Medio siglo del ‘Hotel California’

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Medio siglo del ‘Hotel California’
Medio siglo del ‘Hotel California’

Va a hacer ahora cincuenta años que se publicó el tercer disco más vendido de la historia, “Hotel California” del grupo Eagles, probablemente la banda de la Costa Oeste norteamericana más popular en los años 70. Tuvo tal éxito, que les permitió disfrutar de todo lo que la vida ofrece. Los resultados no pudieron ser más desalentadores. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, que diría el Predicador del Eclesiastés…

A finales de los años 60 se juntan en los cañones de Los Ángeles toda una comunidad creativa de cantautores y vaqueros cocainómanos – según la conocida frase del crítico inglés Barney Hoskins, autor un interesante libro sobre esta época, llamado precisamente así “Hotel California” (Editorial Contra, Barcelona, 2021) –, que va a revolucionar el mundo del rock. Uno de esos cañones da nombre al sonido de muchas de estas canciones, Laurel Canyon.

Locales como el Troubadour del bulevar de Santa Mónica, les pareció a grupos como los Eagles, “un lugar santo / protegido por sublime gracia”, como dice su canción “El triste café” (The Sad Café). En él entretenían cantautores como James Taylor, Carole King, Joni Mitchell, Linda Ronstadt o Jackson Browne, a “una multitud solitaria”, cuando no tenían ni un centavo. Allí se conocieron los miembros del grupo que formaron los músicos que luego llegarían a la fe cristiana, Roger McGuinn y Chris Hillman (The Byrds). Y fue allí también donde dio el primer concierto, la banda de Neil Young, Stephen Stills y el ahora pastor de la Comunidad de la Viña, Richie Furay (Buffalo Springfield).

Un caluroso día de agosto de 1971, sin embargo, cinco hombres desnudos están sentados en una sauna de Los Ángeles. Cuatro son músicos y el otro un afamado bróker de temible reputación, David Geffen. Les habla de sus planes de formar una compañía de discos, Asylum, que “quiere mantener muy pequeña”, dice: “Nunca tendré más artistas que los que caben en esta sauna”. Veinte años después vende su segundo sello por 550 millones de dólares, mientras los Eagles –la banda formada por dos de aquellos músicos–, se convierte en el grupo de más éxito en Estados Unidos.

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[photo_footer]Los Eagles eran el nuevo sonido del sur de California, aunque la verdad es que ninguno de ellos venía de allí.[/photo_footer]


Ni lo intentes entender

Los Eagles eran algo diferente. Si Neil Young o Joni Mitchell eran artistas intuitivos e impredecibles, Glenn Frey y Don Henley formaron esta banda para vender millones de discos. Los dos vivían en un cuchitril en las colinas cerca del Hollywood Bowl. Antes de aparecer por el Troubadour, se prepararon una temporada en un pequeño club de Aspen (Colorado) llamado Gallery a finales del otoño de 1971. Cuando regresaron a Los Ángeles, estaban dispuestos a conquistar el mundo.

Entre las canciones que marcaron su debut con Asylum en 1972 estaba un tema de Jackson Browne llamado “¡Tómalo con calma!” (Take It Easy), que a los oídos de Frey le sonó como un éxito desde el primer momento. El sentimiento de relajación que inspira su letra, parece capturar el sueño de libertad que llenó el sur de California a finales de los años 60. Frey le añadió algunas líneas como “es una chica, Señor mío, en un Ford plano”, dirigidas a una juventud inquieta, “iluminada mientras puedas / no lo intentes siquiera entender”.

Era el lado tranquilo de los Eagles, el que atrajo al productor inglés Glyn Johns, que había trabajado en Londres con los Rolling Stones y Led Zeppelin. Para su desesperación, la banda quería un sonido más duro y sucio. La promoción los presentaba como algo entre la vanguardia y lo comercial. Al volver a Los Ángeles inician sus conciertos en una exposición de un artista tejano que utilizaba cráneos de vaca. Algo que se convertiría en parte de la imagen de los Eagles. Eran el nuevo sonido del sur de California, como anunciaba su foto de portada en el desierto con un Joshua Tree. Aunque la verdad es que ninguno de ellos venía de allí.

Desesperados

A finales de 1972 Geffen vende su compañía a la Warner, y Asylum se une al sello Atlantic. Sus palabras seductoras en la sauna se evaporan y los músicos se sienten traicionados. Es entonces cuando hace su aparición Irving Azoff, un temible manager que se ofrece a representar a los Eagles.

