El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel. Isaías 61:1
“No veo, oigo, ni hablo”, tres monos
recorren avenidas, parques y templos,
mientras los golpes del metrónomo
destrozan el futuro y los sueños.
Pero entre los escombros de este siglo,
como truena el shofar en el templo
vibrando con su áspero bramido,
alza su voz el Dios de los ejércitos.
Él no baja los brazos, y con Él lucho
por el más vital de los principios.
Podréis enjaular a todas las aves
pero nunca atar el viento del Espíritu.
