Eldridge Cleaver, el ardiente alma de una Pantera Negra

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Eldridge Cleaver, el ardiente alma de una Pantera Negra
Eldridge Cleaver, el ardiente alma de una Pantera Negra

Hace ahora medio siglo que el líder revolucionario de la Pantegras Negras, Eldridge Cleaver (1935-1998), anunció en la cárcel al New York Times, su conversión al cristianismo evangélico. Frente al movimiento no-violento por los derechos civiles del pastor bautista Martin Luther King y la rigidez de la Nación del Islam de Malcolm X, nacen las patrullas de vigilancia armada de la comunidad negra con las Panteras Negras, contra la brutalidad policial. Eldridge Cleaver es el líder que escapa de la cárcel, donde escribe sobre su “Alma encadenada” (Soul On Ice 1968), para refugiarse en Cubá, Argelia y Francia. Mientras, Fred Hampton es muerto por el FBI y la policía de Chicago, antes de ser asesinado Huey P. Newton y Bobby Seale es puesto en prisión. Al volver a la cárcel, Cleaver cuenta cómo ha encontrado la fe en su “Alma ardiente” (Soul On Fire 1978) en un libro que publicó la editorial evangélica Word.

La trayectoria errática de Cleaver parece restar importancia a esta experiencia de conversión, aunque ya nunca dejó la religión. Tras su bautismo en 1976 con su esposa en la Iglesia Evangélica Internacional Palabra de Vida, escandaliza al moralismo evangélico con un modelo de pantalón que fabrica en Hollywood con su nombre. Los Cleavers también conocidos como “pantalones de virilidad”, tienen en lugar de la cremallera o los botones tradicionales, un compartimento o funda protuberante en la zona de la entrepierna para alojar y exhibir de forma prominente la anatomía masculina. Él decía que se basaban en Deuteronomio 22 y en una entrevista a Newsweek, lo ve como una extensión de la “hoja de higuera” del Edén.

En los 80 Cleaver se hace del partido repúblicano, pero no gana en ninguna de las elecciones a las que se presenta –en 1984 para el ayuntamiento de Berkeley y en el 86 para el Senado–. Se divorcia en el 87 de su esposa durante veinte años, Kathleen Neal. Su desilusión con el mundo evangélico, dice que viene por la comercialización que llega con su auge en la era Reagan. Conoce la secta de Moon, pero no le convence, tampoco el catolicismo-romano. Intenta hacer una sintesís de cristianismo e Islam que llama Christlam, pero se hace finalmente mormón en el 83 con su bautismo.

Eldridge sigue teniendo problemas con la justicia por varios delitos bajo efecto de la cocaína, pero se hace finalmente adicto del “crack”, entrando y saliendo de rehabilitación en los años 90. Trabaja de profesor y consejero para la diversidad en la Universidad LaVerne hasta que muere de un ataque al corazón en el 98. Los últimos años tiene bastantes problemas de salud y fallece a los 62 años en un hospital de Pomona (California). Sigue considerándose cristiano hasta el final de la su vida, pero no encontró el hogar espiritual que buscaba para su “alma en llamas”.

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[photo_footer]Cuando Cleaver anuncia su conversión al cristianismo evangélico en 1976, está en prisión y sin dinero para pagar la fianza ya que la izquierda radical se ha cansado de él.[/photo_footer]


¿Conversión verdadera?

Lo sorprendente de la profesión de fe de Cleaver es que viene en el momento de su mayor fama con las Panteras Negras. Cuando estaba como activista revolucionario llamando a la destrucción del gobierno de los Estados Unidos, se hace conservador y vota a Ronald Reagan. Pasa de hacer una coalición internacional radical para acabar con el colonialismo en el mundo, a convertirse en el “Billy Graham negro”, que habla de una “revolución espiritual”.

Es cierto que su idéntidad religiosa no puede ser más confusa, pero como dice su principal biógrafo, Justin Gifford (Revolution or Death: The Life of Eldridge Cleaver, Chicago 2020), él es “un hombre de contradicciones aparentemente irreconciliables”. Por un lado, parece un camaleón que se adapta a los cambios de que vienen con circunstancias sociales y políticas, pero por otro, siempre está huyendo de la situación en que se encuentra. Es un hombre violento, pero anhela la paz espiritual.

