Si en tiempos de Cuaresma la banda irlandesa U2 sorprendía con un EP en “Días de ceniza” (Days of Ash), lamentando el estado del mundo, esta Pascua lo que anuncia es la esperanza de la Cruz, la Resurrección y los Salmos. Su nuevo EP, “Lirio de Pascua” (Easter Lily), nos recuerda la fe del grupo que comenzó en una comunidad cristiana de Dublín a finales de los años 70.
Musicalmente, volvemos a los U2 de principios de este siglo, pero las letras nos llevan al “fuego inolvidable” de sus inicios, como el vídeo que acompaña las antiguas fotos del grupo en los 70, “En una vida” (In A Life). En un sentido, los títulos de estos temas lo dicen ya todo: “Cicatrices” (Scars), “Canción de Resurrección” (Resurrection Song), “Desfile de Pascua” (Easter Parade) o “COEXISTIR: Bendeciré al Señor en todo tiempo” (COEXIST: I Will Bless The Lord At All Times), citando el Salmo 34.
Inocencia perdida
Cuando uno llega a cierta edad, tiende a mirar atrás, para descubrir quién es. Eso es lo que lleva haciendo ya U2, unos años en sus últimos discos, álbumes que giran en torno a su nostalgia por la inocencia perdida. Nos llevan a los días en que la banda irlandesa no era el grupo de rock más famoso del mundo, sino la banda de adolescentes que formó hace medio siglo The Hype en el instituto protestante de Dublín, Mount Temple. Era la época del punk, que dio a Bono y a Larry, la rabia para expresar la trágica pérdida de sus madres, siendo aún adolescentes.
Cincuenta años después de que su madre se desplomará con un aneurisma cerebral en el funeral de su padre, en 1974, Bono siente todavía la orfandad que llenaba las canciones de su primer disco, “Chico” (Boy 1980). Fue el verano siguiente, cuando los conocí personalmente en el festival cristiano de Greenbelt. Tres de ellos formaban parte de una comunidad evangélica sin denominación alguna, pero de tipo carismático, llamada Shalom. Conocía a la hermana de su pastor, Chris Rowe, hijo de misioneros en China, que buscaba alcanzar a los jóvenes de Dublín.
En aquella ocasión actuaron sin estar anunciados, con un equipo e instrumentos prestados, después de llamar por teléfono, diciendo que creían que Dios les había dicho que fueran y tocarán. Bono era ya un apasionado “showman”, que sabía dominar el escenario. Cantaron al final, dos canciones de su siguiente disco, “Octubre” (October 1981), despidiéndose con “Con un grito” en “Jerusalén” (With A Shout /Jerusalem)”: “¿A dónde vamos desde aquí? / A la ladera de una colina / donde se derramó sangre / Jerusalén / ¡Grita, fuerte!, ¡grítalo! / Quiero ir al píe del monte de Sion / a los pies de Aquel que me hizo ver / A la ladera de la colina, donde sangre fue derramada / fuimos llenos de amor / y vamos a volver allí”.
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Fe adolescente
En la portada de “Chico” (Boy) y “Guerra” (War 1983) aparecía un niño llamado Peter Rowen, que es hoy fotógrafo. Era hijo de una familia de una Asamblea de Hermanos, vecinos de Bono, donde iba a reuniones de estudio bíblico. El cantante de U2 ha estado siempre muy unido a su hermano mayor, Guggi, que estaba en un grupo llamado Virgin Prunes. Los acompañaba a veces a la Asamblea que había en el centro de la ciudad, hoy un hotel. Juntos, formaban una pandilla de adolescentes que llamaban Lypton Village.
Los últimos discos de U2 vuelven a tener chicos en la cubierta, ahora el hijo del batería Larry Mullen, ya recuperado de una grave operación que le ha mantenido alejado del grupo, un tiempo. Tiene el mismo aspecto adolescente que ha mantenido siempre su padre. Se llama como su admirado Elvis. Larry fue el primero en abandonar la comunidad Shalom, que comparó con una secta como los Moonies. Le siguió Bono, pero el guitarrista, The Edge, estuvo a punto de dejar el grupo, a causa de una profecía que tuvo una mujer de la comunidad, diciendo que habían hecho un ídolo de la música y tenían que elegir a quién seguir. El guitarrista se fue entonces una temporada a Belfast con Andy McCarroll, el músico cristiano que acabó también con su banda, Moral Support. Bono fue a buscar a The Edge y le convenció para que continuara en el grupo, argumentando que, si Dios les había dado un don, era para usarlo. Ahora canta el tema en homenaje al productor Hal Willner en “Easter Lily” (Song For Hal).
