La Alianza Evangélica Española ha publicado su memoria anual de actividades, que recoge la acción desarrollada por sus diferentes grupos de trabajo a lo largo de 2025. Reproducimos a continuación el informe del secretario general, X. Manuel Suárez, que sirve como introducción al documento y en el que presenta un balance de los años en los que ha desempeñado esta responsabilidad, antes de dejar el cargo tras la próxima Asamblea General que se celebrará el viernes 15 de mayo.
Informe del secretario general, X. Manuel Suárez
Permitidme que este informe sea algo diferente: no voy a hacer una descripción pormenorizada de las actividades de este año; ciertamente todas ellas aparecen en los diferentes apartados de la memoria anual. Permitidme hacer más bien una evaluación general con la perspectiva de estos dos bienios en los que he ocupado mi responsabilidad en la Alianza.
Este breve informe es el último que escribiré como secretario general. Como sabéis, decidí dejar esta responsabilidad, una decisión que comuniqué a la Junta Directiva hace ya tiempo, pero que no quise hacer pública hasta ahora, para dar tiempo a que se pudiesen ir organizando las cosas de forma sosegada.
Como Junta hemos propuesto por unanimidad a Juan Carlos Parra que me sustituya en el cargo, pero esta es una entidad democrática en la que hay plena libertad para que se presenten otras candidaturas. Por eso oro para que, si Juan Carlos es el elegido, llegue más alto y más lejos que yo, y lo mismo si es otro el elegido.
Agradezco de corazón la entrega de todos los responsables de cada apartado de la Alianza, que han trabajado para el Señor y el Señor les recompensará (Ef 6.8); no me detengo a citarlos uno por uno, porque están a la vista de todos, del presidente Marcos para arriba –en esta organización, siguiendo los criterios bíblicos, el que preside está debajo de todos–, pero me vais a permitir que agradezca especialmente la labor de la secretaria, Carla Suárez, que durante todos estos años ha ido siempre más allá de lo exigible, lo que incluía recordarme reiteradamente las cosas que me quedaban por cumplir.
Los miembros de cada sección y grupo de trabajo son los que han construido día a día, seminario a seminario, sesión a sesión, publicación a publicación, la Alianza. Ha sido una prioridad para mí asegurar que somos ciertamente una única entidad y lo que cada uno hace en la Alianza lo hace para todos y todos los demás lo sentimos como algo propio. Como dije al inicio de este segundo período, la Alianza llegará tan lejos como cada uno de sus miembros quiera llegar.
Siempre aprecias lo que hicieron tus padres, pero no tienes una percepción cabal de lo que eso significa hasta que eres padre. Algo parecido me ha sucedido con Jaume Llenas; él fue de los primeros a los que le comuniqué mi decisión, y en esa charla identifiqué de forma muy clara las cosas que Jaume experimentó cuando decidió dejar la secretaría general.
No me corresponde a mí hacer una evaluación del desarrollo de mi trabajo, pero me animo a indicar que soy probablemente el secretario general que más ha sufrido por dejar en el sitio que le corresponde a la Alianza. No han sido pocas las ocasiones en las que he comprobado que lo más difícil no es defender lo complejo, sino lo obvio.
[destacate]Somos una comunidad pequeña, pero también lo son otros colectivos que han conseguido una mayor presencia pública e incidencia[/destacate]El pueblo evangélico es en España una comunidad pequeña, pero también lo son otros colectivos que han conseguido una mayor presencia pública e incidencia. Es temerario perder esta percepción de cuál es nuestra dimensión; no podemos, por tanto, permitirnos prescindir de nadie ni de ningún recurso en el pueblo evangélico; es muy imprudente asumir que la tarea que nos queda por hacer la pueda resolver un solo grupo o entidad, porque el fracaso estará garantizado.
La Alianza en estos años ha trabajado por extender las estacas, no ya las propias, sino las de la comunidad evangélica en su conjunto, para alcanzar el mayor territorio posible. Lo hemos hecho siguiendo el criterio de Pablo de extenderse a territorios no abordados por otros (2Co 2.16). Consecuentemente, en este tiempo hemos abierto Grupos de Trabajo en ese tipo de entornos.
Muchas de nuestras áreas de trabajo tienen como destinatario directo al pueblo evangélico, construyendo herramientas para el crecimiento del cuerpo en los términos de Ef 4.15-16.
Siguiendo en clave interna, en la Alianza Evangélica Europea y en la Mundial hemos progresado sobre lo construido durante el mandato de Jaume. No estamos entre las Alianzas con más recursos económicos ni humanos, pero con la gracia del Señor hemos multiplicado la eficiencia; formamos parte del grupo llamado familiarmente “las 6” y participamos en varias comisiones de la Alianza Europea.
