos -o explicados-; y a continuación se puede hacer la invitación a la persona a ser consecuente con la fe que ha ido surgiendo en él, sin que apenas se haya dado cuenta.

Entonces pudiera ser el momento de orar, "confesando con la boca" lo que "ha creído en su corazón" (Ver Ro.10.9-10). ¿Donde está el problema?

 

Una oración de fe que es una confesión de fe y de entrega al Señor Jesucristo

A todo lo expuesto hemos de contestar con una afirmación positiva a favor de los llamados después de la predicación del Evangelio. Si embargo, no vamos a encontrar en el Nuevo Testamento un "modelo" de oración de "entrega" al Señor, por parte de la persona que ha oído el Evangelio.

Lo que se conoce como “la oración del pecador” ú “oración de entrega al Señor” no es sino un resumen de lo que significa haber entendido el Evangelio, haberse reconocido pecador necesitado de la salvación y haber reconocido que Jesucristo es el Señor y Salvador capacitado para perdonar los pecados y dar una esperanza de vida eterna. Así de sencillo.

Así que, el hacer una oración a Dios poniendo de manifiesto esa completa realidad espiritual no tiene por qué ser malo ni inconveniente. En todo caso, es una aplicación de lo que el Apóstol Pablo escribió en Romanos 10.9-10:

“Esta es la palabra de fe que predicamos que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo…”

Sin embargo, muchas personas experimentan lo mismo sin necesidad de tener que hacer lo mismo que explico aquí. Lógico. Las experiencias son muy variadas unas de otras y, por otra parte, Dios no está limitado por un “método” cualquiera que sea ni por “muy bueno” que sea.

Hay veces en las cuales después de predicar, el predicador hace un llamado y no pasa nada; nadie responde. ¡No pasa nada!

A menudo decimos a los que han escuchado la predicación que “no es necesario responder al mensaje ahora. A veces se hace necesario meditar en lo oído; y si estando en casa llegas a un más claro entendimiento, pudiera ser el momento de hacer una oración de fe y entrega al Señor Jesús, en la soledad de tu habitación. Y será tan válido como si lo haces aquí”.

Concluyo con la pregunta que ya había lanzado previamente: ¿Dónde está el problema en guiar a una persona que ha creído en el Señor Jesús, en manifestarlo de manera verbal y audible ante uno o varios testigos… o ninguno y tal y cómo hemos citado del Apóstol Pablo?

La oración de fe y entrega le afirmará y confirmará en su fe y, tal y cómo a este que escribe le ocurrió hace ya casi 60 años, siempre tendrá en su recuerdo aquel momento en que tomó tan estupenda, trascendente y magnífica decisión.

Y eso –de esa forma- me ocurrió a mí y a nuestra querida María Montero (ya con su Señor) a gran parte de nuestra familia (algunos cuando aún eran niños, todavía) y a millones y millones de personas alrededor de todo el mundo.

Por tanto, en mi opinión, la labor del evangelista no solo está en predicar el Evangelio (¡y hacerlo bien, de forma clara!) sino en ayudar al que le ha escuchado (caso de que la Palabra haya despertado la fe en él –Ro.10.17-) a llevarlo a los pies de Jesús, para que, sobre la base de su “arrepentimiento para con Dios y la fe en Jesucristo” (Hch.20.21) sea “participante de la –misma- naturaleza divina y de las preciosas las promesas de Dios” (2ªP.1.3-4).

En la próxima entrega trataremos los aspectos negativos que rodean a “la oración del pecador” y sobre los cuales hay que tener cuidado y mucha prudencia, para no dar por sentado lo que Dios no da por sentado lo que Dios no da por sentado ni afirmar lo que Dios no afirma. Porque eso sí entraría dentro de lo que “está mal” en todo ese proceso de “guiar al pecador a los pies de Cristo”.

1. Conviene aclarar aquí que, lo que “pudiera estar ocurriendo en el interior” de la persona, podría ajustarse a la obra del Espíritu Santo o no. En todo caso, el discernimiento espiritual se hace necesario para no interferir, estorbar o incluso pretender “acelerar” la obra divina cuando no, pretender reconocer una obra divina donde solo es una apariencia sin nada de realidad. De esto trataremos más adelante.

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