Cuando anuncia su conversión al cristianismo evangélico en 1976, está en prisión y sin dinero para pagar la fianza. La izquierda radical se ha cansado de él y se vuelve a la religión por un ministerio evangelistico en la prisión que se llamaba el Escuadrón de Dios (God Squad), que tenía reuniones de oración en la cárcel, a las que empieza a acudir Eldridge. En su libro cuenta como “cuando los misioneros cerraban los ojos y daban la mano a los prisioneros que se les unían para orar, los otros reclusos les tiran pastillas de jabón, saleros y papel higiénico mojado”. A pesar de las burlas, Cleaver sigue yendo a las reuniones de oración. Un capellán llamado Morrison le anima y le da una Biblia.

Eldridge dice que estando solo en su celda, “confesó el nombre de Jesucristo, pidiéndole que entrara en su vida como su Salvador personal, dejó todos los pecados al píe de la cruz y Él le hizo libre”. Para los escépticos –incluído su biógrafo–, su “transformación religiosa es hasta cierto punto un acto para conseguir apoyo conservador de la derecha religiosa”, pero como Gifford dice esto es “hasta cierto punto”. Nadie que le conociera, podía dudar del cambio que se había producido.

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[photo_footer]Cleaver se refugia en Cuba, Argelia y Francia, mientras, Fred Hampton es muerto por el FBI y la policía de Chicago, antes de ser asesinado Huey P. Newton y Bobby Seale es puesto en prisión.[/photo_footer]

“El año de los evangélicos”

1976 es declarado por los principales semanarios estadounidenses, Time y Newsweek como “el año de los evangélicos”. Un tercio de los norteamericanos –según la encuesta Gallup– se identifica como “nacidos de nuevo”. Y tanto el líder repúblicano –Gerald Ford– como el demócrata –Jimmy Carter–, dicen tener una relación personal con Jesús, que les identifica como evangélicos.

Cleaver da forma a su testimonio por la lectura del libro de Charles Colson (1931-2012), “Nacido de nuevo”, aparecido en febrero de ese mismo año. En él, el consejero especial del presidente Nixon y uno de los principales artifices del escándalo Watergate, declara su nueva fe, cuando estaba en una prisión federal durante siete meses por obstrucción a la justicia. El libro de Colson, que fue luego una película, vendió cuarenta mil ejemplares antes incluso de que se publicara, por las expectativas que producía el anuncio de su conversión. Para otoño del 76 había superado ya el medio millón de copías. Colson recibía ya medio centenar de cartas al día, pero no pasa por alto la de Cleaver, mientras establece el mayor ministerio de prisiones que hay en el mundo evangélico.

El libro de la conversión de Cleaver se publica el año 78. Su título juega con el anterior, su obra más conocida –traducida también al castellano–. “Alma de hielo” se convertía en nuestro idioma en “Alma encadenada” (Siglo XXI, 1969) con uno de esos giros peculiares que reciben los títulos en español. “Alma ardiente” (Soul On Fire) cuenta lo que ocurrió cuando “aceptó a Jesús como su Salvador”. La historia ocurre en Rocheville cuando vio que el rostro de sus héroes anteriores –Castro, Mao, Marx y Engels– palidecían ante la luz de Jesucristo. Contó esa historia durante más de veinte años en iglesias, escuelas e incluso comisarias de policía. Fue en cierto sentido la fuente de ingresos de su vida a partir de entonces y en lo que se había convertido su fiera retórica revolucionaria.

El apoyo a Cleaver fue inmenso. Al fondo de defensa que abre su esposa Kathleen contribuye desde el político, historiador y diplomático George McGovern –candidato demócrata en 1972– al vicepresidente de Carter –Walter Mondale– y el filántropico empresario petrolero Rockefeller. Le dedica una canción con el título del libro, el pionero del “rock de Jesús”, Larry Norman (Soul On Fire). Y el cantante evangélico Pat Boone le escribe diciendo que “Jesús estará con él hasta el fin del mundo y como somos uno con Él, parece que vamos a estar juntos para siempre”.

