Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia y con cánticos de liberación me rodearás. “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar. Sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:7-9)
Gotea el reloj, se deshiela la noche
en rocío de preguntas sin respuesta,
buscando mellar rendijas en la puerta
que protege mis más puras ilusiones.
Enséñame, Señor, cómo encender
una luz en este bosque oscuro
en el que anhelan coronarse rey
los murciélagos y los búhos.
Se que Tú me mostrarás la senda
como entre las olas riela la luna,
como la aguja orienta la brújula
del naufrago de tormentas en vela.
Mi alma en Ti siempre descansa
porque en mi has fijado tus ojos,
y tu inmensa misericordia alcanza
hasta lo más lejano y recóndito.
Con cánticos de liberación me rodearás,
con canto de amor mecerás mi cuna
y al son de guitarras crearás el compás
de mi vida entera aferrada a la tuya.