El grupo acababa de hacer un álbum conceptual, presentando a las estrellas de rock como bandidos. El disco fue resultado de la colaboración entre Frey y Henley, que ahora vivían en el Cañón Laurel, rodeados de vino, mujeres y canciones, además de póquer y cocaína.

El personaje principal de “Desperado” (1973) es como el Predicador del libro del Antiguo Testamento, Eclesiastés. Busca una emoción detrás de otra. Es un espíritu inquieto, prisionero de su deseo, que tiene todo lo que este mundo materialista le puede ofrecer, pero aún así no le satisface.

El hedonismo vacío de “Desperado” nos presenta un hombre sin descanso, que intenta calmar su sed con los placeres de este mundo, pero cuanto más consigue, más sed tiene. Da igual lo bueno que tenga delante de él, siempre desea otra cosa.

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[photo_footer]El personaje principal de Desperado (1973) es como el Predicador del libro del Antiguo Testamento, Eclesiastés.[/photo_footer]

Hotel California

Aunque será en su disco de 1976, “Hotel California”, que describan con aún mayor dureza el vacío de todo lo que puede conseguir la fama y el dinero en este mundo. La vida en el carril rápido (Life On The Fast Lane) lleva al último recurso (The Last Resort), “que juega la gente guapa, hambrienta de poder”. El optimismo de los 60 acaba con el final de la fiesta.

“La primera mitad de los 70 había sido una gran huída”, dice Don Henley. “Veníamos al final de los 60 con la gente en la calle tomando ácido (LSD) y pensando que iba a cambiar el mundo”. Fue entonces “un choque para la gente ver que realmente no había cambiado nada”.

“Hotel California”, dice Henley, “trata de mirar las cosas de otra manera, se pregunta a dónde vamos ahora y qué nuevos valores pueden dar más sentido y valor, que aquellos construidos sobre la arena”. Sus dulces juegos de voces y “country-rock” se recrean en la autocompasión de estos californianos cansados de su peregrinaje por la vida, en busca de paz para su mente, tras una vida “sin fruto”.

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[photo_footer]En su disco de 1976, Hotel California, los Eagles describan con dureza el vacío de todo lo que se puede conseguir con la fama y el dinero en este mundo.[/photo_footer]

Bernie Leadon

Uno de los miembros fundadores del grupo, el bajista Bernie Leadon, es ahora cristiano. Cuando el escritor evangélico inglés Steve Turner le pregunta cómo recuerda aquellas canciones, Leadon dice: “Todavía pienso que perciben mucho de la condición humana, pero al final no ofrecen respuesta”.

Para el músico, “tenían muchas cosas buenas, pero al final queremos lo que no tenemos, y así no podemos conseguir satisfacción”. En “Hotel California”, dice Leadon, “estábamos atascados, no podíamos salir”. Es “como si tuviéramos los coches más rápidos y todas las tarjetas de crédito, pero estábamos atrapados”.

Leadon se da cuenta ahora que eran “víctimas del deseo”. El músico recuerda que estaban “intentando encontrar satisfacción para sus deseos físicos, necesidades emocionales y querían más sexo, más dinero y mejor comida, pero no estaban satisfechos”.

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[photo_footer]Uno de los miembros fundadores del grupo, Bernie Leadon, es ahora cristiano.[/photo_footer]

Un largo camino fuera del Edén

Al autor de Eclesiastés le ocurre lo mismo, cuando descubre que todo es vanidad. La vida es tan corta (1:4) y no consigo satisfacción, como dicen los Stones. No hay nada nuevo bajo el sol (vv. 9-11). Sólo nos queda el deseo y la insatisfacción, tras este largo camino fuera del Edén.

“La necesidad es la religión de los que no tienen religión”, dice el sociólogo evangélico Tony Walter en su libro “Todo lo que amas es la necesidad” (All You Love Is Need), jugando con el título de la canción de los Beatles. Es “la moralidad de los que se enorgullecen de haber progresado más allá de la moral”.

El problema es ¿quién calmará esa necesidad? Es entonces cuando el Predicador concluye: Acuérdate de tu Creador (Ec. 12:1). Olvidarle es nuestra muerte espiritual. Recordarle es conocer la vida y vivirla en abundancia.

La vida es un viaje sin retorno (v. 5 ss.). No hay reencarnación, ni vuelta a la vida por tecnología alguna. Es un viaje a la eternidad, en el que sólo nos puede guiar seguro el buen Pastor (Salmo 23), que da su vida por nosotros (Juan 10:11). La cuestión es si estamos dispuestos a seguirle.

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