El ser humano ha buscado siempre la independencia. Para los tres directores con los que la ahora fallecida Marcia Lucas trabajó, eso es una auténtica obsesión. El Nuevo Hollywood de los años 70 aspiraba a hacer un cine de autor fuera del sistema de los grandes estudios. La lucha de Lucas, Coppola y Scorsese no fue fácil, pero los tres encontraron en Marcia un gran apoyo. Ella no sólo se encargó del montaje de las películas de su marido, “American Grafftti” (1973) o “Star Wars” (1977), sino que fue una de las principales colaboradoras de Coppola y Scorsese desde “Llueve sobre mi corazón” (1969) a “Taxi Driver” (1976). Su nombre, sin embargo, fue borrado de la historia desde su divorcio en 1983.
Por no saber, no está clara ni su fecha de nacimiento. Según la mayoría, 1945, porque se decía siempre que era un año más joven que George Lucas. Sin embargo, según el seminal libro de entrevistas de Peter Biskind sobre “La generación que cambió Hollywood” (Moteros tranquilos, toros salvajes), Maria Lou Griffin nació en 1947 en la misma localidad californiana que George Lucas, que lleva el paradójico nombre de Modesto. Su padre era un militar destinado en una base cercana, pero cuando Marcia tenía dos años, el matrimonio se divorcia y ella se va con su madre al norte de Hollywood, donde vive con sus abuelos, sin conocer todavía a George.
Trabajaba en un banco de hipotecas de Los Ángeles, mientras estudiaba química por la noche, cuando se hace novia de un empleado de un museo que le encuentra trabajo para archivar películas. Aprende el oficio del montaje en San Fernando con la veterana encargada de edición cinematográfica, Verna Fields. Conoce a George cuando viene a hacer prácticas como estudiante en un pequeño proyecto documental sobre los viajes del presidente Johnson con Marcia como supervisora. Ella intimidaba al tímido George. Según ella, él era pesimista, porque era callado e introvertido, mientras que ella era optimista por su extroversión. Aparece entonces, el tercero en discordia, Coppola, amigo y fundador con Lucas de los estudios American Zoetrope en San Francisco en diciembre de 1969.
El nuevo Hollywood
Había una batalla entre el viejo Hollywood que representaba el sistema de estudios –llevado por ancianos– y el Nuevo Hollywood, que entiende que el “cine-espectáculo” ya no sirve para competir con el auge de la televisión, porque una nueva generación –la del “baby boom” de posguerra– llegaba a la mayoría de edad en los 60. Coppola había conseguido un Oscar por escribir “Patton” en 1971. Francis estaba casado con su esposa de toda la vida desde 1963, la ahora también fallecida Eleanor, el año que acaba sus estudios de cine en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y nace su primer hijo.
Una semana después de la boda, la productora independiente Seven Arts le contrata para escribir un guion sobre una novela de la escritora Carson McCullers, “Reflejos en un ojo dorado”, pero John Huston no utilizó nada de lo que Coppola escribió. Seven Arts le mantiene a sueldo, para trabajar en equipo en otros muchos guiones, hasta que al asociarse con la Warner, dirige una comedia para ellos, “Ya eres un gran chico” (1966). Fue algo insólito, porque en aquella época, los grandes estudios no contrataban a alguien con 27 años, como director de una película. Al año siguiente llega a hacer con 28 años, incluso un musical con Fred Astaire y Petula Clark, “Más allá del arco iris”. La experiencia fue desastrosa, pero en el rodaje conoce al joven Lucas.
Lucas y Coppola se lanzan como Dennis Hopper y Peter Fonda en “Easy Rider” a la carretera en busca de la América auténtica, fuera de los estudios de Hollywood. En la significativa fecha de 1968 se hacen las dos películas con el pequeño equipo de un documental: la primera se ha convertido en un símbolo de la contracultura e inicio del Nuevo Hollywood, “Easy Rider”; mientras que “Llueve sobre mi corazón” (The Rain People) tuvo más éxito de crítica y menos de público, aunque ganó la Concha de Oro de San Sebastián.
