Este estío de llamas y malos recuerdos
lágrimas de ceniza inundaron los montes,
en una inmensa cadena roja de incendios
que fue arrasando las vidas y los bosques.
Hoy, alrededor del oso y el madroño
nacen otras hogueras que venden humo.
También surgen en tertulias de consumo
desde que, apenas, se inició el otoño.
En el aire palabras llenas de fuego
se extienden sin rumbo por las calles
convirtiendo a amigos en rivales
y vistiendo de hollín todos los sueños.
Solo nos queda alzar el vuelo al cielo,
abierto de par en par entre humaredas;
porque Dios, lo sé, no quiere este infierno,
sino salvarnos en Jesús de la quema.
