- “Mujer ¿por qué lloras?”,
oyó María en el huerto
de los lamentos sin horas.
- “Hortelano, lloro de dolor
porque mataron a mi Señor
y no sé dónde le han puesto.
Lloro por la mujer encorvada
que seguirá siendo humillada.
Y por las adúlteras lapidadas
por los hombres justicieros.
Lloro por la del flujo de sangre
que declararon desahuciada.
Y por las Martas ocupadas
en mil tareas sin ayuda;
y por las samaritanas,
y las que llaman impuras.
Dime dónde le han puesto
y así lloraré su recuerdo...
si Él aún viviese toda lágrima
se borraría de las páginas
de las preguntas sin consuelo”.
- “¡Soy yo, María!”
- “¡Raboni, Maestro!”