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[photo_footer]Marcia se casa con George Lucas en 1969 en la Primera Iglesia Metodista Unida de Pacific Grove, cerca de Monterrey.[/photo_footer]
Llueve sobre mi corazón
Coppola cuenta en la biografía de Peter Cowie que “Llueve sobre mi corazón” se basa en la desaparición de su madre durante unos días, después de tener una discusión con su padre, Cuando volvió, se negó a decir dónde había estado. Para hacer la película consiguió dinero de la Warner para contratar incluso a Lucas, supuestamente para hacer un documental sobre el rodaje, cuando lo que querían era que escribiera el guion de su primer filme, “THX 1138”. Hizo también lo que ahora se llama un “making of”. Cuando le preguntan a Lucas cómo pudo Coppola conseguir financiación, dice que “Francis era capaz de vender hielo a los esquimales”. En el camino piensan crear un estudio alternativo fuera de Hollywood, American Zoetrope.
Las mujeres tienen una parte importante en esta decisión. No sólo era una mujer, la protagonista de “Llueve sobre mi corazón”, sino que las esposas de Coppola y Lucas tienen un papel decisivo en la idea de establecerse en San Francisco. La regla de Coppola era que en los rodajes sólo él llevaba a su familia. Los demás dejaban a sus parejas en casa. Marcia se niega y viaja con ellos. Se casa con George en febrero del 69 en la Primera Iglesia Metodista Unida de Pacific Grove, cerca de Monterrey. Se establecen en el valle de Mill cerca de San Francisco, donde nace la primera comuna cristiana de hippies, antes que la Revolución por Jesús se desplace al sur de California. Eleanor Coppola no quería educar a sus hijos en Hollywood y Marcia Lucas quería que fueran con ellos, para formar parte del proyecto. En 1969 consiguen una nave de dos pisos y contratan unos hippies para arreglarla. Estaban tan “ciegos de ácido” (LSD), que tuvieron que arrancar todo lo que habían hecho y empezar de nuevo.
Lucas estaba fascinado con Coppola y Marcia se convierte en su secretaria. George y Francis son muy diferentes, pero mantienen una relación de amor y odio durante años. Coppola es mayor que Lucas. Físicamente, George es bajo y delgado mientras que Francis es alto y grueso, pero Lucas es también tímido, reservado y cauteloso, mientras que Coppola es temperamental y temerario. Lucas está obsesionado por el control, mientras que Francis siempre delega, para trabajar en equipo. George dice al autor de “Moteros tranquilos, toros salvajes”, que “todos los directores tienen su ego y son inseguros, pero de todos los que conozco, el que tiene el ego y la inseguridad más grande es Francis”. Peter Biskind cree que “a pesar de todo, Francis fue el mejor amigo que jamás tendría el tímido Lucas”.
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[photo_footer]Marcia no sólo se encargó del montaje de las películas de su marido, American Grafftti o Star Wars, sino que fue una de las principales colaboradoras de Coppola y Scorsese.[/photo_footer]
Una oferta que no se puede rechazar
Aunque la primera película de Lucas, “THX1138” (1970), fue un fracaso comercial, la siguiente que produce Zoetrope es una obra de culto aún mayor que la primera y tuvo un tremendo éxito, “American Graffiti” (1973). Recuerda una loca noche de adolescentes en una pequeña ciudad de provincias americana en los años 50. Son las memorias de una fiesta. antes de ir a la universidad, que recorren una cinta a ritmo trepidante. El final me parece maravilloso. Acaba con la evocativa paciente mirada de un largo plano del protagonista, que contempla su vida desde la ventanilla del avión, en la dura resaca de la mañana siguiente. No había nada en ella que hiciera sospechar la fantasía de película que se llamó “La guerra de las galaxias” (Star Wars 1977).