Nuestra capacidad de incidencia desde la modestia ha quedado evidenciada en la última Asamblea General de la Alianza Mundial en Seúl. Como sabéis, allí llevamos nuestra propuesta de modificación de estatutos de la WEA con el claro objetivo de recuperar el espíritu de fraternidad libre y mejorar la profundidad democrática; tras múltiples vicisitudes, el Señor permitió que la Asamblea General aprobase, como respuesta a nuestra iniciativa, la apertura de un proceso de revisión a fondo de los estatutos que se debe completar antes de un año.
Además, en la Asamblea General previa de la Alianza Europea (EEA), planteamos la misma cuestión y, en respuesta a ello, nuestro representante de la EEA en el International Council, Reinhardt Schink, se comprometió públicamente a informar a las Alianzas Nacionales con regularidad de las cuestiones fundamentales tratadas en el International Council y de llevar a este órgano las iniciativas de las Alianzas Nacionales europeas.
Y hacia afuera hemos asumido el reto de hacer más visible la identidad y la perspectiva evangélica en la sociedad. En esta labor nuestra filosofía de trabajo ha sido siempre la misma: primero, asegurar que nuestra posición recoge la de la generalidad de la comunidad evangélica –ese es nuestro esfuerzo, por ejemplo, en la elaboración de los comunicados–, luego investigar con rigor lo que está ocurriendo ahí afuera, y finalmente traducir con consistencia, rigor y pertinencia la visión evangélica a la sociedad actual.
En estos años me he preguntado la razón por la que los evangélicos no hemos logrado mayor visibilidad e influencia real; es un tema que no podemos soslayar, para el que necesitamos la luz del Señor y la reflexión de todos. Mi percepción es que nos faltan recursos y estrategias por desarrollar.
[destacate]Tenemos que levantar la voz en defensa de las libertades democráticas; la primera, la libertad de conciencia[/destacate]Uno de los elementos a desarrollar es nuestra capacidad de incidencia política; no hemos hecho el suficiente trabajo de análisis socio-político de la realidad presente y nos queda trabajo para identificar nuestro lugar y nuestras áreas de oportunidad en la plaza pública. Necesitamos desarrollar habilidades de diálogo político y. si me lo permitís, de presión política. Si vas por la vida repartiendo sin más “paz y bien” (que no está mal) y brindis al sol, te encontrarás con entrañables palmaditas en la espalda y pocos resultados.
No podemos estar pendientes de no incomodar al que ostenta el poder, hay que estar dispuestos a decir en alto cosas políticamente incorrectas y recuperar para ello el valor de nuestra propia historia. En este sentido, como pueblo evangélico tenemos que presentarnos ante la sociedad y ante el poder político poniendo en claro con orgullo nuestra legitimidad como motores de libertad y echar mano así de los 150 años de lucha de la Alianza por las libertades sociales y políticas, una lucha a la que jamás hemos renunciado, ni en los duros inicios trabajando la solidaridad internacional, ni en la dictadura con la Comisión de Defensa.
En una sociedad que pierde profundidad democrática, en la que el debate político pierde altura y se convierte en un diálogo de sordos con descalificaciones mutuas, algunas leyes aprobadas amenazan libertades fundamentales, se imponen los rodillos y se lamina la capacidad de incidencia de las minorías –salvo las privilegiadas–, los evangélicos tenemos que volver a levantar nuestra voz en defensa de las libertades democráticas, y la primera de ellas, sobre la que asientan las demás, es la libertad de conciencia.
En esa tarea la Alianza se ofrece a todo el pueblo del Señor en España para hablar claro y alto junto con el resto del pueblo evangélico y llevar nuestro mensaje tan diferente a los medios de comunicación, ante las entidades de la sociedad civil, los dirigentes políticos, los partidos políticos, etc.
[destacate]Convocamos a toda la comunidad evangélica a avanzar como un solo cuerpo, estableciendo sinergias sólidas[/destacate]Son sólo algunos ejemplos de la forma de ser y trabajar de la Alianza. Como buenos protestantes, no nos consideramos mejores ni peores que nadie: nuestra excelencia no está en nuestra propia organización, sino en la gracia del Señor que nos capacita (2Co 3.4-6); y así vemos a todo el pueblo evangélico y a sus diferentes entidades hermanas.
Convocamos así a toda la comunidad evangélica a avanzar como un solo cuerpo. Siendo como somos una minoría, no tenemos más alternativa que identificar lo mejor que cada miembro del cuerpo puede ofrecer, ponerlo todos a disposición de los demás y establecer sinergias sólidas que permitan multiplicar nuestra eficiencia en la consecución de una mejor influencia sobre la sociedad y una más amplia proclamación del Evangelio en todas las áreas y en todos los entornos de nuestra sociedad.
Si deseas más información sobre la Alianza Evangélica Española, visita su página web alianzaevangelica.es.
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