Su falta de compromiso con la comunidad coincidió con un giro del movimiento carismático a una dirección cada vez más controladora, a partir de los años 80 en muchos sitios. Su pastor, Chris Rowe, seguía la idea de autoridad espiritual de Watchman Nee, por la que no seguir la guía de los responsables de la comunidad, era rebelarse frente a la voluntad divina. Es entonces cuando Jack Heaslip, el profesor del instituto que llevaba los estudios bíblicos en Mount Temple cuando se convierten, estudia teología y se hace pastor anglicano. Se convierte en el director espiritual del grupo, que llevaban incluso en sus giras. Ahora su hijo ha levantado una iglesia episcopal que estaba cerrada en el centro de Dublin, donde han bautizado a muchos jóvenes.
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El sueño se acabó
“Desperté en el momento / cuando el milagro ocurrió / escuché una canción que tenía algo de sentido”, recuerda Bono en “El milagro” (The Miracle). El rock directo y simple de los Ramones, nacido ahora hace medio siglo, conectó con los sueños y frustraciones adolescentes de los tres miembros de U2 que fueron al concierto de estos supuestos hermanos neoyorquinos en un cine de Dublin en 1978. La primera actuación de estos irlandeses en televisión fue de hecho, una versión de una canción de los Ramones, que el productor creía que habían escrito, ellos.
El “punk” emerge en Inglaterra a mediados de los años 70, como una expresión de rebelión, acompañada de un fuerte mensaje nihilista, frente al idealismo “hippy”. Sus orígenes están en realidad en la pesadilla de violencia y droga que se vive en la ciudad de Nueva York, a principios de esa década, al darse cuenta de que “el sueño ha acabado”. Al presentar estas últimas canciones, Bono menciona el álbum de Patti Smith llamado también “Pascua” (Easter 1978) y la esperanza que le produjo su invocación de la fe cristiana, tras su alejamiento de su estricta educación en los Testigos de Jehová. Patti trajo la poesía al rock que nace en el club de CBGB de Nueva York, donde comienzan los Ramones y Blondie, al inicio del “punk” en la Gran Manzana.
Yo descubrí el “punk” el año en que nació, estando en Londres. Escribí uno de mis primeros artículos sobre ello en una revista que hacía en el colegio. Aunque el movimiento comienza en Nueva York, se asocia siempre con Gran Bretaña. Es su sentido militante el que entusiasma a U2 del concierto de los Clash en el Trinity College de Dublín, como asombra a los que asisten a la gira norteamericana del grupo de Joe Strummer en 1979 –grandes aficionados al “rock” como el autor de “Taxi Driver” con Scorsese, Paul Schrader, dice fue el mejor concierto que ha visto en su vida–. Todavía recuerdo la impresión que me produjo el disco de “London Calling”, cuando lo compré esa Navidad en Londres.
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¿Fe o religíón?
Lo sorprendente es que Bono unía la rabia del punk a la compasión de Jesucristo. Tenía el valor de la denuncia profética bíblica, junto a la visión gloriosa de un futuro de esperanza cristiana. Hasta el día de hoy, todavía no he escuchado un cántico de alabanza contemporánea con la fuerza de “Gloria” –el tema que abre su disco October–, que combina la confesión de impotencia humana con una declaración de exaltación divina –“Gloria in te domine, exultate” – como ahora usan el “Kyrie Eleison” de la liturgia cristiana griega.