Nace entonces, el proyecto de “Apocalypse Now” (1979) sobre la novela de Conrad, “El corazón de las tinieblas”, trasladada a la guerra del Vietnam, pero con el primer guion de John Milius. Coppola compra buenos equipos de rodaje en Alemania y Dinamarca, pero ya el primer año desaparecieron algunos por valor de cuarenta mil dólares. Había mucho descontrol en Zoetrope y la deuda aumentó tanto, que Warner le retiró la financiación. Le debía también dinero al pionero del cine independiente con quien había comenzado, George Corman, pero ni siquiera con lo que había ganado con “Patton” podía cubrir las deudas. Aunque tenía 29 años y dos hijos, se resistía a aceptar el encargo de adaptar la novela de Mario Puzo, “El Padrino”, es Lucas quien le convence de que no tiene otra opción.
Paramount era propiedad de un conglomerado llamado Gulf & Western. Su presidente, Zukor, fue reemplazado en 1966 por un hombre colérico que tenía grandes plantaciones de caña de azúcar en la República Dominicana. Se llamaba Bluhdorn. Aunque todos creen que era judío, como la mayoría de los artífices de Hollywood, ocultaba sus raíces hebreas. El abogado de la mafia, Korshak, dijo que su hermana iba con él a la sinagoga en Chicago, aunque él decía no saber nada de fiestas judías. El vicepresidente de Paramount, un judío neoyorquino llamado Jaffer, era el ejecutivo que tenía que tratar con Coppola. Así que es Bluhdorn quien le hace a Coppola “una oferta que no puede rechazar”. Y Francis se va justo después del contrato con su familia en barco al festival de Sorrento en Italia. Ocupa el bar de la nave como si fuera su despacho. Pega páginas de guion de “El Padrino” en todas las ventanas. Y al volver pone su máquina de escribir sobre una mesa del Caffé Trieste de San Francisco, donde he podido ver fotos en la pared de cómo trabajaba allí con Mario Puzo, una mañana tras otra.
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[photo_footer]Marcia Lucas se encarga también de la segunda película de Star Wars, El imperio contraataca en 1980 con Irvin Kershner, para muchos, la mejor de la serie.[/photo_footer]
La guerra de las galaxias
Yo soy de la generación que vio “Star Wars” en los cines en 1977. Tenía 13 años, aquel gélido noviembre en que hice cola con mi padre, para ver la primera película en una de las dos únicas salas que la exhibía en Madrid –nosotros fuimos al ahora cerrado Roxy B en la calle Fuencarral–. Aquellas navidades pedí el disco con la música de John Williams. Todavía tengo el vinilo con la banda sonora. Mis hijos leyeron luego los cómics de Marvel, que me compró mi padre aquella época en los kioscos.
La manía se me fue antes de que apareciera la segunda parte, “El imperio contraataca” en 1980, para muchos, la mejor de la serie. Marcia Lucas edita la película con Irvin Kershner. Críticos como Peter Biskind, acusan a “Star Wars” de “arruinar” Hollywood. No en el sentido económico –ya que desde el primer momento superó el récord de taquilla que tenía “El Padrino” –, sino porque el éxito de Lucas y Spielberg acabaron con el riesgo del principio de la saga de Coppola, la desoladora visión de “Taxi Driver” de Scorsese, o el humor inteligente de Woody Allen en “Annie Hall”, para convertirse en el espectáculo adolescente que llena los centros comerciales desde los años 80.
El universo de Lucas ha tenido un impacto en generaciones de espectadores, más allá de las cualidades que tenga como medio de diversión. Como dice el crítico católico Steven Greydanus, se ha convertido en “la quinta esencia de la mitología americana”, junto al universo del “western”. En cierto sentido, Han Solo tiene algo también de vaquero. Lo que pasa es que el mundo del Oeste está basado es una historia y una geografía que tienen relación con la realidad. Aunque “Star Wars” toma elementos de las sagas artúricas, la Tierra Media de Tolkien, o la épica “samurai” oriental, lo hace con el lenguaje de la ciencia ficción más popular, conocida como “space opera”, una mezcla de Buck Rogers y Flash Gordon con el mundo de la caballería y los espadachines.
