Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12)
Si se alzan pensamientos oscuros
que me transforman en noche el día
y me encarcelan entre sus muros,
los rompo con las ráfagas de luz
que llegan desde lo alto de tu cruz
y lo hondo de tu tumba vacía.
