Lleno de nada

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Lleno de nada
Lleno de nada

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38)

Estaba entero lleno de nada

entre el más absoluto vacío,

que siempre con nada llenaba

entre mil puntos suspensivos...

Compraba trozos de amor y afecto,

soñaba tronos de poder y gloria,

pero por la noche -ante el espejo-

he ahí un hombre solo que llora.

Mientras, un rey dejó cuanto tenía

vaciándose por completo entero

para derramar amor y justicia,

reguero de sangre en un madero.

Allí hubo perdón, y hubo castigo

que asumió quien no lo merecía.

Y hubo paz para el hombre vacío,

inundado en ríos de agua viva.

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