Tu no habitas tras los muros del Templo,
ni en el patio del altar de sacrificios,
tampoco entre el incienso y los ritos.
En el brocal de Jacob, junto al sendero,
esperas la samaritana en su camino.
Allí tu Palabra es agua viva, es un río
que transforma espejismos y desiertos
en vergeles, donde florece lo infinito.