El empresario evangélico que hizo una fortuna con seguros por correo, Arthur DeMoss –principal patrocinador de Agapé, la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, padre de Nancy Leigh DeMoss de la organización “complementarista” Aviva Nuestros Corazones– paga la mitad de la fianza de Cleaver, después de leer sobre él en Los Angeles Times, escribirle y visitarle en la prisión. Todo ello, algo difícil de imaginar hoy en día con la polarización que existe.

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[photo_footer]Cleaver lee el libro de Charles Colson (1931-2012), Nacido de nuevo, en el que el consejero especial del presidente Nixon y responsable del Watergate, cuenta su conversión en la cárcel.[/photo_footer]

La perseverancia de los santos

La Biblia enseña que los verdaderos creyentes en Cristo perseverarán hasta el final de su vida, guardados por la Gracia de Dios que nos sostiene (1 Corintios 1:8; Filipenses 1:6; 1 Juan 5:4-5). En un sentido no se puede perder la salvación, pero por otro, no todo el que profesa ser cristiano, persevera. Si no seguimos en la fe, no hay seguridad de salvación, como nos advierte la Epístola a los Hebreos al hablar de la apostasía (2:1-4; 3:7 – 4:13; 6:4-12; 10:26-39; 12:15-25). Es un tema de controversia doctrinal a lo largo de la Historia.

El mayor problema, sin embargo, no es la teología, sino su aplicación a una persona concreta como era Cleaver. Alguien como Eldridge fue de todo a lo largo de su vida: bautista por la educación con su madre, una ferviente creyente de Wabbaseka (Arkansas); católico en su juventud; musulmán negro por su conversión en la cárcel de Califonia a principios de los 60, cuando se une a la Nación del Islam, hasta el asesinato de Malcolm X por tres de su propio grupo; militante comunista revolucionario en los 70 hasta su conversión cristiana hace ahora medio siglo. Sin embargo, pasa de ser pentecostal a un híbrido con el Islam, después de asistir a reuniones de la Iglesia de la Unificación de Moon y acabar siendo mormón por un tiempo. Es el perfecto ejemplo de lo que los americanos llaman una conducta “errática”.

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[photo_footer]Agresivo y combativo, Cleaver no encuentra al final su hogar espiritual en el mundo evangélico.[/photo_footer]

Cuando todavía estaba en la prisión de Folsom en junio del 65, Cleaver escribe un texto que se convierte luego en un capítulo de su libro “Alma encadenada”. En él se declara como un “extremista por naturaleza”. Era alguien “intenso”, como dicen también los americanos con otra de esas expresiones elegantes, pero muy descriptivas de lo “pesadas” que son algunas personas. Agresivo y combativo, no encontró su hogar en el mundo evangélico, como dice el artículo de Christianity Today de 1984. Tuvo una vida tumultosa, pero no sería el primero en encontrar sin embargo, una nueva vida en Cristo.

El apóstol Pedro era evidentemente alguien impulsivo, capaz de declarar su pasión por Cristo hasta el punto de querer dar su vida por él. No podía permitir que fuera a Jerusalén para ser entregado y se enfrenta con violencia a los que vienen a deternerle en el huerto de Getsemaní. Sin embargo, esa misma noche, niega tres veces haberle conocido. No quiere saber nada de él, cuando su mirada le alcanza en el patio en que Jesús estaba siendo juzgado. Se acuerda de lo que le había dicho su Maestro y llora amargas lágrimas, porque es un caso perdido.

La muerte de Cristo parecía el final de toda esperanza, para Pedro. El canto del gallo no era para él, más que el eco de las maldición bajo la que estaba su vida. El amanecer no traía ninguna esperanza para él, pero al tercer día, su vida renació con el anuncio y la evidencia de la tumba vacía. Cristo le aparece resucitado.

“El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, según su grande misericordia, nos hace renacer para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3). Si Él vive, nosotros podemos tener una nueva vida también por Cristo Jesús. Si crees que eres un caso perdido, ¡no desesperes! ¡Bienvenido al club! Nuestro Señor está especializado en casos perdidos!

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