Lo increíble es que esto ocurriera en una sociedad como la irlandesa, donde no sólo no existía nada parecido a la llamada “música cristiana contemporánea” de Inglaterra o Estados Unidos, sino que la religión estaba unida al contexto de violencia que refleja la canción “Criado entre lobos” (Raised By Wolves). Ya que Bono no ve su fe en términos de “la religión que ha dividido” su pueblo, dice. Es por eso que no se declara ni católico, ni protestante –su padre era católico y su madre, anglicana, que es la iglesia a la que él iba de pequeño–. La religión es para él, lo que hay, “cuando Dios se ha ido y la gente concibe una serie de reglas para llenar ese vacío”.
En mayo de 1974 una bomba estalla en la calle Talbot de Dublín, donde solía ir Bono a una tienda de discos, pero ese día vuelve a bicicleta en casa, cuando terroristas unionistas asesinan a 34 personas. Un hermano de Guggy y Peter, Andy Rowen, queda encerrado en la furgoneta de su padre y se ve tan afectado por la explosión, que deja su educación en una Asamblea de Hermanos, para introducirse en la espiral de la heroína, inspirando el personaje de ′Bad′ (1984) –el tema que U2 interpretó en el monumental festival de Live Aid–. Hoy está rehabilitado.
U2 se enfrenta al nacionalismo que justificaba esa violencia, así como a la religión que ha abusado de tantos niños en su país, que ha vaciado las iglesias. A una de sus víctimas, le dedica la canción “Duerme como un bebé esta noche” (Sleep Like A Baby Tonight). Es como una nana con sintetizador al estilo de Brian Eno, como la que dedicaron a la muerte de Martin Luther King (MLK) con la producción de Eno, o ahora “COEXIST” (I Will Bless The Lord All Times). Aunque su fe supone también una denuncia del silencio de una iglesia insensible al dolor de otros. ”La esperanza está en la puerta”, que nos permita escapar de esa religión abusiva, “donde no brilla la luz del día, ni hay curación posible”, dice.
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Fuego inolvidable
Como para tantos irlandeses, Estados Unidos no es sólo la explicación del éxito de U2, sino el oasis de libertad que saca a estos jóvenes de la oscura y opresiva Irlanda, para descubrir la luz de California, que evoca la canción del mismo título. La experiencia americana no les hace olvidar, sin embargo, a sus amigos de adolescencia. Hay temas dedicados a Guggi y Gavin Friday de Virgin Prunes, que vivían cerca de su casa en Cedarwood Road, que da título a otro de sus temas.
No falta tampoco la admirada invocación a la paciente/sufriente esposa de Bono, Ali, en ′Canción para Alguien” (Song For Someone). Novios desde el instituto, se casaron en la Iglesia de Irlanda –como se llama allí, la iglesia anglicana–, en una ceremonia dirigida por su antiguo profesor, Heaslip –que llegó a ser pastor episcopal–, donde predicó el pastor que tuvieron en la comunidad de Shalom, Chris Rowe. Heaslip fue uno de sus guías espirituales hasta su muerte, junto con el escritor evangélico Steve Turner, que ha escrito el libro de la película “Rattle & Hum” y ha proporcionado muchas lecturas a Bono.
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Una de sus recientes canciones la dedica a su madre, “Iris”, muerta cuando Bono tenía sólo 14 años. Como perdí también a mi madre, tempranamente, yo siempre he entendido ese sentido de orfandad que inspira ya canciones de sus discos “Zooropa” (Lemon 1993) o “Pop” (Mofo 1997). En “Iris” decía que aunque su madre le había dejado, le había hecho alguien y la luz de su estrella todavía vive en él. Aquella madre le llevaba a la pequeña capilla de la Iglesia de Irlanda (anglicana) con su hermano, todos los domingos –mientras su padre iba a misa en la parroquia que había algo más arriba, en el barrio de Finglas, al norte de Dublín–.
Ella pone la semilla de fe, que dio su fruto en la adolescencia. Esa “fe no fingida” que Pablo dice que había en Timoteo, al habitar primero en su abuela y en su madre (2 Ti. 1:5), es la que encendió un “fuego”, que debe seguir “avivando” (v. 6). Es ese “don de Dios”, que Bono ha recibido, que espero produzca un “fuego inolvidable”.
“Y estoy a un largo camino
de tu monte del Calvario,
de donde estaba y donde necesito estar.
Si hay una luz
que no siempre puedes ver,
¡no dejes que se apague!”
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