Una simple rama de olivo
detuvo todos los diluvios,
sembró todos los cultivos,
alimentó todos los suburbios.
Una zarza, por siempre ardiendo,
encendió todas las esperanzas,
reveló el nombre del Eterno,
iluminó el pacto de la alianza.
Una cruz de madera, vacía,
eternizó todos los amaneceres,
cumplió todas las profecías,
llenó el desierto de fuentes.
Paso a paso, en mi vida sigo
al Rey con corona de zarzas,
al Maestro de los olivos,
al Jesús de la samaritana.
