Al ver los ojos de Noelia en su última entrevista pienso en sus dolores acumulados. Pienso en los chicos que la violaron y cómo aquello que para ellos fue una juerga, un pasatiempo, que “no era para tanto”, fue para ella un peldaño decisivo del camino al final.
Sin duda, cada uno es dueño de sus decisiones, pero no podemos cerrar los ojos a nuestra responsabilidad colectiva en dramas como el de Noelia. ¿Qué valores estamos asentando, que trivializan entre nuestros jóvenes el asalto sexual? Los ojos de Noelia hablan de soledad, de desintegración del último refugio de protección, el de la familia, de desesperanza, de escepticismo hacia el mundo. ¿Qué familias y qué valores estamos construyendo, que dejan indefensos a jóvenes como ella? Noelia tuvo un recorrido vital en el que cada uno puso heridas y abrazos, pero el resultado final es también nuestro fracaso colectivo.
Pienso en los padres de Noelia. Hay que tener el corazón como un pedernal para no sentir su dolor hasta las entrañas y no comprender el grito desesperado del padre pidiendo hasta las últimas instancias vida para su hija. Pero no hay problema; lo resolvemos con los tics ideológicos que sentencian que el padre es un intolerante apoyado por una organización ultracatólica que se opone al progreso, un progreso que nos lleva a tener cada vez más violaciones en manada, más suicidios en nuestros jóvenes y un futuro para ellos tan hedonista como vacío.
Algunos dicen que la razón principal para que ella quisiese morir fueron sus dolores físicos, pero cualquiera que la escuche entenderá bien claro que fueron sus dolores del alma, de la soledad, de la liquidación de metas. Los ojos de Noelia, sus ojos grandes y oscuros, hablan de nuestro fracaso colectivo para protegerla de la insensibilidad, del egocentrismo y de las agresiones. Fracasamos al no poner luz en sus ojos, acogida en nuestro regazo y metas en su camino.
Pero en esta sociedad avanzada está prohibido hablar de culpa y tapamos la vida de Noelia con una inyección letal con anestésicos. Y nuestra anestesiada conciencia la tranquilizamos con la irresponsable y feliz convicción de que todo está bien, que somos tan progresistas que respetamos escrupulosamente la libertad de Noelia concediéndole el ejercicio de la autodeterminación para irse y desaparecer. Bravo.