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[photo_footer]El protagonista de Taxi Driver transita entre el pecado y la culpa, en busca de redención.[/photo_footer]
¿En busca de redención?
En Sorrento Coppola conoce a Martin Scorsese, bajito con barba y pelo largo, neoyorquino como Francis. Marty no sólo tenía un conocimiento enciclopédico de la Historia del cine, sino que tenía el rock metido en la cabeza. Se sabía todas las letras y títulos de las canciones. Coppola iba a comer pasta a casa de los padres de Scorsese en la Pequeña Italia de Nueva York, hoy desaparecida. Marty dice que llegó a grabar la voz de su padre, para imitar el acento. Su madre no dejaba de darle sugerencias para el reparto.
Marcia Lucas supervisa la edición del montaje de “Taxi Driver”. Su autor, Paul Schrader cree que “la soledad y la paranoia de Travis”, el personaje del taxista que protagoniza Robert DeNiro, “no tienen un origen social”, sino que “son puramente existenciales”. Esta obra conmovedora nos enfrenta de hecho a la crisis de fe del católico Scorsese y el protestante Schrader, que abandonan sus estudios de teología, para dedicarse al cine. El término más usado para describir la obra de Scorsese y Schrader es su búsqueda de redención. Sus personajes torturados y obsesivos nos muestran la condición del hombre contemporáneo, atrapado en sus contradicciones. Son figuras como Travis, inmersas en el infierno de la ciudad, pugnando constantemente por liberarse de sus pecados, en una catarsis de violencia y horror.
Travis transita entre el pecado y la culpa, en busca de redención. “Supongo que cualquier persona que haya tenido una educación profundamente cristiana, como yo”, dice Schrader, “estará interesado en la culpa, la redención, y la salvación”. La pregunta para él sigue siendo la misma de la Biblia: “¿cómo conseguimos expiar nuestras culpas?”. Él se educó en las Escrituras que enseñan “que sangre ha de ser derramada, sea la nuestra o la de quien nos represente, como Jesucristo”. No hay otra forma para él, de “expiar los pecados”. Así que “no importa lo antigua que sea, la cuestión del pecado, la redención y la gracia siempre será fundamental para mí”.
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[photo_footer]Coppola funda con su amigo George Lucas los estudios American Zoetrope en San Francisco en1969.[/photo_footer]
¿Independencia?
La tentación de la Humanidad desde el principio (Génesis 3) ha sido escoger por sí misma lo que le conviene. Al independizarnos de nuestro Creador, nosotros determinamos qué es lo bueno y lo malo, para nosotros. Al “comer del fruto prohibido del árbol del conocimiento”, decidimos no solamente probar lo desconocido, sino dejarnos guiar por nuestro propio discernimiento. La tragedia del ser humano es que no hay nada más justo que los resultados del camino que nosotros mismos hemos elegido. Nuestra única esperanza está en la misericordia del Juez.
La Buena Noticia del Evangelio es que Él puede redimirnos de nuestra culpa por Su propia justicia. No debemos aferrarnos a la nuestra. Es en la confianza de la fe, no en la independencia de nuestra propia justicia, que podemos ser justificados (Romanos 3). Esto es un escándalo para el mundo, pero una asombrosa sorpresa para el que se ve perdido y sin redención posible.
La única victoria sobre el pecado viene sin embargo por la Gracia de Dios. Ya que en Cristo “tenemos redención por su sangre y el perdón de pecados, según las riquezas de su Gracia” (Efesios 1:7). La cruz es el triunfo de la Gracia, que nos libra de esa soledad terrible, para reconciliarnos con un Dios, que “en amor nos adopta como hijos suyos por medio de Jesucristo” (v. 5). Lejos de Él, sólo hay desolación.
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